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La pesadilla de Alemania con la crisis de la eurozona

 
 

(IAR Noticias) 12-Marzo-2010

Desde que se fundara la República Federal, Alemania ha tenido dos objetivos estratégicos fundamentales: finanzas sólidas e integración europea. Ambos eran los imperativos aprendidos de las calamidades del siglo XX. El euro es la encarnación de estos objetivos, que ahora parecen incompatibles.

Por Martin Wolf - The Financial Times

¿Cuál sería entonces la respuesta adecuada, acudir al rescate de los infractores, fortaleciendo la cohesión de la eurozona, pero poniendo en peligro la estabilidad monetaria o permitir la quiebra de aquellos reforzando la credibilidad monetaria pero debilitando la cohesión? Alemania fue capaz de evitar esta tesitura antes de la adopción de la moneda única: los países menos competitivos sencillamente se devaluaban.

El debate interno que hay en Alemania asume, erróneamente, que la respuesta está en que todos los miembros adopten su modelo. Pero Alemania sólo es el país que es, una economía con disciplina fiscal, débil demanda interna y un enorme excedente de exportaciones, porque los demás miembros de la eurozona no se le parecen.

Su actual modelo económico vulnera el principio de universalidad del mayor filósofo alemán, Emmanuel Kant. Es fácil llegar a la conclusión de que un país está inmerso en una crisis por culpa de sus descuidos en el caso de Grecia.

Según el último informe sobre las perspectivas económicas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, el año pasado, la deuda pública bruta del país fue del 115% del PIB, el déficit gubernamental alcanzó el 12,7% del PIB y el déficit por cuenta corriente se situó en el 11,1%.

Éste, por tanto, sería el clásico ejemplo de intervención del FMI. El organismo ofrecería liquidez de forma temporal a cambio de un mayor rigor fiscal. Sin embargo, el Ejecutivo alemán rechaza la idea de que un organismo externo dicte la política de un país de la zona euro.

Como alternativa propone la creación de un Fondo Monetario Europeo que proporcione liquidez con condiciones. Bajo la dirección de otros miembros de la zona euro, el FME diseñaría la política fiscal del país al que ha destinado su ayuda.

El Gobierno alemán también insiste en la imposición de penalizaciones. Entre las propuestas están: la suspensión de los subsidios de la UE, los llamados “fondos de cohesión”, a países que no cumplan con la disciplina fiscal, la suspensión de los derechos de voto en las reuniones ministeriales e incluso la exclusión de la eurozona.

La idea que ha despertado menos polémica es la imposición de penalizaciones, que ya contemplaba el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE. No obstante, para la creación del FME sería necesario un nuevo tratado, al igual que para la exclusión de las instituciones de la eurozona (aunque el país afectado siguiera utilizando el euro). No obstante, hasta ahora no ha servido de mucho penalizar a los países con dificultades fiscales. Además, ahora mismo, habría que sancionar a casi todos los miembros. Un grave error es pensar que la mayor amenaza es la falta de disciplina fiscal. Grecia es un caso excepcional.

Sus actuales excesos fiscales no son resultado de su indisciplina monetaria, sino de la falta de disciplina privada. Sin embargo, esta última es un elemento inherente al funcionamiento de la propia eurozona. La actual situación tiene su origen en la situación económica de la zona euro antes de la crisis, con un nivel razonable de demanda global. La explicación se entiende mejor comparando los balances financieros de los miembros de la eurozona en 2006, antes de la crisis, y en 2009, en su peor momento.

El balance entre ingresos y gastos en los sectores público y privado debe sumar cero. En 2006, Alemania, Holanda y Austria registraron enormes excedentes privados con respecto al PIB, frente a los cuantiosos déficit de los sectores privados de Portugal, Irlanda, Grecia y España. Las posiciones fiscales se mantuvieron bajo control en todos los países: Irlanda y España llegaron incluso a tener excedentes fiscales importantes, aunque ilusorios.

Mientras, los excedentes privados de Alemania y Holanda compensaron las cuantiosas salidas de capital. En conjunto, hay ciertos desequilibrios del sector privado, aunque una aparente estabilidad fiscal, en países que cumplen los criterios del déficit fiscal establecidos en el Tratado.

Después llegó la crisis y, con ella, el recorte de gastos de los sectores privados. En 2009, estos registraban enormes excedentes en casi todos los países de la eurozona: ¡ahora todos son alemanes! ¿Dónde está el contrapeso? En los déficit fiscales. El panorama de Irlanda y España es desolador. A corto plazo, es imposible cambiar los balances externos de la noche a la mañana, sobre todo cuando la demanda interna de los países excedentarios es tan débil.

Ahora Alemania insiste en que todos los países eliminen su exceso de déficit fiscal cuanto antes. Sin embargo, eso sólo sería posible si los balances por cuenta corriente o los balances privados sufrieran un deterioro. Para que un balance privado vaya a menos, tendría que producirse un aumento del gasto privado financiado con deuda. En el caso de los balances por cuenta corriente, hay dos opciones: primera, deben sufrir un deterioro en el resto de la eurozona para que países como Alemania reduzcan sus excedentes privados. Segunda, el balance general de la zona euro debe acercarse al excedente, una política proteccionista.

En la práctica, el resultado más probable consecuencia de los recortes fiscales sería una crisis en los países con grandes déficit externos y fiscales. Dada la falta de competitividad de países con esos déficit externos y la debilidad de la demanda en el resto de la eurozona, esas crisis podrían prolongarse durante mucho tiempo. La cuestión es si las poblaciones de estos países soportarían una situación de estas características. De no hacerlo, surgirán crisis políticas de consecuencias impredecibles.

Pongamos las cosas claras: El sector privado de Alemania y sus excedentes por cuenta corriente hacen que a sus vecinos les resulte imposible eliminar sus déficit fiscales, a menos que estén dispuestos a asumir una larga crisis. El problema podría solventarse si la eurozona se desplazara hacia el excedente externo. Me pregunto qué explicación les daría a sus socios mundiales.

También podría resolverse con una política monetaria expansionista del BCE que estimulara el gasto público en los países con excedente y aumentara la inflación de Alemania muy por encima de la media de la eurozona. Alemania está atrapada en su propia concepción. Quiere que sus vecinos se le parezcan lo más posible, algo tremendamente difícil, dado que no se puede extender su deficiente demanda interna a todo el mundo.

Como habría dicho Hegel, otro gran filósofo alemán, la tesis alemana necesita una antítesis en España. Ahora que la burbuja del sector privado ha estallado, asistimos a un caos fiscal de la eurozona. Paradójicamente, Alemania tendría que renunciar a parte de su idiosincrasia para que la eurozona pudiera acercarse a su modelo.

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