El presidente de la Comisión
Europea apuesta por préstamos bilaterales, de estado a estado, que la Comisión
se encargaría de coordinar.
IAR
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EFE
La
Comisión Europea ha puesto la máxima presión sobre el gobierno de la canciller
alemana, Angela Merkel, para que consienta una solución europea a la grave
crisis financiera de Grecia, que se acerca ya a su paroxismo. En una declaración
ante los medios, el presidente del Ejecutivo de la UE, José Manuel Durão
Barroso, ha urgido a todos los líderes de la zona euro a tomar cuanto antes una
decisión sobre la creación de un mecanismo de ayuda bilateral que permita
aliviar la crítica situación presupuestaria de Grecia.
El Ejecutivo comunitario tiene listo
el esquema, basado en los trabajos que durante semanas han llevado a cabo las
instituciones europeas y los ministros de Finanzas de la Eurozona. La opción
elegida consiste en préstamos bilaterales, de estado a estado, que la Comisión
se encargaría de coordinar. Si bien es cierto que el tratado no prevé nada
parecido, tampoco lo prohíbe, aseguran los expertos de la CE.
A las puertas del fin de semana,
Barroso ha sorprendido a los medios de comunicación con una declaración en la
que urge a todos los líderes a dar prueba de voluntad política cuanto antes, en
un momento clave para el futuro de Europa y de su unión monetaria. "No podemos
seguir prolongando la situación actual", ha afirmado después de una semana
repleta de declaraciones contradictorias de unos y otros.
Los jefes de estado o gobierno de la
UE tienen previsto reunirse el jueves y viernes próximos en Bruselas para hablar
casi exclusivamente de economía, y tratar de ponerse de acuerdo sobre los
objetivos de la futura estrategia de crecimiento en Europa. No tendría ningún
sentido que los Veintisiete debatieran el plan de relanzamiento económico a
medio y largo plazo, y volvieran a esquivar la cuestión griega, que amenaza con
desestabilizar al euro, auténtico corazón de la UE.
El destinatario principal del mensaje es Alemania, la economía más poderosa, la
más virtuosa en cuanto al rigor presupuestario y la más reticente a poner dinero
sobre la mesa. En Bruselas nadie duda del europeísmo de la canciller alemana y
se comprende su resistencia, por razones casi constitucionales, a mostrar
indulgencia con un país como Grecia que ha vivido por encima de sus
posibilidades, ha violado las normas de disciplina europeas y ha falseado
reiteradamente sus estadísticas de déficit.
Pero ha llegado el momento de
decidir, enfatiza Barroso, y de cumplir la segunda parte de lo pactado el 11 de
febrero, cuando los gobernantes de la eurozona instaron al primer ministro
griego, Yorgos Papandréu, a acometer un doloroso plan de ajuste, cosa que ha
hecho, a cambio de no dejar caer al Estado heleno en bancarrota.
Barroso ha respaldado la
argumentación de Papandréu, quien ha explicado esta semana en Bruselas que su
gobierno no quiere el dinero de sus socios, sino tan sólo el anuncio de que
podrá recurrir a una financiación europea más barata, si se ve obligado a ello.
Este anuncio ayudaría a cortar la
especulación contra los bonos del Estado griego y abarataría el precio de la
refinanciación de la deuda en el mercado. Según fuentes comunitarias, un
mecanismo europeo basado en préstamos bilaterales podría cubrir las necesidades
de Grecia que se evalúan en unos 22.000 millones de euros, sin necesidad de
recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI).
Aunque no ha trascendido ningún detalle, el tipo de interés al que los gobiernos
europeos podrían prestar a Grecia estaría en cualquier caso por debajo del
prohibitivo 6% que le están imponiendo últimamente los inversores. La
declaración de Barroso deja claro que el instrumento en el que trabaja Bruselas
"sería compatible" con la cláusula del Tratado que prohíbe el rescate puro y
simple de un estado de la Eurozona por parte de los demás. Además, incluiría,
una "estricta condicionalidad".
Las instituciones europeas, en
particular la Comisión, se encargarían de vigilar que el estado beneficiario
cumpliera las condiciones ligadas al préstamo. Barroso no quiso precisar qué
estados aportarían capital ni cuál sería la clave de reparto para los
contribuyentes. No ha descartado, sin embargo, que el FMI pudiera contribuir. Lo
importante no es quién pone el dinero, sino quién gobierna el instrumento.
"Nuestro objetivo es (crear) un
instrumento diseñado dentro de la zona euro, con condiciones y gestión
establecidas por la zona euro y sus instituciones", ha dejado claro el
presidente del Ejecutivo comunitario.