Aumenta los impuestos, en especial el IVA. Y congela los salarios de los
empleados públicos. Pero también desmonta el Estado benefactor reduciendo las
ayudas en vivienda, desempleo y discapacidad. Habrá un gravamen contra la banca.
Por Maria Laura Avignolo - Clarín, Argentina
La
coalición conservadora liberal demócrata británica presentó un presupuesto de
emergencia con los mayores recortes desde la Segunda Guerra Mundial, en su
intento por bajar un déficit público gigantesco sin afectar el crecimiento.
Una ecuación muy difícil, que la oposición acusa de “meramente ideológica “y que
va a costar miles de puestos de trabajo”, además de “poner en peligro la frágil
recuperación económica”, en un país que sale recién de la recesión.
El responsable de las finanzas, George Osborne, dio examen en la Cámara de los
Comunes repleta, en un ejercicio delicado y cuando tiene cuestionada su
experiencia económica para decidir estos dramáticos recortes. Sus anuncios no
necesariamente serán populares. Aunque Osborne cree que su presupuesto “es duro
pero justo”.
Subirá el IVA del 17,5 al 20 por ciento, lo que excluye a la vestimenta para los
chicos y los alimentos de primera necesidad. Incrementará el impuesto al
patrimonio del 17,5 al 20 por ciento y congelará los salarios del sector público
durante dos años. Un aumento del 18 al 28 por ciento de los impuestos al
rendimiento de capital se puso en acción inmediata.
Osborne calificó como “inevitable” a su duro anuncio, que incluye alza de
impuestos y horrendos ahorros en el Estado de bienestar, como el dinero
destinado para alojar a familias de escasos recursos o créditos infantiles que
hasta ahora recibían todas las familias con hijos. Los recortes en el sector
público alcanzan 25%. El ajuste retirará de la economía unos 50.000 millones de
euros para tratar de reducir un déficit que alcanza este año los 180.000
millones de euros, equivalentes a 11,5% del PBI.
La novedad del presupuesto fue una tasa a pagar por los bancos, que desataron la
crisis y forzaron a los contribuyentes a correr a su ayuda a través del estado
británico. Esta tasa sobre los activos de las instituciones bancarias y
financieras, busca recaudar 2.200 millones de euros anuales. Probablemente ésta
haya sido una de las medidas que más entusiasmó a la clase media, que será muy
castigada por este presupuesto.
Gran Bretaña bregará internacionalmente para que este impuesto sea aplicado al
menos por todos los miembros del G-20.
El famoso estado de bienestar británico, que surgió para compensar los
sufrimientos de la posguerra, fue hecho trizas por Osborne. Redujo las ayudas en
la vivienda, el desempleo y la discapacidad. Los que reciban ayudas del Estado
deben probar su discapacidad según una revisación médica.
El aumento del IVA va a afectar a los menos privilegiados en la escala social
británica, pero tendrá un enorme impacto porque proyectan recaudar con su
aumento 15.500 millones de euros.
Con el primer ministro David Cameron y el vicepremier liberal demócrata Nick
Clegg en la primera fila del parlamento, Osborne anunció que su objetivo es
achicar el déficit de 180.000 millones de euros a cero en 2015. La misión parece
imposible. La intención es reducir las expensas en 25% en el NHS (el servicio de
salud) y en la ayuda al desarrollo.
La reducción afectará el funcionamiento de los hospitales, en un país donde se
espera al menos 18 días para ver un médico especialista y meses para una
operación importante. Para compensar las malas noticias, no aumentarán los
impuestos al alcohol, tabaco y gasolina.
Los laboristas atacaron el presupuesto. Harriet Harman, la líder laborista
interina, dijo que el programa afectará a los menos privilegiados y pone en
peligro la recuperación económica.
“Este presupuesto está motivado por ideología y no por la economía” denunció.
Para la dirigente opositora, este plan afectará el crecimiento económico y
dejará a “miles de personas” sin trabajo. En su discurso en la cámara, cuestionó
que el aumento del IVA fuera inevitable e insistió en que así se aumenta la
injusticia.
Desmintió también que la actual situación en Gran Bretaña pudiera ser comparada
con la de Grecia.
Después apuntó a los liberales demócratas y los acusó de romper sus promesas
electorales. “Estos son los mismos viejos Tories pegándole fuerte a los que
menos tienen y rompiendo sus promesas”, dijo Harman.
“Cada uno va a pagar algo”, pero la gente en el
fondo de la escala de salarios va a pagar proporcionalmente menos que la que
está arriba. Éste es un presupuesto progresista”, se defendió Osborne.
No es eso lo que cree la oposición laborista. Los detalles de cómo se
distribuirán esos recortes se conocerán el próximo 22 de octubre cuando lo
vuelva a anunciar en el Parlamento.