Un grupo cada vez más numeroso de líderes mundiales está instando a China a
que tome en cuenta sus intereses a largo plazo y permita que se aprecie su
divisa, que es mantenida bajo estricto control por el gobierno. Sin embargo, se
están encontrando con la renuencia de unas autoridades que siguen muy
preocupadas por la economía en el corto plazo.
Por Andrew Batson - The Wall Street Journal
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el director gerente del
Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, ambos en Beijing en
viajes separados, les dijeron a las autoridades chinas que ceder a las presiones
del mercado para que el yuan se fortalezca ayudaría en la recuperación de la
economía mundial. No obstante, el presidente chino, Hu Jintao, no anunció ningún
nuevo compromiso en su política monetaria durante la visita de Obama, y otros
funcionarios y economistas chinos siguen defendiendo la política de mantener el
yuan estable frente al dólar.
Las discusiones ponen de relieve cómo el estricto control sobre el yuan
vuelve una vez más a ser el eje del debate acerca de la política económica
mundial, después de haber sido desplazado a un segundo plano durante la crisis
financiera. Aunque Hu, Obama y otros líderes mundiales se han comprometido a
cooperar para sacar a la economía global de su crisis más profunda en una
generación, la coordinación de políticas económicas entre países muy distintos
sigue siendo una tarea difícil. Las altas tasas de desempleo convierten el
comercio con China en un tema político volátil en EE.UU., pero presiones
similares también hacen que sea difícil para China ceder a los pedidos de EE.UU.
para que flexibilice el control sobre su divisa.
Un yuan más fuerte, que haría menos competitivas las exportaciones chinas, es
algo particularmente indeseable para el país asiático en un año en el que sus
exportaciones han caído 20% y muchos fabricantes han cerrado sus puertas.
Por otra parte, la economía de China se ha recuperado más rápido que la
mayoría. Su vinculación a un dólar debilitado —lo que significa que el yuan ha
perdido fuerza frente a otras monedas— está generando quejas por parte de los
competidores europeos y asiáticos de que China disfruta de una ventaja injusta.
Además, a algunos economistas les preocupa que el impulso extra a la economía
dado por un yuan barato, además de enormes estímulos estatales, alimente nuevas
burbujas en los mercados de bienes raíces y bursátil.
"Hay que equilibrar sus necesidades en el corto plazo con las de largo
plazo", dijo Strauss-Kahn. Puede que mantener un yuan bajo ayude a las
exportaciones en el corto plazo, sostuvo, pero también impone otros costos. Por
ejemplo, una moneda subvaluada anima a las empresas a hacer inversiones que
quizás no sean viables una vez que la divisa se valorice. "Si uno tiene los
precios equivocados, toma decisiones equivocadas, sobre todo en inversiones de
largo plazo", dijo.
"Tras acumular una serie de ventajas de una moneda infravalorada, ahora es
tiempo de que China mire más hacia adelante a las inversiones y la estabilidad a
largo plazo", aseveró Strauss-Kahn. Una moneda más fuerte también aumentaría el
poder adquisitivo de los hogares chinos, dijo, lo que apoyaría los esfuerzos del
gobierno por lograr un crecimiento económico menos dependiente de las
exportaciones.
Los funcionarios chinos con frecuencia se defienden alegando que grandes
oscilaciones en el tipo de cambio pueden perjudicar a las empresas y descarrilar
la economía. A veces, resaltan el contraste de la estabilidad del tipo de cambio
del yuan, lo que hace más fácil para las empresas planificar a futuro, con las
fuertes oscilaciones en el valor del dólar.
"El mantenimiento de una tasa de cambio básicamente estable es, en realidad,
bueno para la recuperación económica mundial", argumentó Yao Jian, portavoz del
Ministerio de Comercio de China. "Si lo que piden es fortalecer otras monedas,
mientras permiten que el dólar se siga debilitando, eso no es muy justo."
Los funcionarios chinos no están totalmente cerrados a los argumentos de un
yuan más fuerte. En un comunicado que muchos interpretaron como un gesto a la
creciente preocupación respecto a su divisa, el Banco Popular de China informó
la semana pasada que su política de cambio tomaría en cuenta "los cambios en los
flujos de capital internacional y las tendencias de las principales monedas".
Sin embargo, muchos analistas del sector privado no creen que un cambio de
decisión sobre el yuan sea inminente.