La reacción de los mercados
mundiales de valores ha sido de un optimismo moderado tras la publicación de los
positivos resultados de las pruebas de resistencia del pasado 23 de julio.
Por Vlad Grinquévich - RIA Novosti
La
mayoría de las bolsas europeas han registrado una subida en las acciones de los
bancos. Sin embargo, algunos analistas piensan que en breve las cañas pueden
convertirse en lanzas, ya que estas pruebas han sido superadas con demasiada
facilidad, y las necesidades de capital adicional que han mostrado los bancos
han resultado demasiado modestas.
Los organismos responsables de la auditoría (la Comisión Europea, el Banco
Central Europeo y el Comité Europeo de Supervisores Bancarios) no han ocultado
que las citadas pruebas de tensión estaban orientadas a restaurar la confianza
de los inversores en el sistema bancario europeo y a comprobar la salud
financiera de los bancos del sistema europeo y su grado de dependencia del apoyo
gubernamental.
Se analizaron 91entidades bancarias (el 65% de la banca europea) con el objetivo
de comprobar si soportarían otra recesión y un descenso en el valor de sus
activos. Según el guión de las pruebas de tensión, en total, los bancos no
deberían superar los 566 mil millones € de pérdidas. Se consideraba que si el
volumen total de fondos propios (Tier 1) en un escenario de crisis era de más
del 6% con respecto al valor de las acciones y los demás activos, el banco
habría pasado el examen.
Según la estimación realizada, tan sólo siete bancos europeos no han superado
las pruebas: el banco alemán Hypo Real Estate, el griego ATEBank y cinco cajas
de ahorro españolas: Unnim, Diada, Espiga, Banca Civica y Cajasur. Estas
entidades en conjunto enfrentan un déficit de capital de 3.500 millones de
euros.
Por lo visto, los organizadores de las pruebas han quedado satisfechos, ya que
los resultados muestran una resistencia del sistema bancario ante un hipotético
deterioro de las condiciones macroeconómicas y financieras y, además, sirven
para restablecer la credibilidad y la confianza en los mercados financieros.
Los resultados son esperanzadores, sobre todo en comparación con EEUU.
Recordemos que el año pasado Washington realizó unos exámenes similares que
pusieron al descubierto que diez grandes entidades bancarias nacionales
necesitaban en su conjunto unos US$75 mil millones adicionales de capital.
No obstante, como se ha mencionado, la credibilidad de los resultados está en
entredicho. Las pruebas no han sido demasiado estrictas y, por ejemplo, no se
analizaron los efectos que tendría sobre los balances bancarios un colapso
financiero en algún país, eventualidad, por otra parte factible, como muestra la
historia pasada y reciente.
El informe del banco de inversiones estadounidense Goldman Sachs, elaborado a
partir de una encuesta realizada entre unos 400 potenciales inversores, destaca
una falta de capital en la banca europea de más de 30.000 millones de euros.
Los resultados de las citadas pruebas de resistencia han vuelto a sacar a la luz
las principales contradicciones del proyecto de la UE, y sobre todo la
contraposición entre los intereses políticos y económicos. Es evidente que, hoy
por hoy, la Unión Europea es una entidad política. Los burócratas europeos han
decidido que es necesario consolidar y fortalecer a la mayoría de los países
europeos para evitar una repetición de los condicionantes de la Primera y la
Segunda guerras mundiales.
Los Estados de la Europa del Este con economías débiles también fueron
integrados en la UE por razones políticas. Hoy en día, resulta evidente que la
adhesión a la UE de países sin unos mínimos niveles económicos ha dado origen a
serios problemas financieros.
Al estallar la crisis de la deuda soberana en la UE, algunos expertos, incluidos
George Soros, reconocido especulador financiero, y Nouriel Rubini, profesor de
Economía en la Universidad de Nueva York, vaticinaban una posible desintegración
de la UE. Según su opinión, sería necesario y oportuno diseñar mecanismos para
ofrecer una puerta de salida de la zona euro a los países morosos o a los países
con una economía saneada y una política estable.
Esta solución no les pareció conveniente a los funcionarios europeos, ni tampoco
al sistema financiero mundial que necesita de una alternativa clara a la moneda
estadounidense. Por esta razón, el pasado mayo se tomó la decisión de impedir la
desintegración de la UE.
A juzgar por todo, las pruebas de tensión efectuadas y sus resultados positivos
son un mecanismo político más, destinado a estabilizar la Eurozona. Sin embargo,
desde el punto de vista económico, los resultados de las pruebas realizadas
también se pueden ver desde el prisma de que la crisis financiera global todavía
no ha sido superada.
Las pruebas de resistencia del sistema bancario europeo son también muy
importantes para Rusia. Antes de la crisis, la economía rusa dependía en gran
medida de la exportación de materias primas y sus derivados, además de unos
créditos baratos que permetían crecer rápidamente a los sectores financiero, de
construcción y comercio minorista, entre otros.
La crisis obstruyó el acceso a los créditos y llevó a muchas empresas al borde
de la insolvencia. Los sectores que dependían en gran medida de los préstamos,
pudieron sobrevivir sólo gracias al apoyo gubernamental. No obstante, es poco
probable que el Estado siga financiando sin más a las ramas que hace un par de
años eran consideradas locomotoras de la economía rusa.
Además, la falta de credibilidad en las pruebas de los bancos europeos por parte
de inversores puede impedir el acceso a los créditos baratos para las compañías
rusas durante un período todavía indeterminado.