n la poco publicitada conferencia de Teherán, el prominente legislador Kazem
Jalali declaró al rotativo Tehran Times que el objetivo de la
conferencia era "revivir el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares
(TNP)". Según Kazem Jalali, Irán desea anunciar categóricamente al mundo que
"no persigue dotarse de armas nucleares", lo cual “contraviene la fatwa
(mandato islámico chiíta)” del supremo líder Jamenei.
En el lapso de 12 días, desde Washington hasta Teherán, los presidentes Obama
y Ahmadinejad buscan con diferentes estilos llegar con el máximo de fortaleza
argumentativa a la crucial conferencia de revisión quinquenal del TNP que tendrá
lugar durante 26 largos días en la sede de la ONU en Nueva York (del 3 al 28 de
mayo).
Rusia y China acudieron tanto a la cumbre de Obama (con la presencia notable
de los presidentes Medvediev y Hu Jintao) como a la análoga de Ahmadinejad (con
la presencia de sus viceministros del Exterior).
Destaca el conspicuo "puenteo" de Rusia, que con Estados Unidos detenta
95 por ciento de las armas nucleares del planeta, y cuyo vicecanciller Sergey
Ryabkov expuso la relevante postura de su país en la conferencia de Teherán.
Sergey Ryabkov colocó en su justa dimensión la conferencia de revisión
quinquenal del TNP, "ampliamente considerado como la piedra de toque de la
seguridad internacional", el cual depende de la coyuntura del "clima
político".
El vicecanciller ruso no ocultó la creciente crítica de "algunos estados"
contra el TNP, quienes "creen que los países desarrollados están obligados a
compartir las tecnologías nucleares pacíficas, pero que por diferentes motivos
no lo hacen".
Este es un viejo estribillo de mucho antes de que la teocracia iraní
impulsara la crítica sobre el anómalo apartheid tecnológico del que,
desde su génesis, ha pecado en forma discriminativa el TNP entre quienes "
tienen" y quienes "no tienen" armas nucleares.
Sergey Ryabkov no acudió a Teherán a pelearse, sino a mantener, a nuestro
juicio, una postura conciliadora de "puenteo" para "preservar la
integridad del TNP".
El vicecanciller ruso comentó haberse percatado del cada vez "más intenso
prospecto para la eliminación integral y completa de las armas nucleares".
El zeitgeist ("el espíritu de los tiempos") posmoderno tiende a
la desnuclearización y Ryabkov realiza la contabilidad de "un creciente número
de iniciativas de desarme", como la iniciativa Hoover y Cero Global, así como
el surgimiento del Foro Luxemburgo y la Comisión Evans-Kawaguchi.
No pasaron inadvertidos los ramilletes de flores que regaló generosamente el
vicecanciller ruso al alabar las posturas tanto de Gran Bretaña –que ha expuesto
un plan de gran envergadura para el desarme nuclear de largo plazo– como de
China, a quien calificó de muy "vocal en su apoyo a una convención para la
prohibición de armas nucleares apadrinada por la ONU". También India y
Pakistán contaron con su cuota de ramilletes rusos.
Para Rusia, de acuerdo con la visión del presidente Medvediev, "el objetivo
noble de un mundo sin armas nucleares" debe ser realizado en forma "
gradual, en un proceso paso a paso de desarme general y completo con la
participación de todos los estados" y en el que la revisión del TNP juega un
papel preponderante.
Excesivamente diplomático, quizá por la delicadeza del tema, el vicecanciller
tocó con tersura exquisita temas controvertidos como el despliegue misilístico y
la "colocación de armas en la estratosfera" (de parte de Estados Unidos, a
quien no cita), ya no se diga la obstaculización en el Senado estadunidense (que
tampoco cita) del Tratado de Abolición Total de Pruebas Nucleares (CTBT, por sus
siglas en inglés).
Recordó la "propuesta rusa" de "guardar todas las armas nucleares
dentro de los territorios de los estados detentadores de armas nucleares", en
obscena alusión a Estados Unidos (que tampoco cita), quien, de acuerdo con
nuestros datos, las tiene desparramadas en el planeta entero desde Alemania
hasta Japón, pese a la súplica de ambos para su inconfortable retiro.
Debido a la sensible sede de la conferencia, un punto nodal que evocó el
diplomático ruso se centró en "la necesidad de reforzar el régimen de no
proliferación en el Medio Oriente".
A su juicio, "una zona libre de todas las armas de destrucción masiva y sus
medios de lanzamiento en el Medio Oriente no pueden ser establecida de un día
para otro y se encuentra íntimamente relacionada al progreso eventual (sic) en
el proceso del paz del Medio Oriente", en el que Rusia juega un papel
determinante en el llamado "cuarteto" (con Estados Unidos, la Unión Europea
y la ONU).
Recordó que la resolución de la revisión quinquenal de 1995 del TNP comportó
"recomendaciones muy específicas": ratificación del CTBT "por todos (sic)
los estados del Medio Oriente, su abstención en desarrollar elementos sensitivos
del ciclo de combustible nuclear y colocación de todas (sic) las plantas
nucleares de la región bajo las salvaguardas integrales de la Agencia
Internacional de Energía Atómica". Aquí la alusión es doble, tanto para
Israel como para Irán (a quienes tampoco cita).
Comentó que los países de la Unión Europea "han expresado su actitud
positiva" a las propuestas de Rusia. Pero recalcó que tampoco Rusia desea ser
más papista que el Papa, por lo que reconoció que su labor es meramente "
facilitadora", ya que "los países mismos del Medio Oriente deben ser los
más interesados en establecer una zona libre para todas las armas de destrucción
masiva y sus medios de lanzamiento en la región". Muy buen punto.
Cabe recordar que el léxico de la ONU engloba como "armas de destrucción
masiva" a las armas nucleares, biológicas y químicas, lo cual ha sido
expandido por otras entidades a armas radiológicas y hasta las "convencionales"
de alta letalidad.
A nuestro juicio, un primer paso asépticamente saludable consiste en
erradicar todas las armas nucleares del Medio Oriente sin excepción.
Si en alguna región de la Vía Láctea urge abolir todas las armas de
destrucción masiva es precisamente en el Medio Oriente, sin excepciones
teológicas, y que incluya tanto a Irán –por cierto, signatario del TNP y, hasta
ahora, carente de bombas nucleares– como a Israel: país clandestino dotado de
200 a 600 armas nucleares y que en forma desafiante se arroga el derecho
unilateral paleobíblico de no firmar el TNP.