sí,
al británico The Daily Telegraph le asusta que la "nueva arma letal rusa"
se pueda ocultar en un contenedor de embarque tradicional de 40 pies
"capacitando a cualquier barco mercante para destruir un portaaviones".
"Es una idea bastante novedosa, la de ocultar un lanzador de misiles dentro
de un contenedor y luego transportarlo de forma clandestina a cualquier
parte.
En un abrir y cerrar de ojos, el Club-K
permite lanzar un ataque de precisión y a gran distancia desde embarcaciones
convencionales que pueden desplazarse inadvertidas a cualquier parte del mundo",
indica Robert Hewson, director de la guía especializada Jane's Air-Launched
Weapons.
Pero lo que más les quita el sueño a los británicos, es que, una vez en las
manos de los regímenes como el venezolano o iraní, el Club-K sea capaz de
aumentar sustancialmente su capacidad defensiva frente a una eventual
agresión de Estados Unidos y sus aliados.
Por su parte, Israel está preocupado
por si los contenedores con misiles dentro lleguen vía Siria a las manos de los
terroristas de Hezbollah.
Pero, ¿es el Club-K realmente tan peligroso como lo pintan? Está diseñado para
ser instalado en las embarcaciones civiles movilizadas para repeler un posible
ataque enemigo.
Ante una eventual agresión, un país
costero dispondrá de una pequeña flota, provista de tales sistemas, para
hacer frente a un grupo naval del posible agresor.
Es un arma defensiva muy eficaz y además económica, cuyo precio ronda los US$15
millones, bastante menos que el de una fragata o corbeta, buques que
tradicionalmente cumplen la misión de defender las costas.
Para países con recursos limitados que tienen un litoral extenso, se trata de
una buena alternativa al material caro que exporta Europa Occidental.
En otras palabras, las fragatas
españolas, los submarinos alemanes, los misiles franceses o los helicópteros
italianos podrían ver bastante reducido su mercado actual.
Cuando un cliente tan importante como Emiratos Árabes Unidos se interesó por la
nueva arma rusa, la prensa londinense entró en pánico.