(IAR
Noticias) 13-Noviembre-09
La venta a precios de saldo
viene estimulada por una insuficiencia sin precedentes de los ingresos de los
gobiernos estatales y locales.
Por Pam Martens -
Revista Sin Permiso
En una época en la que los dirigentes de las grandes corporaciones empresariales
de los EEUU han demostrado ya su incurable proclividad a prender fuego a
cualquier tierra seca, procediendo a su saqueo a través de instituciones
bancarias, comerciales, inmobiliarias e hipotecarias, el público puede ahora
experimentar ya el olor de un nuevo y pestilente incendio divisable en el
horizonte.
Si la Norteamérica gran empresarial se sale con la suya, todo, absolutamente
todo, desde parquímetros, zoológicos y aeropuertos hasta carreteras y agua
potable, va ser privatizado en lo que puede convertirse en el mayor proceso de
ventas a precio de saldo de la historia del mundo industrializado. En otras
palabras, mandemos un potente mensaje a nuestros hijos: la recompensa a la
codicia, la incompetencia y la conducta criminal de las corporaciones
empresariales será hacerse con lo que queda de los activos del país.
La venta a precios de saldo viene estimulada por una insuficiencia sin
precedentes de los ingresos de los gobiernos estatales y locales. Según el CBPP
(Centro para las Prioridades Presupuestarias y de Políticas Públicas, por sus
siglas en inglés), “la peor recesión desde los años 30 ha provocado la más
profunda caída en los ingresos fiscales de los estados, hasta alcanzar niveles
récord (…) 48 estados se enfrentan o tienen que lidiar ya con esas
insuficiencias presupuestarias para el año fiscal de 2010, con un agujero de 178
mil millones de dólares (…), un agujero presupuestario récord. Los hiatos del
año fiscal 2011 –los que ya se han abierto y aquellos a los que se hace frente—
suman un total de 80 mil millones de dólares, el 14% de los presupuestos de los
35 estados que han estimado el monto de esos hiatos. Esos totales crecerán
probablemente, en la medida en que sigan deteriorándose los ingresos, y podrían
terminar rebasando los 180 mil millones de dólares. (…) Esas cifras sugieren
que, todo dicho y contado, los estados tendrán que vérselas con una
insuficiencia presupuestaria de al menos 350 mil millones de dólares para 2010 y
2011.”.
Irónicamente, 350 mil millones es exactamente el monto con que el Gobierno
federal obsequió a la banda de Wall Street que pagó millones de dólares en
bonificaciones, alojó a su personal ejecutivo en hoteles de lujo o se pagó
anuncios en los estadios deportivos.
He aquí un recorrido de lo que, a lo largo y ancho del país, está disponible
para las garras de las corporaciones empresariales:
Aquí, en la hermosa región meridional de New Hampshire, se recomienda ya la
privatización de la Granja del Condado de Cheshire, una institución de 143 años
de antigüedad que posee algunos de los espacios abiertos y de los terrenos
cultivables más apreciados del estado. Los niños urbanos pueden, libremente, sin
tasas de ingreso, acariciar vacas o ver alzar el vuelo de águilas pescadoras o
de cóndores.
En la periferia de la Bahía Verde, Wisconsin, las autoridades trataron de
organizar una reunión a puerta cerrada para discutir la privatización del
Departamento de Planificación del Condado de Brown. (¿No es una función clave
del Departamento de Planificación la de controlar los intereses de las
corporaciones empresariales? Eso recuerda al modelo del Tesoro norteamericano,
también conocido como de asalto a las instancias reguladoras.)
En los Grandes Rápidos del Condado de Kentuky, unos comisionados están sopesando
la recomendación del sheriff, Larry Stelma, de privatizar el servicio
alimentario de la cárcel del condado.
De acuerdo con un estudio de la GAO (Oficina para el control del gobierno, por
sus siglas en inglés) realizado a fines de octubre, en donde se argumentaba que
sería despilfarrar el dinero del contribuyente, el Ejército se ha echado atrás
(por ahora, al menos) de un plan para privatizar los servicios de mantenimiento
de carpintería, fontanería y calzadas, así como otros trabajos ahora
desempeñados por el personal de la academia militar en West Point.
En un artículo de Blaine Mogil publicado el pasado 3 de noviembre en The Pride
—el periódico estudiantil independiente de la Universidad del Estado de
California en San Marcos, se resumía así la atmósfera que se palpa:
“Si parece desapoderada la idea de un profesor que os dijera “Buenos días y
bienvenidos a la McUniversidad, ¿le puedo ya tomar el pedido?”, la silenciosa
batalla que se libra en Sacramento no se abierto paso en vuestro espacio mental.
Es hora de despertar del sopor político, y de sumarse a la batalla. No sólo se
atacan vuestras oportunidades educativas, también están hostigadas las
oportunidades educativas de un montón de amigos y familiares vuestros
pertenecientes a las capas bajas del estrato socio-económico. Es una batalla
para salvar de la privatización el sistema de la Universidad del Estado de
California. (…) Nosotros, todos nosotros, que hacemos esfuerzos financieros para
acudir a esta gran institución, tenemos que ponernos al frente de esta ola y
participar para prevenir la privatización. Porque si se pierde esta batalla,
seremos víctimas de la primera limpia en cuanto el yate granempresarial atraque
en nuestro puerto.”
De Océano a Océano, todo está a disposición de las garras granempresariales: las
cárceles de Arizona; las bibliotecas del Condad de Nevada, California; el
zoológico del Condado de Milwaukee; los servicios de poda de árboles de Detroit;
el aeropuerto internacional Louis Amstrong en Nueva Orléans; un albergue juvenil
en Cabo Mayo, Nueva Jersey; una planta de tratamiento de residuos en el Condado
de Marin, California. Los parquímetros de Chicago ya han sido privatizados.
Si las duras lecciones que nos ha proporcionado y nos sigue proporcionando la
confianza ciega que nuestro país tiene en la capacidad de las grandes
corporaciones empresariales para hallar un equilibrio entre beneficio codicioso
y bien público no consiguen disuadir a nuestras autoridades de poner por obra
esos grotescos y necios planes consistentes en dejar al albur de la motivación
del beneficio empresarial programas públicos esenciales, tal vez el ejemplo
reciente de Indiana sirva a modo de epifanía.
En 2006, el gobernador de Indiana, Mitch Daniels, privatizó los servicios de
bienestar del estado, cerrando un contrato de 1.340 millones de dólares con IBM.
Se confiaba a una compañía informática experta en gigabytes y chips de memoria,
la gestión de las cartillas de comida y de Medicaid, así como los pagos
asistenciales a los hambrientos y a los pobres. Se liquidó el anterior sistema
de Indiana, consistente en encuentros cara a cara con trabajadores
asistenciales, que vino a ser substituido por centros de llamadas telefónicas
con respuestas autómatas. Luego de que llegaran a oídos de los legisladores
incontables historias de incumplimientos de prescripciones básicas para salvar
vidas, de gentes con ingresos inferiores a los 100 dólares que no recibían sus
cartillas de comida en los plazos legalmente obligatorios, de centros
automatizados que no atendían al teléfono o que perdían las llamadas o de
extravíos de documentos, y tras una acción popular ante tribunales, finalmente,
el gobernador Daniels tuvo que echar a IBM el mes pasado.
¿Pero qué pasa con la gente que, entretanto, murió o fue gravemente perjudicada
por ese horrible sistema de autómatas telefónicos? ¿No debería el gobernador
Daniels admitirlo avergonzadamente, como Alan Greenspan en su día: “me
equivoqué”? Afortunadamente, al menos al gobernador los votantes podrán pedirle
alguna cuenta.
Pam Martens trabajó en Wall Street durante 21 años; no tiene intereses, ni a
corto ni a largo plazo, en ninguna de las empresas mencionadas en este artículo,
salvo los que el Tesoro norteamericano le ha impuesto sin su consentimiento,
como al resto de sus compatriotas norteamericanos, con sus planes de rescate.
Escribe regularmente sobre cuestiones de interés público desde New Hampshire.
*****
Traducción para www.sinpermiso.info:
Ricardo Timón |