El nuevo tratado de reducción de armas estratégicas (START)
podría estar listo el próximo 27 de febrero, según informaciones de fuentes en
Ginebra. Rusia y EEUU llevan negociando desde mayo del 2009 una reducción de la
cantidad de sus misiles y cabezas nucleares.
Por Andrei Fediashin - RIA Novosti
El anterior tratado START-1, firmado por Rusia y EEUU en 1991
de forma bilateral, expiró el pasado 5 de diciembre y, según parece, las
negociaciones retomadas en la capital suiza el pasado 1 de febrero, ya están en
su recta final, con los últimos retoques técnicos y terminológicos del borrador
de un acuerdo que ya está casi listo. En todo caso, ambas delegaciones, la rusa
y la estadounidense, ya han hecho público que el documento está cotejado y
acordado en un 95-97%.
Las cifras ya se conocen: EEUU y Rusia han convenido en
reducir las ojivas nucleares y dejarlas en unas 1.500-1.675 unidades, y los
misiles entre 500 y 1.000 unidades para cada país. Estos números pueden cambiar,
por ejemplo, con el aumento de los misiles a cambio de reducir las ojivas. En
todo caso, el límite estipulado por el tratado permitirá a cada una de las
partes "proyectar su poderío bélico y tener un sólido factor de disuasión",
utilizando terminología del Pentágono. Asimismo, las dos partes también han
definido los mecanismos de comprobación y verificación de sus arsenales
nucleares y también han extendido las normas de cómputo global a las ojivas
nucleares retiradas del servicio operativo, almacenadas ante todo en EEUU.
Desgraciadamente, después de "alumbrar" al nuevo tratado se
requiere de mucho tiempo para articularlo, darle vida, y ahora no es el mejor de
los momentos para hacerlo. Entre la firma de este documento y su ratificación
por el senado hay muchos senadores republicanos enojados por la política
exterior de su gobierno, que exigirán importantes concesiones a su presidente,
Barack Obama a cambio de su transacción nuclear con Moscú. Otro obstáculo en el
camino de ratificación serán las elecciones intermedias para el Congreso de EEUU
que se celebrarán el próximo noviembre, y donde cambiará la composición de toda
la Cámara baja y una tercera parte del Senado.
Según la constitución estadounidense, el Senado debe
ratificar todos los tratados internacionales suscritos por EEUU para que estos
tengan validez. Esta vez, Obama tendrá que utilizar argumentos sólidos para
convencer a los senadores republicanos a aprobar el nuevo tratado START,
argumentos mucho más sólidos que su mera elocuencia.
El Tratado se dará por ratificado en el Senado si obtiene al
menos los dos tercios de votos (67). Los demócratas ya sólo disponen de 59 votos
en la cámara alta (incluidos dos diputados independientes) y los republicanos
disponen de 41 votos. Es evidente que, a día de hoy, el sector demócrata no
tiene peso suficiente, pero tendrá todavía menos tras las elecciones de
noviembre. Los estadounidenses tienen por costumbre elegir un "contrapeso"
republicano al presidente demócrata o viceversa, cuando se da el caso.
Actualmente, muchos votantes están descontentos con la
política económica y social en EEUU, por eso es muy probable que los
republicanos obtengan más mandatos en el senado en el próximo noviembre. Quizás
carezcan de mayoría absoluta, pero su número seguramente crecerá. En teoría, el
tratado START podría frenar este crecimiento si es considerado como un éxito de
Obama, pero...
Una vez llegado al poder, Obama se comprometió a hacer
mucho, demasiado quizás: el acercamiento en las relaciones con Rusia, un mundo
sin armas atómicas, incluyendo la resolución de problemas nucleares en Irán y
Corea del Norte, el proceso paz en Oriente Medio, etc. En este momento, sería
crucial alcanzar por lo menos un éxito en el ámbito de la política
internacional, máxime cuando todavía no han cristalizado ninguno de sus
compromisos anteriormente mencionados. El tratado START podría ser su primer
hito.
El tratado START está incluido en la lista de los proyectos
prioritarios del presidente estadounidense, con una anotación - "mayo", aunque
la administración de EEUU afirma oficialmente que no ha establecido ningún
plazo respecto a la firma de este tratado. Sin embargo, quiere asociar a este
mes la firma de este importante documento, un mayo en el que se celebrarán
muchos eventos importantes, entre los cuales estarán la Conferencia de las
Naciones Unidas para la Revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear
suscrito en 1968, y que se convoca cada diez años. Israel, India, Pakistán y
Corea del Norte, que no adhirieron a este Tratado, pasaron, como ya se sabe, a
ser potencias nucleares en un grado u otro.
Un fracaso de las mayores potencias nucleares en las
negociaciones de reducción de sus arsenales nucleares serviría de justificante
para que las otras naciones con capacidad atómica siguieran desarrollando sus
programas sin freno alguno. En este caso, el Tratado de No Proliferación Nuclear
se convertiría en papel mojado.
Obama necesita que el nuevo tratado sea ratificado antes de
noviembre para llegar al Congreso con resultados concretos y frenar la afluencia
de efectivos republicanos. Estos, por el contrario, no tienen ningún interés en
que el mandatario estadounidense se presente como el gran pacificador mundial
antes de los comicios.
La Casa Blanca ya pudo complacer a los senadores republicanos
al publicar el presupuesto de defensa para 2011 y la última edición de la
Revisión Estratégica de la Defensa (Quadrennial Defense Review), un documento
que se publica cada cuatro años, donde la Secretaría de Defensa de EEUU
desarrolla la estrategia del Departamento de Defensa para los próximos años. Si
el Comité del Premio Nobel de la Paz hubiera estado al corriente del presupuesto
de defensa y del programa militar estadounidenses, Obama, probablemente, nunca
habría obtenido este Premio.
A pesar de las promesas del presidente de eliminar gastos
innecesarios del presupuesto, el presupuesto de defensa se incrementará en un
3,4%, hasta una cifra oficial récord de 708.000 millones $ (las cifras reales,
con todos los pagos disimulados y gastos redistribuidos, alcanzarían unos
900.000 millones). Esta sideral suma supera los gastos de defensa de las quinces
mayores potencias militares del mundo, incluidos Rusia y China.
Los recursos destinados a cubrir las necesidades del
Departamento de Energía estadounidense, responsable del mantenimiento,
desarrollo y ensayos de las armas nucleares, se incrementarán un 13,4%, es
decir, en 11.200 millones de dólares.
Al leer la última Revisión Estratégica de la Defensa (cuya
publicación fue iniciada por el Congreso de EEUU a mediados de los 1990 para
hacerse una idea del programa militar de la administración para los próximos
cuatro años) salta a la vista que los Estados Unidos cambian su estrategia de
librar guerras a gran escala por una reorientación hacia los conflictos
"regionales". Según esta publicación, se está readecuando al ejército para
participar en conflictos múltiples en cualquier región del mundo, iniciando la
modernización e incrementando el número de vehículos para transportar las
tropas. La lucha contra los terrorismos informático y nuclear se convierte en
prioritaria, así como la protección de sus bases militares y sus efectivos en el
extranjero.
No obstante, esto tampoco significa que EEUU haya renunciado
a implicarse en guerras a gran escala si resulta necesario. La Revisión
Estratégica de la Defensa tan sólo cambia énfasis, de táctica, como anunció el
propio Secretario de Defensa, Robert Gates.
La nueva estrategia y el nuevo presupuesto de defensa
gustaron a los republicanos. Quizás esto facilite la ratificación del nuevo
tratado START o, quizás, no.