La multiplicación de ataques
con aviones sin piloto en Irak o en las zonas tribales de Pakistán obliga a Al
Qaeda a constantes modificaciones tácticas pero, al parecer, no le impide
continuar con sus operaciones comando, estiman los analistas.
IAR
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/
AFP
El
último de esos ataques, la semana pasada en Pakistán, podría haber acabado con
la vida del dirigente yihadista Husein al Yemeni, uno de los organizadores del
atentado suicida que el 30 de diciembre pasado mató en Afganistán a siete
agentes de la CIA, indicó a la AFP una fuente de los servicios antiterroristas
norteamericanos.
Los ataques de esos aviones teleguiados desde Estados Unidos y artillados con
misiles se han convertido en la pesadilla de los yihadistas escondidos en los
desiertos iraquíes o en las montañas de la zona fronteriza de Pakistán y
Afganistán.
En los últimos 18 meses, una centena de ataques de aviones teleguiados ('drones'),
veinte de ellos desde el comienzo del 2010, mataron en las zonas tribales de
Pakistán a centenas de milicianos islamistas, pero también, según fuentes
militares paquistaníes, a muchos civiles ajenos al conflicto.
Esos ataques "representan la operación más agresiva en la cual haya estado
implicada la CIA en toda su historia", declaró el jueves pasado al diario The
Washington Post el director de la central de inteligencia norteamericana, Leon
Panetta. "Esas operaciones impiden seriamente el funcionamiento de Al Qaeda",
agregó. "Todas nuestras informaciones coinciden: les resulta muy difícil
mantener un sistema de mando. Están en desbandada", insistió el jefe de la CIA.
El interrogatorio de los prisioneros y los sitios yihadistas confirman el temor
que inspira ese enemigo invisible e implacable. "Pueden seguir nuestros
movimientos y tomar fotografías, tanto de día como de noche", advertía
recientemente en un vídeo colgado en la red un miembro de Al Qaeda en Irak.
El periodista norteamericano David Rohde, del diario New York Times, secuestrado
durante siete meses en Afganistán y Pakistán, evocaba recientemente "la
presencia aterradora de los aviones sin piloto". "Son apenas puntos en el cielo,
pero sus misiles tienen kilómetros de alcance. Sabíamos que podíamos ser
sacrificados en cualquier momento", escribió Rohde. "Esos ataques volvían
paranoicos a los talibanes. Creían que una red de soplones guiaba los misiles.
Agrupaban a civiles inocentes acusados de ser espías y los ejecutaban", señaló.
Los aviones teleguiados terminaron con la seguridad en las zonas tribales,
indica por su parte el experto norteamericano Peter Bergen, de la New America
Foundation, que estudia el impacto de la "guerra de aviones sin piloto". "Hay
que ser idiota, si uno es miembro de Al Qaeda, para quedarse a esperar en las
zonas tribales el impacto de un misil Hellfire", dice Bergen. "Ya no son zonas
seguras. Podemos pensar razonablemente que hubo un movimiento de los miembros de
Al Qaeda hacia las grandes ciudades", agrega, recordando que algunos peces
gordos de Al Qaeda fueron capturados últimamente en Karachi, la gran ciudad del
sur de Pakistán.
Pero, más allá de las pérdidas sufridas, los hombres de Al Qaeda demostraron
capacidad de adaptación para enfrentarse a la amenaza. En dos años y medio, los
talibanes de Pakistán, que proclamaron su fidelidad a Al Qaeda, cometieron más
de 360 atentados que mataron a más de 3.100 personas en todo el país.
"La campaña de los aviones teleguiados mató una cantidad importante de jefes y
soldados yihadistas", afirmaron Peter Bergen y Katherine Tiedermann en el
informe 'El año de los aviones sin piloto', publicado el 24 de febrero pasado,
pero "esas pérdidas ha sido claramente absorbidas".
Michel Moutot / AFP