Las enormes deudas y problemas
financieros de Grecia han trastornado a la UE hasta tal punto, que es posible
que se plantée la creación de un Fondo Monetario Europeo (FME).
Por Andrei Fediashin - RIA Novosti
Tal
medida podría impedir que se vuelvan a repetir este tipo de situaciones. Un
fondo europeo a imagen y semejanza del Fondo Monetario Internacional (FMI) que
sirva para prestar apoyo a los países en apuros económicos de la UE es una
opción muy atractiva que se está valorando muy seriamente. De forma que si
Bruselas, o más bien Berlin y París, acaban por decidirse y toman las medidas
pertinentes para su creación, la actual tragedia griega habrá tenido un efecto
positivo.
Durante su gira de principios de marzo por Berlín, París y Washington, el primer
ministro griego, el socialista Jorgos Papandreu, volvió a percibir el mal karma
que le acompaña tanto a él, como a su país.
La crisis actual que sufren tanto Papandreu como Grecia se gestó en el pasado
con la administración del anterior gobierno de centroderecha, cuando se
maquillaron las cifras del déficit público, al rebajarlas ostensiblemente para
adecuarlas a las exigencias de la UE , y las de deuda pública del país (que eran
de unos 300.000 millones de euros, representando un 112% del PIB).
El gobierno de Papandreu se encontró con la tarea de tener que amargar el
presente al pueblo griego, al adoptar medidas drásticas contra la crisis. La
subida de los impuestos y los recortes salariales ya han sumergido al país en
una ola de revueltas sociales y protestas. El futuro se presenta incierto.
El principal motivo de las visitas de Papandreu a Francia, Alemania y EEUU ha
sido el intento desesperado de encontrar la luz al final del túnel de la crisis.
El primer ministro griego insistió en todas sus reuniones que la búsqueda de
ayuda financiera no era el principal objetivo de su visita, cosa que despertaba
inquietud y alarma en sus interlocutores.
Y es que los griegos siempre han tenido fama de ventajistas en Europa, pero
ahora su reputación ha empeorado tanto que las palabras deuda y déficit, además
del hecho de la falsificación de los datos estadísticos, manejos varios y
desinformación, han provocado una clara antipatía hacia Grecia.
Papandreou eligió un mal momento para llegar al poder en octubre del año pasado.
Por eso el mensaje para Atenas ha sido casi unánime: somos solidarios y estamos
dispuestos a ayudar, pero solamente cuando la situación se ponga muy mal para
todos. Sin embargo, no se especifica el significado de muy mal y de todos.
Hoy por hoy, la Europa adulta, Francia y Alemania, las principales locomotoras
de la economía de la UE, se encuentra ante una difícil disyuntiva, ante dos
posibles reacciones en cadena: a) pagar la deuda griega y esperar a que otros
morosos, en primer lugar, España, Portugal e Irlanda, llamen a su puerta. b) no
pagar la deuda y dejar a Grecia entrar en bancarrota y esperar a que los otros
lo hagan también.
Ninguna alternativa es buena. La primera refuerza el instinto de parasitismo y
la segunda dinamita al euro. Existe también una tercera vía de dejar a Grecia la
posibilidad de obtener un préstamo del FMI y esperar a que el gobierno griego
consiga apaciguar las protestas en el país (los sindicatos griegos volvieron a
convocar una huelga general para el 11 de marzo).
También se podría dejar salir a Grecia de la zona euro, lo que permitiría
reducir la deuda mediante la devaluación del dracma.
Habrá que sopesar con cuidado la opción que tenga menos consecuencias negativas
para el euro.
Es evidente que la zona euro sin Grecia sobrevivirá, pero sufrirá algún que otro
desequilibrio. En el horizonte asiático ya se vislumbran grandes tormentas
económicas, y Europa no ganará en resistencia, ni en flotación, con la salida de
Grecia del club de euro.
Por otro lado, apartar a Grecia del organismo económico de la Eurozona podría
ser una acción útil y aleccionadora, al menos temporalmente. En el conjunto de
los 27 Estados que conforman la Unión Europea, 16 países utilizan el euro, a
excepción de Dinamarca, Reino Unido, Suecia, los países del Báltico y los
antiguos países socialistas.
El euro es la moneda oficial también en el Vaticano, Mónaco, Andorra, Kosovo,
Montenegro. En total, alrededor de 350 millones de personas utilizan el euro y
un 75% del PIB de la UE corresponde a la eurozona.
Además, no hay que olvidar un pequeño detalle, en realidad no es la UE la que va
a salvar a Grecia, sino Alemania, hoy por hoy el único país capaz de inyectar
los fondos suficientes en el fondo de rescate del país helénico.
Alemania, que tiene la capacidad económica más grande de Europa, puede no estar
dispuesta a dejar que los griegos se aprovechen de ella sin más. Los alemanes
temen que sosteniendo a Grecia, se vean abocados a hacer lo mismo con todos los
demás países de la cuenca mediterránea que no han hecho los deberes.
En cualquier caso, la postura alemana tampoco es irreprochable. Durante la
crisis griega, el euro cayó un 10% con respecto al dólar estadounidense, lo que
resultó favorable para las exportaciones alemanas y francesas.
Si se lee entre líneas, sería muy rentable para Europa prolongar un poco más
esta depreciación del euro, así las locomotoras exportadoras germana y gala
podrán coger impulso suficiente y funcionar a pleno rendimiento, incrementando
la demanda interior e propiciando el crecimiento de la economía en toda Europa.
Los alemanes son meticulosos y están incitando a los griegos a crear una especie
de gobierno económico, aunque nadie tenga del todo claro a qué se refieren. Se
supone que Alemania plantea un gobierno capaz de ordenar y gestionar la
contabilidad y los datos estadísticos de forma correcta y eficiente. Pero como
los principales deudores son los países del sur (Grecia, España, Portugal,
Italia) es poco probable que Alemania consiga inculcarles esa pasión por el
orden que lleva en la sangre. Nadie lo ha conseguido en la historia.
En una entrevista al periódico alemán Welt am Sonntag el ministro alemán de
Finanzas, Wolfgang Shauble, anunció por primera vez la posibilidad de crear un
instrumento de ayuda financiera, similar al FMI, y dijo que presentaría los
detalles en breve.
Según varias fuentes, este plan en general se discutirá durante la reunión de
titulares de Finanzas de la eurozona y de la UE, a celebrarse a mediados de este
mes de marzo. Sin embargo, los diplomáticos de los países comunitarios están
seguros de que, incluso en el caso de que se apruebe esta iniciativa en los
próximos días (extremo poco probable), la creación de tal fondo llevará tanto
tiempo que los griegos ya no lo necesitarán.
Una de las posibilidades para salvar Grecia, adelantada últimamente en Alemania,
aparece con grandes titulares en el tabloide alemán Bild. El periódico transmite
la idea de un alto cargo de la Unión Demócrata Cristiana, liderada por la
canciller alemana Ángela Merkel, que se resume en las siguientes frases: ¡Vended
vuestras islas, insolventes griegos! ¡Y también la Acrópolis!
Pero es dudoso que Grecia considere oportuna esta idea.