La crisis financiera retorna
con mayor fuerza y se traducirá por una crisis económica todavía más profunda
que la de 2009. Se combina con una crisis profunda de la construcción europea
que ha demostrado... su inexistencia. La Tribune del viernes 12 de febrero
resume bien la situación: "Europa se tambalea". El apoyo a Grecia, primera
víctima de los mercados financieros, ha sido solamente –tienen sentido del
humor– "política". Totalmente insuficiente para dar una señal positiva del fin
de la especulación.
Por Nicolas Benies (*) - www.gauche-unitaire.fr
La
calma ha durado poco. Actualmente se centra en los títulos emitidos por los
Estados, títulos de préstamo, para financiar su déficit y las medidas de apoyo.
(1) De momento son los PIIGS – Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España – los
que están siendo escrutados por los mercados financieros. Hay que decir que la
mayoría de estos países, empezando por Grecia, están todavía en plena recesión.
A este país también se le "castiga" por haber "trapicheado" con sus estadísticas
escondiendo el montante real –término absolutamente inadecuado, puesto que las
contabilidades nacionales no pueden dar más que un resultado aproximado por
falta de conocimiento de los libros contables –de sus déficits. El nuevo
gobierno de centro izquierda de Papandreou ha decidido, al igual que los demás
países de la UE y especialmente los de la zona euro, una política de austeridad
reforzada abordando el gasto público. Puesto que no es posible aumentar los
ingresos, la única solución que queda –a pesar de la crisis económica y social–
es disminuir los gastos. La política fiscal no cambia. Continua favorable a las
empresas y a los más ricos. No se abre ningún debate democrático sobre esta
política...
Sin embargo el país hasta ahora más en peligro, Grecia, no tiene una situación
económica muy desfasada con los otros países de la zona euro. Sus déficits
públicos se estiman en un 12,7% respecto al PIB –alrededor de un 8% en Francia–
y su deuda alcanza el 113% de este mismo PIB. No alcanza los récords de Japón
que roza el 200% de deuda pública con respecto al PIB.
El objetivo de los mercados no es solo Grecia sino el conjunto de la
construcción europea y especialmente de la moneda única. El descenso del euro es
el indicador de la pérdida de confianza de los mercados. Ello podría ser una
"buena noticia" para las empresas europeas. El descenso del euro podría permitir
a Alemania –el país dominante de la zona– tener una ventaja competitiva en los
mercados extranjeros frente al dólar y a las mercancías americanas. En la
situación actual este descenso debe considerarse como la primera crisis del
euro.
Dos ausencias
La primera es la no-respuesta a la crisis financiera. Los gobiernos no han
querido volver a reglamentar los mercados financieros para evitar estas
"réplicas" del terremoto de agosto del 2007. Han proliferado las declaraciones
sobre la necesidad de "moralizar" los mercados financieros –dixit todavía
Nicolas Sarkozy en Davos hace poco– sin tomar ninguna decisión política. Obama
habla de separar bancos comerciales y bancos de inversión –la vuelta al orden de
antes de la desregulación de los años 80– sin disponer de los medios políticos
para hacer adoptar estas decisiones. En consecuencia, ¡los mercados funcionan
como antes de la crisis!
La segunda concierne a la misma construcción europea. Poner en marcha una moneda
única sin haber construido un gobierno, sin haber definido las estructuras para
llevar a cabo políticas económicas comunes y discutidas en común es un
disparate. El BCE, responsable de la política monetaria, no puede garantizar la
legitimidad política de esta moneda. En la crisis sistémica actual, la crisis
del euro no podía sino manifestarse. (Ver el "Pequeño manual de la crisis
financiera y de las demás", Syllepse). Es pues una crisis de la construcción
europea en torno a la libertad de los mercados. El tratado de Lisboa ha caducado
incluso antes de haberse aplicado. El gobierno alemán pide, desde luego, una
discusión sobre los tratados. Estos impiden a los demás países de la zona ayudar
a un país presa de la especulación. Una imbecilidad que demuestra la absurdidad
de esta construcción y del tratado de Maastrich así como del pacto de
estabilidad. Sabemos que el BCE es una institución que no es ni democrática ni
legítima. Las declaraciones de Jean-Claude Trichet están todas cortadas sobre el
mimo patrón, hacer disminuir los déficits para diminuir el peso de la deuda
llevando a cabo políticas drásticas de rigor.
Todos los países de la UE son objeto de diatribas de este tipo, marcadas con el
sello del más puro liberalismo. Precisamente cuando esta ideología está
sufriendo, bajo el golpe de esta crisis sistémica, una crisis de legitimidad
fundamental. (2) Los gobiernos hacen caso omiso. Sin embargo cada vez se alzan
más voces –inclusive Le Monde Economie de fecha 9 de febrero 2010, bajo el
título evocador y algo cursi "¿Hay que salvar al soldado griego?"– para subrayar
el contrasentido de una política de disminución de los gastos del Estado en el
contexto de una crisis económica y social. Querer disminuir los gastos del
Estado, desestructurar la protección social (3), es un disparate económico. El
resultado es conocido. Será una caída más importante del mercado final
–especialmente el de los consumidores, que habían impulsado el crecimiento estos
últimos años– y una depresión. Esta está planificada. Al mismo tiempo, las
desestructuraciones de los convenios colectivos se traducirán en conflictos
sociales, un retroceso de la relación de fuerzas para los asalariados y del
conjunto del progreso social. Aprendices de brujo que no ven el peligro a medio
plazo de una política que únicamente responde a imperativos de corto plazo.
Especulación sobre los Estados
Los mercados financieros apuestan por la subida de los tipos de interés de los
empréstitos griegos y, muy pronto, de los demás países de la zona euro. Y ganan.
¿Quién especula? Los bancos, fortalecidos con la liquidez adquirida a bajo
precio vía los bajos tipos de interés de los bancos centrales y de los préstamos
de los gobiernos. ¿Qué hacer con esta liquidez? ¿Prestar a las familias y a las
empresas? En absoluto. Las primeras están superendeudadas, las segundas podrían
tener pérdidas, como indican los resultados de las empresas automovilísticas y
las dificultades de las PIMES y las muy pequeñas empresas. Lógicamente pues, las
deudas crediticias han disminuido en 2009. En buena lógica financiera, los
bancos –al igual que los demás actores del mercado financiero, empezando por los
"hedge funds" (4) que quieren recuperarse después del tsunami financiero– ven en
la especulación un medio de aumentar sus beneficios. Especular con el "riesgo
soberano", cuyo objeto son los países, es un buen negocio.
¿Como especular? Haciendo subir el precio de los productos de seguro, en este
caso los CDS, «credit defaut swaps». La subida de estos productos financieros
que se supone deben cubrir los riesgos de pago de los Estados, provocan una baja
de la confianza de los operadores. El escenario es simple. Si los CDS suben, el
riesgo de impago se considera más importante, automáticamente suben los tipos de
interés de los nuevos préstamos tomados por el Estado griego –de momento–
provocando un aumento de sus déficits, lo que se traduce en un aumento de su
deuda… La espiral descendente se pone en marcha. Los mercados financieros exigen
una política de austeridad todavía más drástica. Las agencias de notación –que
todos los gobiernos han puesto en entredicho– continúan su trabajo degradando la
notación de Grecia, así como de los demás países del Sur de Europa. ¿Cuándo le
tocará a Francia?
Crisis del euro
La zona euro está completamente desintegrada. Los tipos de interés en alza en
una parte de la zona euro amenazan a toda la zona. El BCE debería responder
lógicamente a esta crisis aumentando sus tipos de interés –¿tipo básico y tipo
de descuento?–. Si lo hiciera podría tener un efecto negativo sobre el
crecimiento de Alemania... que no lo aceptará. Como tampoco quiere pagar por los
países más pobres. Podría salir de la zona euro para protegerse. O proponer
–como ha hecho Angela Merkel en la cumbre europea del jueves 11 de febrero–
«instrumentos de presión contra los países laxistas», es decir reforzar su
dominación política.
La crisis del euro muestra toda la lógica destructiva de la construcción
europea. Querer a toda costa construir el mercado único –Acta única de 1986–
luego, sin evaluación, pasar a la moneda única en base a criterios únicamente
financieros, en 1993, demuestra su imposibilidad. Las únicas políticas llevadas
a cabo se inscriben también en este marco teórico cuyo fracaso es patente. La
ideología liberal en crisis provoca una crisis de legitimidad global de las
políticas impuestas. Las encuestas lo indican, una mayoría de franceses
contestan la política de Sarkozy. Sería hora de construir un programa de
izquierdas que incluyera la lucha contra la crisis sistémica haciendo propuestas
para la salida de la lógica de la valorización del capital para la defensa y
ampliación de todos los derechos colectivos.
Notas:
(1) Hay que hablar, especialmente, de apoyo a los banqueros y no de
«relanzamiento». Las medidas tomadas por los Estados han permitido limitar la
recesión, en ningún caso relanzar la economía. El débil crecimiento actual lo
demuestra, tanto en Francia como en Alemania o Estados Unidos.
(2) Ha quedado de manifiesto, inclusive en el forum de Davos, que reúne a los
poderosos del mundo capitalista desarrollado. Han propuesto regular los bancos a
nivel internacional sin decir cómo…
(3) El debate sobre las pensiones forma parte de estas políticas de otra época,
del pasado. Hay que insistir, estas políticas son anticuadas. Como ha puesto de
relieve una artista china, hay que trabajar menos para ganar más… (4) Sociedades
únicamente financieras cuyo capital está constituido por títulos o
participaciones en otros fondos –de pensión o de inversión. También se habla de
«fondos de fondos»…
(*)Nicolas Benies es un economista de la Gauche-unitaire francesa
Traducción para www.sinpermiso.info: Anna Maria Garriga