La advertencia es inédita y
está dirigida a Grecia y a otras economías en crisis.
Por Idafe Martin - Clarín, Argentna
Así
Alemania quiere imponer su rigor económica a sus socios de la Eurozona para
reparar la credibilidad del euro dañada por la crisis financiera y los problemas
que sufren varios miembros, empezando por Grecia. Y planea hacerlo a través de
una política de palo y mano dura.
El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, pidió ayer que, en casos
extremos, el Eurogrupo -órgano que reúne a los ministros de Finanzas de la zona
euro- pueda decidir la expulsión de uno de sus miembros "si un Estado no es
capaz de recuperar la capacidad de competencia de su economía ni sanear sus
presupuestos públicos". El expulsado debería abandonar la Unión Monetaria pero
"podría continuar siendo miembro de la Unión Europea".
Las palabras de Schäuble amenazando a las economías más débiles son inéditas y
muestran el enojo alemán a países que, como Grecia, España o Portugal, tienen
problemas para recortar sus déficits públicos y ponen en entredicho la
credibilidad y estabilidad de toda la Eurozona.
Esta propuesta llevaría a la modificación de las normas europeas, que
actualmente no permiten la expulsión de un país de la zona euro. El ministro
alemán, en un artículo para el Financial Times Deutschland dijo que "un Estado
que no controle sus finanzas no puede decidir sobre las finanzas de otros
miembros del Eurogrupo" -es decir, no puede ser miembro del Eurogrupo- así que
"se debe suspender el derecho a voto de un país miembro no cooperativo".
Hasta ahora, para controlar el cumplimiento de los criterios del "pacto de
estabilidad y crecimiento" -menos de 3% de déficit público y menos de 60% de
deuda pública, criterios que ahora mismo apenas nadie cumple en la UE- la
Comisión Europea abre procedimientos de infracción que deben ser refrendados por
los ministros de Finanzas de los 27.
Pero Alemania no es precisamente el alumno modelo que pretende ser. En 2004,
Berlín y París consiguieron parar las sanciones que les correspondían cuando
ambos superaron con crecer el límite del 3% de déficit público.
Schäuble también pidió más integración económica entre los 16 países de la
Eurozona y detalló los contornos de un futuro Fondo Monetario Europeo (FME), que
debería servir como salvavidas para la moneda común.
"Si queremos un euro fuerte -añade el ministro- y estable de forma duradera,
tenemos que estar preparados para integrar más la zona euro, la coordinación
debe ser reforzada y los países deben intervenir más en las decisiones de los
demás". En el modelo de FME que vislumbra Alemania, el Eurogrupo decidiría
conjuntamente con el Banco Central Europeo sobre las ayudas acordadas y el país
en cuestión no participaría en las decisiones sobre su caso, que le serían
impuestas. La ayuda podría estar unida incluso a sanciones y sólo se entregarían
cuando estuviera en riesgo la estabilidad financiera del conjunto de la Eurozona.
"Se aplicarían y ejecutarían multas contra el país miembro inmediatamente
después de aplicado el programa de ayuda y tras un tiempo de carencia", añade
Schäuble, que considera que así se reforzaría la confianza de los mercados y se
evitaría que un país del euro acudiera al FMI. Su idea es que esos rescates no
sean automáticos y el Eurogrupo se guarde la posibilidad de dejar caer en el
default a una economía para fomentar la responsabilidad.
Ayer también se supo que, aunque lo nieguen oficialmente, Alemania y Francia
preparan un plan de rescate para la economía griega por valor de 55.000 millones
de euros. Según informó el diario austríaco Der Kurier -y pudo confirmar Clarín
en fuentes de la Comisión Europea- Alemania pondría 20.000 millones de euros,
Francia 10.000 y el resto sería aportado por otros países de la UE según su peso
relativo en las finanzas del BCE.