El economista dice que esas
iniciativas son para tiempos normales y que ahora se necesita estímulo.
La Vanguardia
Poner
al presidente del Bundesbank, Axel Weber, al frente del Banco Central Europeo,
supondría “un riesgo para el euro”, dice el Premio Nobel de Economía Paul
Krugman. Weber, que es el candidato de la jefa de Gobierno Angela Merkel para
sustituir a Jean Claude Trichet en la institución, “se opuso hasta a la compra
moderada de bonos públicos por parte del BCE y se preocupa por la inflación
cuando no la hay”, dice el afamado economista.
“Preferiría un titular del BCE que concediera más importancia al peligro
deflacionario provocado por una larga recesión”, explica Krugman. “Weber es un
riesgo para la suerte del euro . El peligro de que ocurra un efecto dominó desde
Grecia pasando por España y Portugal hasta Italia, es mucho mayor cuando al
frente del Banco hay un presidente tan conservador. Sería un desastre para
todos”, señaló el economista al diario económico alemán Handelsblatt .
La pérdida de imagen europeísta del gobierno de Merkel hizo pensar a algunos
observadores alemanes que la candidatura de Weber a presidir el BCE podría
tropezar con dificultades.
Krugman dice que la política de austeridad auspiciada por Alemania “es una mala
idea”. La “cultura de la estabilidad” presupuestaria alemana vale para tiempos
normales, no para los actuales, cuando, como dice el presidente Barack Obama,
los países con superávit comercial deben contribuir al crecimiento con inversión
pública y dinamizando el consumo interno.
“Si los alemanes van a gastar 80.000 millones de euros menos”, dice Krugman por
el paquete de austeridad anunciado por Merkel, “los países vecinos lo notarán”.
“La línea hacia la consolidación de Alemania no presiona únicamente la coyuntura
alemana, sino que frena el crecimiento de los demás países, por eso los europeos
deben coordinar entre ellos su política económica”, explica.
“Además, la política de austeridad europea nos complica la vida a los
norteamericanos”, dice, lo que, en caso de que se llegue a una paridad entre
dólar y euro, haría imaginable un escenario de sanciones contra Alemania.
En tal caso, “los europeos se asombrarían de las exigencias que les llegarían
desde el Congreso de EE.UU.”, concluyó Krugman.
La administración de Obama teme que una caída del euro combinada con una
reducción del consumo, como consecuencia de las políticas de austeridad
europeas, perjudique intereses económicos de Estados Unidos y complique aún más
la estabilidad global.
La carta de Obama, que avisa de que la polémica central del próximo G-20 en
Toronto será esta cuestión y no el impuesto a las transacciones financieras que
Merkel impulsa sin gran convicción, a sabiendas de que no se impondrá en
Toronto, ha sido recibida con frialdad y poco eco mediático en Alemania.
El Ministro de Economía, Rainer Brüderle, ya ha dicho que, “Alemania sólo puede
regresar a la cima internacional con un presupuesto saneado”, mientras que el
vocero de la política económica de la CDU, Joachim Pfeiffer, ha calificado la
carta de “sin sentido económico”.