“Los países enfrentados a serios
desafíos fiscales necesitan acelerar el ritmo de consolidación”; y se añade:
“Saludamos los recientes anuncios de algunos países en el sentido de reducir
sus déficits en 2010 y robustecer su marco y sus instituciones fiscales”
Por Paul Krugman (*) - krugman.blogs.
nytimes.com
Esas
palabras contrastan vivamente con el anterior comunicado del G20 de fines de
abril, que llamaba a mantener el apoyo fiscal “hasta que la recuperación esté
firmemente impulsada por el sector privado y se haya llegado a echar más
raíces”.
Es de todo punto increíble que eso ocurra con un desempleo todavía al alza en la
eurozona, y con sólo unos débiles indicios de progresos en el mercado de trabajo
estadounidense.
¿No necesitamos preocuparnos por la deuda pública? Sí; pero abandonar el gasto
público cuando la economía está todavía profundamente deprimida es, además de
extremadamente costoso, una forma bastante ineficaz de reducir la deuda futura.
Costoso, porque deprime más a la economía; ineficaz, porque, deprimiendo a la
economía, la contracción fiscal resultante reducirá la recaudación impositiva.
Una estimación aproximada ahora mismo es que recortar el gasto en un 1% del PIB
incrementa la tasa de desempleo en un 0,75% (en comparación con lo que ocurriría
de otro modo) y, sin embargo, reduce la deuda futura en menos de un 0,5% del
PIB.
Lo manifiestamente correcto es hacer cosas que reduzcan el gasto y/o incrementen
el ingreso luego de que la economía se haya recuperado, y en particular, esperar
a que la economía sea lo bastante fuerte como para que la política monetaria
pueda compensar los efectos contractivos de la austeridad fiscal. Pero no: los
halcones del déficit quieren sus recortes mientras las tasas de desempleo se
hallan todavía a niveles récord y la política monetaria aún se halla en apuros
frente a aumentos de precios rayanos en el cero.
Pero ¿qué hay de Grecia y todo eso? Fíjense, los problemas de deuda soberana los
padecen países que se enfrentan a un problema muy específico: forman parte de la
zona euro, Y están sobrevalorados gracias a los enormes flujos de entrada de
capitales que experimentaron en los buenos tiempos; resultado de lo cual es que
ahora experimentan años de terrible deflación. Los países que no se hallan en
esa situación no se enfrentan a ninguna presión de los mercados para proceder a
recortes inmediatos; esta misma mañana, los bonos a 10 años rendían un 3,51 en
Gran Bretaña, un 3,21 en los EEUU y un 1,27 en Japón.
Sin embargo, la sabiduría ahora convencional dice que esos países deben, a pesar
de todo, proceder a recortes: no porque los mercados lo estén exigiendo, no
porque eso vaya a tener algún impacto apreciable en las perspectivas fiscales a
largo plazo, sino porque piensan que, aun si no deberían hacerlo, los mercados
podrían llegar a exigirlo en el futuro.
Una locura manifiesta que adopta la pose de la sabiduría. Increíble.
(*)Paul Krugman es profesor de economía en Princeton. Fue Premio Nobel de en 2008.