El bloque acordó la modalidad
de un rescate, que aplicaría "si fuera necesario".
Por Idafe Martín - Clarín, Argentina
La
Unión Europea salvará al soldado griego, pero sólo si estima que su caída
dañaría al conjunto de la Eurozona, si los mercados financieros "no reaccionan
de forma adecuada" y si Grecia, con sus propios medios, no es capaz de salir su
caótica situación financiera actual. Así lo acordaron ayer los ministros de
Finanzas de la Eurozona, reunidos en Bruselas.
Los griegos deberán entonces apretarse más el cinturón y recortar gastos a pesar
del descontento social, porque sus socios del euro están determinados a
aplicarle una durísima dieta económica antes de enchufarle el gotero para evitar
que se desangre.
Grecia acumula un déficit público del 12,7% que la UE le obliga a reducir al
8,7% este mismo año y al 3% antes de finales de 2012.
A cambio, intentaron tranquilizar a los griegos y a los tiburones financieros
internacionales que están haciendo sangre y ganando una fortuna especulando con
un default de Grecia.
Así, aseguraron haber logrado un acuerdo sobre cómo se haría ese rescate
financiero, pero ni lo explicaron ni lo cuantificaron. Su jefe, Jean-Claude
Juncker, dijo que el mecanismo se pondrá en marcha rápidamente "si fuera
necesario. Hemos clarificado las modalidades técnicas que nos permitirán tomar
una acción coordinada y que podrá ser activado si tal necesidad -salvar a Grecia
del default- se presentara".
Juncker repitió que Atenas "no ha pedido ayuda financiera", a pesar de que desde
hace semanas se negocia entre Bruselas y varias capitales -con Berlín y París al
frente- cómo salvar a Grecia sin incumplir los tratados europeos, que prohíben
que un país o la UE en su conjunto se haga cargo de la deuda de otro Estado
miembro.
La única clarificación salió ayer de boca del ministro holandés de Finanzas, Jan
Kees De Jager, quien explicó que la Eurozona podría acordar créditos bilaterales
a Atenas a cambio de que Grecia cumpliera una serie de condiciones, al estilo
del FMI, de lo más original.
Atenas había asegurado el domingo que no quería plata, "sino apoyo político".
Grecia busca que ese apoyo se traduzca en garantías europeas a las emisiones de
bonos griegos, porque debe refinanciar este año 53.000 millones de euros de los
300.000 millones de deuda que acumula.
Con avales de las economías más fuertes de la Eurozona, Grecia podría vender sus
bonos en los mercados internacionales a tasas de interés más bajas que las
actuales. Pero Juncker desestimó ayer esta opción, por lo que cobra fuerza un
sistema de préstamos bilaterales coordinados por la Comisión Europea.
Además, Juncker dijo que la decisión final corresponderá a los jefes de
gobierno. La próxima cumbre europea será en Bruselas la próxima semana. Hasta
entonces, Grecia deberá demostrar austeridad. Porque aunque la Comisión Europea
se muestra partidaria de buscar la forma de resolver la crisis, Alemania sigue
siendo reticente a dar un solo euro.
La crisis griega ya empieza a tener efectos secundarios. Alemania y Francia, que
suman casi el 50% del PBI de la Eurozona, empiezan a tirarse los trastos a la
cabeza. La ministra francesa de Economía, Cristine Lagarde, dijo al Financial
Times que la política económica alemana produce desequilibrios en la zona euro.
El superávit comercial alemán, su control de costos salariales y su tendencia a
fomentar la exportación y controlar la demanda interna "no es sostenible a largo
plazo" para la Eurozona, según Lagarde.