La decisión de EEUU de emplazar
su sistema de misiles interceptores en Rumania ha suscitado una gran polémica
durante las últimas semanas.
Por Ilia Krámnik - RIA Novosti
¿Podría
esta medida de la administración de Barack Obama, dentro del marco de la nueva
estrategia estadounidense de extender a Europa su programa nacional de defensa
antimisil (DAM), afectar a los intereses de Rusia?
La primera respuesta de Moscú ha sido previsible: se le han exigido
explicaciones detalladas a EEUU con respecto a la composición exacta de la DAM
que se tiene pensado desplegar en Rumania. La intención de EEUU de emplazar una
flotilla de buques de la clase AEGIS dotados con misiles SM-3 en el mar Negro
también atrajo la atención de Moscú.
El primer vicepresidente del Gobierno ruso, Serguei Ivanov, quién asistió a la
Conferencia Internacional de Seguridad celebrada en Múnich, recordó que Rumania
había firmado el Tratado de Montreux (Suiza) de 1936. Este Convenio impone
restricciones sobre la presencia naval de países no ribereños en el mar Negro.
Cabe mencionar que la reacción de Moscú al posible emplazamiento del escudo
antimisiles estadounidense en Rumania fue más moderada de la que, hace tiempo,
tuvo lugar en respuesta a la iniciativa de EEUU de desplegar misiles
interceptores GBI en Polonia y de un radar en la República Checa. Es
comprensible, ya que los sistemas de misiles interceptores SM-3 (block-I o block
II) no representan una amenaza a las Fuerzas Nucleares Estratégicas rusas, y lo
mismo reza para la base polaca, equipada con estos mismos misiles.
Esta base, cuya instalación se prevé finalizar hacia el 2015, está destinada a
defender los países de la Europa Central y del Este contra posibles ataques de
misiles lanzados desde Irán. Los SM-3 podrían abatir los misiles iraníes de
mediano alcance (Shahab-4 y Shahab-5, con alcance de hasta 2.800 y 4.300
kilómetros, respectivamente) en la fase final de su vuelo o en la mitad de la
trayectoria.
La DAM estadounidense en Europa, constituida por los misiles SM-3 con base en
tierra y mar, no representa una amenaza para las fuerzas nucleares de Rusia.
Como ya se ha mencionado, los SM-3 emplazados en Polonia y Rumania, o en
cruceros de los mares Negro y Báltico no tienen la suficiente capacidad para
interceptar misiles balísticos intercontinentales rusos.
A Rusia le preocupan otras cuestiones colaterales: en primer lugar, con esta
decisión Barack Obama va a alterar el equilibrio de fuerzas en Europa, y lo va a
hacer sin consultarlo con Moscú; y, además, la configuración de la DAM en Europa
no está definida, ni tan siquiera congelada, aunque EEUU haya dejado de un lado
sus planes de desplegar los misiles interceptores GBI en Polonia y el radar en
la República Checa. Muy al contrario, Washington se empeña en desplegar un
escudo antimisiles en el Sur de Europa y en Turquía. Si embargo, esta opción es
aceptable para Rusia, según anunció, ya en 2007, Yuri Baluievski, a la sazón el
Jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Rusia.
Paradójicamente y a pesar de todos estos plantes, el futuro de la DAM
estadounidense en Europa es incierto, y esta incertidumbre amenaza con complicar
las relaciones entre Rusia y EEUU. Incluso todo el proyecto podría llegar a ser
congelado indefinidamente. En todo caso, se prevén dos opciones de evolución de
los acontecimientos.
La primera es la anti-iraní, que supondría emplazar bases y radares en el sur de
Europa y en Turquía. Estas plataformas estarían equipadas con misiles SM-3,
destinados a interceptar misiles de alcance medio.
La segunda opción es la anti-rusa, en la que el centro de gravedad se
desplazaría hacia Polonia, en donde se instalarían misiles GBI más avanzados y
capaces de abatir misiles intercontinentales.
Estas dos opciones son muy diferentes y EEUU tendrá que sopesar bien sus
prioridades a la hora de elegir una de ellas y, de todas formas, siempre está la
probabilidad de que los planes vuelvan a cambiar por una u otra razón.
Así las cosas, la firma del nuevo tratado sobre reducción de armas estratégicas
ofensivas es prioritaria para ambas partes. Rusia insiste en que este documento
incorpore restricciones sobre el despliege de la DAM.
Si se logra llegar a un acuerdo, podríamos constatar que EEUU está dispuesto a
buscar fórmulas de compromiso con Rusia para mantener un equilibrio estratégico
de fuerzas. En caso contrario, Moscú deberá estar preparado para afrontar nuevos
cambios bruscos en los planes de Washington.