En
momentos en que las economías, desde Suiza a Corea del Sur, tratan de frenar el
declive del dólar, la intervención en los mercados cambiarios, o las
declaraciones al respecto, alcanzan su nivel más alto en años, señala este
martes The Wall Street Journal.
El tema de la intervención
gubernamental reduce y afecta los incipientes esfuerzos para corregir los
desequilibrios de la economía mundial que contribuyeron a desatar la crisis
financiera primero, y la crisis recesiva con desocupación en masa después.
Durante el tercer trimestre, la
divisa estadounidense perdió 4,1% de su valor contra el euro y 6,8% contra el
yen japonés, cuando llegó a su nivel más bajo desde finales de enero.
A última hora del viernes 30 de
octubre, en Nueva York, el euro se cotizaba a US$1,4717, frente a los US$1,4828 del jueves. El
dólar había ascendido a los 90.02 yenes, el euro a 132,48 yenes y la libra
esterlina llegaba a US$1,6418. El dólar equivalía a 1,0259 de francos suizos y
1,0817 dólares canadienses.
Las autoridades europeas se quejan en voz alta contra
el alza del euro,
que hace poco cruzó la barrera de US$1,50 por unidad por primera vez en más de
un año antes de retroceder, encareciendo su comercio de exportación "dolarizado"
con China y EEUU.
Si el euro y el yen se siguen
fortaleciendo, por ejemplo, se encarecerá el costo de las exportaciones
europeas y asiáticas en los mercados internacionales.
Algunos países ya han intervenido.
Corea del Sur, Taiwán, Filipinas y Tailandia han dado pasos para frenar el
alza de sus monedas y tratar de mantener la competitividad de sus exportaciones
frente a China cuya divisa, el yuan, está atada al valor del dólar.
Japón fue el último país desarrollado
en intervenir en el mercado cambiario, en 2004. La última intervención de Canadá
data de 1998.
"El gobierno japonés se pondría nervioso
si el dólar se acercara a los 80 yenes
por unidad, comparado con los actuales 90 yenes", dice Steven Pearson, analista
de Bank of America-Merrill Lynch, citado por el Journal.
El dólar mostró cierta vitalidad la
semana pasada, pero la mayoría de los analistas espera que la debilidad de la
moneda estadounidense continúe. Eso significa que la reciente ola de
intervenciones gubernamentales en los mercados cambiarios probablemente se
intensificará, señala el Journal.
El debilitamiento del dólar favorece
a EEUU al aumentar el valor de las ganancias de las empresas del país en el
exterior y abaratar sus exportaciones. La depreciación del dólar, sin embargo,
presiona a los países que exportan a EEUU.
En septiembre, las autoridades estadounidenses
renovaron su llamado a
"reequilibrar" la economía global lo que se logra, en parte, al reducir el
crecimiento basado en las exportaciones.
Los desequilibrios de la economía
mundial será uno de los temas en la agenda en la próxima reunión de los
ministros de finanzas del Grupo de los 20 que tendrá lugar el viernes y el
sábado en Escocia.
Muchos países ya han dado pasos para detener
el alza de sus monedas contra el
alicaído dólar.
Brasil, por ejemplo, impuso un impuesto de 2% a
la inversión extranjera de
portafolio para moderar al real, que se ha disparado 31% contra el dólar en lo
que va del año. El banco central de Canadá ha señalado que podría recurrir a la
compra de dólares por primera vez en más de una década. El Banco de Japón podría
adoptar medidas similares si persiste la apreciación del yen.
Analistas y medios especializados
coinciden en que el
dólar podría seguir cayendo en las próximas semanas ante las apuestas de
los inversionistas de que otros países aumentarán las tasas de interés antes que
la Reserva Federal de Estados Unidos, lo que impulsa los retornos sobre otras
monedas.
La caída de la divisa estadounidense
se agudizó en el tercer trimestre a medida que las economías del mundo mostraron signos de
recuperación y los especuladores trasladaron su dinero a alternativas más
arriesgadas en busca de retornos más altos.
Durante meses, el dólar tendió a bajar
después de que se anunciaran noticias
positivas, que los especuladores interpretaban como una señal de que era hora
de abandonar refugios seguros como la moneda estadounidense e ir en busca de
inversiones más arriesgadas y rentables.
Sin embargo, las promesas de las
autoridades de política monetaria de seguir estimulando la economía para
apuntalar la recuperación han convencido a los inversionistas de que EEUU no
subirá pronto las tasas de interés.
Los especuladores están vendiendo
activos estadounidenses, en los que se refugiaron mientras arreciaba la
crisis financiera, para realizar apuestas de mayor riesgo, a menudo en economías
en desarrollo que ofrecen mayores retornos.
La intervención cada vez más definida
de los gobiernos comprando dólares y bonos del Tesoro, buscan desatar una
nueva escalada en la cotización de la divisa estadounidense que haga más
competitivas sus economías en el mercado de exportaciones "dolarizado".
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