Entre
agosto y septiembre de 2008, Georgia, un país satélite de EEUU, invadió Osetia del
Sur, y las tropas rusas, en un contraataque fulminante lo obligaron a retroceder
y se desplegaron en un virtual cerrojo de control militar estratégico de la
región donde se encuentra la llave del petróleo que fluye hacia Europa.
El conflicto militar del Cáucaso
le sirvió a Moscú para mensurar los alcances reales de su creciente poderío
energético-nuclear-militar construido sobre las cenizas aún humeantes de la URSS:
En un espacio de pocos días humilló y denigró (como nunca nadie lo hizo) a
instituciones emblemáticas del poder imperial sionista de EEUU y la UE, como lo
son la ONU y la OTAN, sus gendarmes globales a escala diplomática y militar.
Perdida
su apuesta militar en el Cáucaso, EEUU (entonces gobernado por Bush) endureció
sus posturas y anunció la instalación inmediata de un escudo antimisiles en
Polonia y República Checa, en pleno patio trasero de Rusia.
Esta semana el presidente del Imperio
USA, Barack Obama, lanzó una sorpresiva propuesta de un acuerdo bilateral global
con Rusia ofreciendo como señal de "buena voluntad" el anuncio de retiro del
proyecto de instalación del sistema antimisiles en Europa del Este, que Moscú
considera como una amenaza directa a su territorio.
Montado en su promocionada doctrina
de la "multilateridad" (en oposición a la "unilateralidad" de Bush), desde su
asunción Obama intenta "distender" las tensiones emergentes de la guerra
fría por áreas de influencia que EEUU mantiene con Rusia en la esfera de los ex
países soviéticos de Europa del Este, que tuvo un capítulo de derrota para
Washington durante la llamada guerra del Cáucaso.
Centralmente la nueva
estrategia de Obama se asienta en una idea fuerza: Trazar una alianza
geopolítica y militar con Rusia y la UE (su socio en la OTAN) para aislar a
Irán, y romper con el "eje islámico" en Asia, África, el Medio Oriente y
América Latina (Cuba, Venezuela y los gobiernos de izquierda). Esto es, diseñar acuerdos globales con Moscú que le quiten
sustento militar y geopolítico al "terrorismo islámico" (también llamado "eje
del mal") que tiene a Rusia como un aliado estratégico vertebral.
Disfrazada de nueva doctrina "de
aproximación", la nueva estrategia imperial busca quebrar los frentes de
resistencia en Asia y Medio Oriente (principalmente Irak, Afganistán, Pakistán y
Gaza), mediante "procesos de paz" y acuerdos de "gobiernos de unidad", que
aíslen y neutralicen a las organizaciones combativas que operan contra las
ocupaciones de EEUU, la OTAN e Israel.
En Latinoamérica, la propuesta de
acuerdos bilaterales con Rusia, busca contener la influencia y neutralizar
las alianzas estratégicas de Moscú con Cuba, Venezuela y los gobiernos de
izquierda, cuyo costado militar (venta de armamento) reviste una acentuada
preocupación para Washington.
En Afganistán (donde los talibanes
avanzan), la estrategia de
nueva "bipolaridad" con Rusia, busca la apertura de rutas por Turkmenistán,
Uzbekistán y Tayikistán para ayudar al abastecimiento de las tropas de la OTAN.
Los acuerdos bilaterales con
Moscú permitirían que Rusia abriera sus ferrocarriles y carreteras al tránsito
de mercancías y combustibles para la OTAN que serían transportadas desde las
refinerías de Baku, Azerbaián y Turkmenistán, a los que se podría agregar el
abastecimiento aéreo.
La ecuación final se resume en la
búsqueda de un resultante: Juntar a los tres arsenales militares nucleares
hegemónicos (más del 90% del poder de destrucción mundial) en un diseño
estratégico de "nuevo orden internacional" regido bipolarmente por el eje
USA-UE y Rusia.
Como un segundo efecto, el plan de
acuerdo bilateral con Rusia busca debilitar el BRIC, y neutralizar la
influencia China en Asia, África y América Latina.
Moscú, mientras tanto, ahora en un
teatro de operaciones diplomático, le "sigue el juego" a Washington, en
una estrategia de arrancarle concesiones y retrasar el desenlace del
conflicto militar por el petróleo y los recursos energéticos
de supervivencia futura con EEUU, que permanece inalterable e impermeable a
toda coyuntura de acuerdo bilateral.
El "no" de Moscú
Rusia
no va a ceder a ningún "compromiso o trueque", advirtió el viernes el
presidente ruso Dmitri Medvedev, refiriéndose al pedido de Washington a Moscú
para que adoptara una posición más firme y presionara a Irán para que abandone
su programa nuclear a cambio de la cancelación del sistema antimisiles y de
radares estadounidense en Polonia y República Checa.
"Somos
lo suficientemente adultos como para no condicionar una decisión a otra",
dijo el presidente. Según el diario Kommersant, un diplomático "de alto rango"
pidió a Moscú "apoyar una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU
que prevé sanciones contra Teherán y frenar la venta a Irán de misiles
antiaéreos S-300".
EEUU
anunció que "abandonará" los planes de construir un polémico escudo de
defensa antimisiles en Europa del Este que había sido diseñado durante el
gobierno del ex presidente George W. Bush, aunque no será descartado
totalmente.
En
particular, Washington proyectaba desplegar diez misiles interceptores en
Polonia y construir un radar de alerta antimisil en la República Checa
argumentando la necesidad de responder a un posible ataque de Irán.
La noticia, que había estado circulando desde la madrugada del jueves, la
confirmó el presidente Barack Obama con un anuncio oficial desde la Casa Blanca,
en el que habló de una "nueva aproximación" defensiva.
En
respuesta, Rusia congelaría las medidas que iba a adoptar en represalia por
las bases norteamericanas en Polonia y República Checa, como la de desplegar
misiles Iskander en Kaliningrado, un enclave ruso entre Polonia y Lituania.
El paso dado por EEUU busca distender y agilizar las negociaciones
entre Moscú y Washington sobre la reducción de armamentos estratégicos que
ambos países deben acordar antes de diciembre para remplazar el Tratado
START, señaló el viernes la Casa Blanca.
No
obstante, el anuncio de Obama es contradictorio para Moscú ya que la
secretaria estadounidense de Estado, Hillary Clinton señaló el sábado que
Polonia y la República Checa seguirán siendo los principales candidatos para
alojar en su territorio los elementos de la defensa antimisil de EEUU.
"Las autoridades de Polonia y de
la República Checa confirmaron su disposición a alojar los elementos de la
defensa antimisil de EEUU y seguirán siendo los principales candidatos para esa
tarea", comentó Clinton.
Destacó que EEUU continuará
estrechando la cooperación con esos países en materia de defensa antimisil.
"A medida que EEUU vaya instalando
su sistema terrestre de intercepción de misiles, Polonia y la República Checa
ocuparán las posiciones superiores en la lista de países candidatos para alojar
los elementos de la defensa antimisil", subrayó Clinton.
Nueva ofensiva USA
Por su parte, y echando nubarrones
sobre la "distensión" anunciada por Washington, el secretario
estadounidense de Defensa, Robert Gates, dijo el viernes que EEUU no renuncia al
escudo antimisiles en Europa, sino que sólo planea instalar sus elementos en
buques de guerra en el sur y norte de Europa.
Informando
sobre sobre la "nueva aproximación" Gates destacó como prioritaria lo que
considera la "amenaza iraní", aunque dejó claro que contemplan "otras"
amenazas, que se interpreta como proveniente de Rusia.
Durante
una conferencia de prensa, el secretario de Defensa dio más detalles sobre la
"nueva aproximación" y explicó que su país estima que para el 2015 podrían
instalarse misiles en Polonia y la República Checa.
Gates
anunció que en una primera fase se instalarán barcos del programa Aegis con
lanzadoras de misiles tipo estándar y que en 2015 podrían instalarse bases
terrestres en Polonia y la República Checa, como se había diseñado
originalmente.
"Ahora tenemos la oportunidad de desplegar nuevos sensores e interceptores en el
norte y el sur de Europa que en el corto plazo pueden aportar cobertura
defensiva de misiles contra las amenazas inmediatas de Irán o de otros", aseguró
Gates.
Según
el presidente de la Academia de Problemas Geopolíticos, general Leonid Ivashov,
el nuevo plan de EEUU de instalar misiles interceptores en sus buques de guerra
en el norte de Europa se debe al deseo de interceptar las trayectorias de vuelo
de los misiles balísticos rusos a través del Polo Norte.
"La
postura de EEUU frente al despliegue de los elementos de su escudo antimisiles
en Europa no ha cambiado, sólo que ahora se planea instalarlos en los buques
de guerra estadounidenses en el norte de Europa para interceptar las
trayectorias de vuelo de los misiles balísticos rusos a través del Polo Norte",
afirmó Ivashov.
"El sistema que se proyectaba desplegar en Polonia debía destruir los misiles
balísticos rusos en cualquier fase de su vuelo. Pero ahora, los antimisiles
estadounidenses que irán instalados en buques en el norte de Europa
permitirán interceptar misiles rusos sólo antes de que se coloquen en la órbita",
explicó el general ruso.
A su juicio, los sistemas navales son más móviles y baratos que los
estacionarios. "Instalándolos en el norte de Europa se conseguirá
interceptar las principales trayectorias de vuelo de los misiles rusos lanzados
desde submarinos en el Océano Glacial o desde el territorio continental ruso.
Ivashov considera que haciendo tales "concesiones" a Rusia, los estadounidenses
buscan obtener determinados dividendos políticos. "Su táctica es la siguiente:
crear un problema, agravarlo y luego proceder a resolverlo pidiendo
concesiones a la parte interesada", explicó.
A su juicio, no son concesiones, sino mentiras porque "EEUU nunca realiza
obras benéficas en las áreas política y militar".
"La decisión de renunciar a la defensa antimisiles en Europa del Este se debe
ante todo al excesivo costo de ese proyecto desde el punto de vista tanto
financiero como político", resumió el experto.
En otro
frente estratégico, complementado la doctrina de la "nueva aproximación"
de Obama, el jefe de la OTAN,
Anders Fogh Rasmussen, planteó a Moscú "explorar" la posibilidad de compartir
con Washington y la propia Alianza los sistemas de defensa antimisiles.
"Debemos explorar la posibilidad de unir los sistemas de defensa de Estados
Unidos, la OTAN y Rusia en el momento adecuado", dijo en la Fundación
Carnegie de Bruselas durante su primer gran discurso público desde que fue
nombrado al frente de la Alianza el pasado mes de agosto.
Tras elogiar como un "paso positivo" que la administración norteamericana
pretenda incluir en su plan de defensa a los aliados europeos, destacó que la
proliferación de la tecnología de misiles balísticos no sólo concierne a los
países de la OTAN sino también a Rusia.
Además, consideró que las fuerzas de la Alianza desplegadas en diferentes
teatros de operaciones serán "cada vez más vulnerables a los ataques de
misiles de terceros países". De ahí que, si se tiene en cuenta que tanto la
OTAN como Rusia tienen "gran experiencia" en la defensa antimisiles, ahora se
pueda "trabajar" conjuntamente para "unir esta experiencia en beneficio mutuo".
Rasmussen
dijo que la OTAN tiene para Rusia "propuestas concretas" como la cooperación en
temas como "la lucha contra el terrorismo, la proliferación de armas de
destrucción masiva y la estabilización de Afganistán. Y también "revitalizar el
Consejo OTAN-Rusia", órgano de consulta entre ambos.
Utilizando
la diplomacia, Moscú, que mantiene una disputa por áreas de influencia comercial
y militar con EEUU en Eurasia, volvió a ponerle paños fríos a las
propuestas del eje occidental USA-UE.
El
viernes, el embajador de Rusia ante la OTAN, Dmitri Rogozin, exhortó a la
Alianza a reconocer la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC).
"La OTAN ya debe reconocer la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva
porque es ridículo seguir haciendo como que no exista", comentó Rogozin ante la
prensa en Bruselas.
El diplomático señaló que la Alianza está al tanto de los programas de la OTSC
orientados a resguardar la seguridad en Asia Central y dijo confiar en que se
firme pronto un acuerdo de cooperación.
La OTSC es una organización regional multinacional de interacción
político-militar creada en el marco de la Comunidad de Estados Independientes
(CEI) y está conformada por Rusia, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguizistán,
Tayikistán, Armenia y Uzbekistán.
El
presidente ruso, por su parte, precisó que se reunirá con Obama
el próximo miércoles en Nueva York, aprovechando la cita de la Asamblea
General de la ONU. "Tendremos una buena oportunidad para intercambiar nuestros
puntos de vista de todos los aspectos de la estabilidad estratégica, incluida la
defensa antimisiles", adelantó.
Será un
nuevo capítulo de una pulseada diplomática que sólo tiene por objetivo retrasar
un desenlace inevitable de los conflictos que las primeras dos superpotencias
nucleares mantienen por el control de los dos recursos esenciales para el futuro
de las naciones imperiales: El petróleo y el gas euroasiático.
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