Puede que los inversores veneren el dinero, pero su amor por el dólar es más
bien voluble. Está claro que durante décadas ha sido la moneda de reserva
preferida gracias al tamaño y competitividad de la economía norteamericana.
Financial
Times
Sin embargo, hace un par de años, se puso en duda su dominio cuando las
supermodelos se negaron a levantarse de la cama por otra cosa que no fueran
euros. Después llegó la crisis crediticia y los inversores huyeron de nuevo
hacia los dólares. Ahora, una vez más, el dólar está sufriendo de nuevo el
rechazo.
A corto plazo, parece que la moneda norteamericana se está vendiendo como un
activo seguro. De hecho, Barclays Capital demuestra este punto analizando la
prima de riesgo que los inversores han demandado para mantener activos en
dólares desde principios de 1999.
Si se analiza el dólar frente al euro, esta prima, o exceso de rentabilidad,
se define como el diferencial del tipo de interés entre Estados Unidos y la zona
euro, siempre que los inversores no diferencien entre dólares y euros. Los
resultados muestran que en tiempos de crisis se necesita una prima más baja para
tener dólares mientras que en periodos de más calma, por ejemplo en torno a
2006, los inversores demandan un exceso de rentabilidad de hasta 100 puntos
básicos.
Esto sugiere un dólar más débil cuando amaine la crisis económica. De hecho,
a medida que ha ido aumentando el optimismo desde que los mercados financieros
se hundieran en marzo, lo mismo ha ocurrido con la caída del dólar ponderado en
un 11 por ciento. Por supuesto, las cosas podrían ir a peor de nuevo. Eso
respaldaría al dólar, aunque su cotización podría resultar agitada dependiendo
de las acciones de la Fed, sobre todo en relación a la impresión del billete
verde.
Sin embargo, a más largo plazo, será una combinación de la política fiscal y
monetaria norteamericana lo que determine el destino del dólar. Normalmente, un
dólar fuerte ha coincidido con unas finanzas gubernamentales relativamente más
sólidas frente a las economías de la eurozona o una política monetaria
relativamente más ajustada, o ambas cosas. Pero, ahí está el problema.
Estados Unidos tendrá tipos bajos y una terrible posición fiscal durante
años. Pero lo mismo ocurrirá en todas partes. Los inversores tendrán que seguir
adorando al dólar durante un poco más de tiempo.