n
este escenario, según una encuesta entre economistas revelada este viernes por The Wall Street Journal, los mercados emergentes y las materias primas serán los
protagonistas más probables de una nueva burbuja especulativa.
Veinte encuestados dijeron que los
commodities presentan el mayor riesgo de otra burbuja, mientras que 24
eligieron los mercados emergentes, con 13 señalando que el mayor riesgo está en
los mercados bursátiles de esos países y 11, el sector de bienes raíces.
En lo que va del año, los
inversionistas estadounidenses han colocado unos US$ 26.000 millones en fondos
dedicados a los mercados emergentes.
De ese total, unos US$ 15.000
millones fueron a parar a los llamados fondos cotizados en bolsa o Exchange
Traded Funds (ETF), portafolios que incluyen todas las acciones que componen el
indicador líder de un mercado, sin importar su precio.
Varios gestores de fondos de cobertura y otros fondos de inversión que están
constantemente comprando y vendiendo valores dijeron a The Wall
Street Journal que este "dinero insensato" está distorsionando las
valuaciones e inflando una burbuja que podría llegar a ser monstruosa.
Pero incluso si se desarrolla otra
burbuja, algunos están seguros de que no tiene que producir el mismo grado de
dolor causado por el estallido de la burbuja de crédito.
"Otra burbuja es inevitable",
dijce Diane Swonk, de Mesirow Financial. "La acumulación (de bienes) es parte de
la naturaleza humana. Sin el apoyo de apalancamiento que hemos visto en la
última década, sin embargo, sus consecuencias deberían ser mucho más
manejables".
Según el Financial Times, en
última instancia, los mercados emergentes afrontan dos grandes obstáculos fuera
de su control. Las bajas tasas de interés en EEUU tientan a los inversionistas a
tomar prestado en dólares e invertir en mercados emergentes, donde las
economías se están recuperando y las tasas de interés son más altas.
A ello hay que sumar la negativa
de China de permitir que el yuan se aprecie contra el dólar, lo que hace que sus
vecinos sean renuentes a permitir que sus divisas suban mucho frente al dólar.
Varios países están interviniendo
en los mercados cambiarios para contener la apreciación de sus monedas y
proteger a los exportadores. Tailandia, por ejemplo, ha gastado US$ 15.000
millones en lo que va del año en estas intervenciones, según su ministro de
Finanzas.
Se trata de una respuesta que
puede ser contraproducente si los mercados deciden que un gobierno está tratando
en vano de impedir el alza de su divisa. Hay otras opciones. Brasil, cuya moneda
se ha valorizado 45% desde febrero, impuso un impuesto de 2% a las entradas de
capital.
El debilitamiento del dólar favorece
a EEUU al aumentar el valor de las ganancias de las empresas del país en el
exterior y abaratar sus exportaciones. La depreciación del dólar, sin embargo,
presiona a los países que exportan a EEUU.
Los especuladores están vendiendo
activos estadounidenses, en los que se refugiaron mientras arreciaba la
crisis financiera, para realizar apuestas de mayor riesgo en economías
emergentes o en desarrollo que ofrecen mayores retornos especulativos.
La intervención cada vez más definida
de los gobiernos emergentes comprando dólares y bonos del Tesoro, buscan desatar una
nueva escalada en la cotización de la divisa estadounidense que haga más
competitivas sus economías en el mercado de exportaciones "dolarizado".
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