Para Obama, un producto genuino
del marketing político, la consigna es: Miro las encuestas y luego existo. Y hay
algo que no le cierra en las mediciones de imagen al gerente eventual de la Casa
Blanca: Afganistán. Los comandantes militares, la OTAN, sus asesores, el
presidente títere de Kabul, sus socios europeos de invasión, le piden tropas
bajo apercibimiento de que la ocupación puede convertirse en una trampa mortal,
en un Waterloo imperial, en una derrota militar de difícil mensuramiento.
Desde su asunción, hace ocho meses, Obama bajó 20 puntos en la aceptación
popular: Afganistán y las promesas incumplidas de "desmilitarizar" la política
exterior fueron sus causales principales. Hoy el presidente negro está ante una
encrucijada: Acaba de perder sus dos primeras elecciones en dos distritos que
eran demócratas, su partido ya lo señala como responsable de una posible pérdida
de la mayoría en las dos cámaras legislativas en el 2010, y sus propios
electores, negros e hispanos, movimientos antiguerra y de derechos humanos, ya
anuncian marchas masivas para protestar contra la continuidad de las políticas
militaristas.
Todo este escenario de presión, a su vez, alimenta una ofensiva republicana que
apunta a desgastar la credibilidad (ya en pronunciada baja) de Obama. Reaparecen
las viejas acusaciones de "presidente débil e incapaz" o excesivamente
"dubitativo" como principal caballito de batalla de los ultraconservadores que
sueñan con un juicio político o un movimiento de destitución en el
Congreso.
Afganistán, esa es la cuestión: Según la prensa norteamericana y sus principales
analistas, Obama ya tiene decisión tomada de enviar entre 30.000 y 40.000
soldados para contener la escalada talibán, pero todavía "no sabe como
comunicarlo".
De acuerdo con The Washington Post, las evaluaciones y vacilaciones de Obama, más que a la estrategia militar responden a un análisis político del impacto
social interno que acarrearían.
El punto, según el Post, es que Obama, sea cual fuere el resultado, no puede
postergar más el envío de tropas sin poner en riesgo la propia integridad de los
soldados imperiales ya desplegados en Afganistán.
La realidad militar, en el terreno de la ocupación imperial, sigue pulverizando
la imagen del primer presidente mediático de EEUU. Y a Obama se le impone una
consigna: O las encuestas o el Imperio. Así de simple la alternativa de
elección.
Informe
IAR
Noticias
/
Mientras la Casa Blanca permanece paralizada, sin
respuesta efectiva al contraataque talibán, hay un
creciente escepticismo de los ciudadanos estadounidenses. Aumentan las bajas
estadounidenses y de las fuerzas de la OTAN, y Afganistán ya se ha
convertido en un conflicto estratégico de primer nivel para EEUU.
La Casa Blanca sostiene que Obama,
que comienza este jueves una gira de una semana por el este
asiático, no ha tomado todavía una decisión al respecto y no lo hará antes
de su regreso el próximo 19 de noviembre.
El portavoz de la Casa Blancal,
Robert Gibbs, indicó el martes que las opciones para la nueva estrategia ya
han quedado reducidas a cuatro.
Según el New York Times, al
presidente Obama no le convenció ninguna de las cuatro estrategias militares que
le presentó su equipo nacional de seguridad en una reunión celebrada el
miércoles por la tarde en la Casa Blanca. De acuerdo con lo que se ha filtrado a
la prensa estadounidense, el presidente ha solicitado que se modifique el
contenido de las opciones para clarificar varios puntos.
Aunque Gibbs no quiso precisar el
contenido de esas opciones, la prensa estadounidense cita a altos funcionarios
para indicar que todas ellas contemplan un aumento de los efectivos de EEUU
en Afganistán, en la actualidad en 68.000 soldados.
Según sus
propios comandantes, EEUU va perdiendo la guerra militar de ocupación en Afganistán, y esta
situación tensiona el enfrentamiento interno entre los sectores ultra
conservadores que digitan la política militar y la administración
demócrata que maneja la agenda exterior desde el Departamento de Estado.
Con 55 soldados invasores muertos, octubre se convirtió en el mes más
mortífero para las tropas de EEUU en los ocho años que lleva la guerra de
ocupación en ese país asiático, mientras la administración Obama analiza si
envía o no más tropas a esa convulsionada región.
Todos estos
acontecimientos no parecen -según el Post- modificar los planes de
Obama, quien dice que se tomará el tiempo que sea necesario para decidir la
mejor estrategia posible para Afganistán. "No me voy a precipitar", dijo
el lunes ante una unidad de marinos en Jacksonville.
Esa "prudencia" está siendo interpretada como indecisión por la oposición
republicana que lo tilda de "incapaz" para resolver los frentes externos
de conflicto militar.
El
principal crítico republicano, el ex vicepresidente Dick Cheney, acusó a
Obama de estar poniendo en peligro a las tropas sobre el terreno al
no responder positivamente a la petición del comandante de la operación, el
general Stanley McChrystal, de enviar un refuerzo de al menos 40.000 soldados.
Los
jefes de la OTAN y el Pentágono presionan por más tropas, y Obama y sus
asesores, atentos al rechazo social entre los estadounidenses que genera esta
guerra, no terminan de configurar una nueva estrategia para salir
del pantano.
Según la prensa estadounidense, las
opciones podrían ser el envío de 30.000, 40.000 ó un número aún más alto.
El diario The Wall Street Journal
aseguró, citando a fuentes próximas a las conversaciones, que la opción más
popular contempla el despliegue de entre 30.000 y 35.000 soldados adicionales.
A ellos se sumarían otros 10.000
militares que se encargarían del entrenamiento de las fuerzas colaboracionistas
afganas, para que estas puedan asumir paulatinamente el control de la
situación.
El general Stanley McChrystal,
comandante de las fuerzas estadounidenses en Afganistán, había pedido que el
nivel de tropas se aumente en al menos 40.000 efectivos.
Según The New York Times, el tema del
incremento de tropas ha colocado a Obama en una situación difícil. Sobre todo
-agrega-porque pese a que el ggeneral Stanley McChrystal, comandante
de las fuerzas internacionales en Afganistán, sostiene que son necesarias más
tropas, la opinión pública se muestra cada vez más reacia.
Una encuesta divulgada por la cadena
de televisión CNN muestra que la mayoría de los estadounidenses, un 56 por
ciento, se opone a la posibilidad de desplegar más tropas en el país de Asia
Central. Sólo un 42 por ciento de los participantes dijo respaldar un incremento
del contingente militar estadounidense en la zona.
La encuesta divulgada se realizó
entre el 30 de octubre y el primero de noviembre y tiene un margen de error
de tres puntos porcentuales.
El sondeo muestra que la opinión
pública también está dividida a cerca de que si Obama está tardando demasiado en
anunciar su decisión, ya que McChrystal advirtió hace ya tres meses, que el
fracaso estaba asegurado sin refuerzos adicionales.
En ese sentido, el 49 por ciento de
las 1.018 personas que participaron en la encuesta dijeron que el presidente
estadounidense tarda demasiado, frente al 50 por ciento que dijo que no lo hacía.
El director del sondeo, Keating
Holland, indicó que hay una clara diferencia en la respuesta en función del
género de los consultados.
"La mayoría de los hombres dicen que
Obama está tardando demasiado y la mayoría de las mujeres está dispuesta
a darle más tiempo", afirmó Holland.
Además de Obama y Petraeus también
participaron en la reunión de del miércoles,el secretario de Defensa estadounidense,
Robert Gates, el asesor de Seguridad Nacional, James
Jones y el jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense, Michael Mullen, entre
otros.
La
derrota militar de la ocupación no solamente enfrenta a la Casa Blanca y al
Pentágono, sino que además ha creado incontenibles fisuras entre Washington y
sus aliados europeos de la OTAN que se muestran renuentes a enviar más
tropas, como es el caso de Reino Unido, Francia y Alemania.
En la primera semana de septiembre, el comandante de las tropas
estadounidenses y de la OTAN en Afganistán, el general norteamericano Stanley
McChrystal, había pedido al Pentágono en un informe, a revisar la "estrategia" de las fuerzas
extranjeras ocupantes para combatir a los talibanes.
El jefe militar de la OTAN en Afganistán
advirtió en dicho documento remitido al Departamento de Defensa de EEUU, que si no
recibía más tropas EEUU corría el riesgo de fracasar y ser derrotado en
Afganistán.
En consecuencia, y sin abandonar su
discurso de "guerra contra el terrorismo" en todos los frentes,
Obama decidió dilatar el envío de más tropas que le piden el Pentágono y sus
socios europeos de la OTAN para contener la ofensiva de los talibanes que ya
acampan a pocos kilómetros de Kabul.
Los talibanes -vale aclararlo- son los mismos que
hace ocho años fueron derrocados del gobierno por una invasión militar (de
la OTAN y EEUU) que los llevó a una guerra de resistencia que hoy -según
el propio jefe de la Alianza- están a punto de ganar ante la impotencia de las
fuerzas ocupantes para contenerlos.
No obstante las dudas de Obama, y de acuerdo con lo que
que proyectan medios influyentes con The Washington Post y The New York Times,
la decisión del envío de más soldados para sostener la ocupación en riesgo, es improrrogable.
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