a
popularidad de Obama (igual que la economía imperial) ya ingresó en recesión: En
sólo siete meses de gestión su imagen presidencial bajó casi 22 puntos
porcentuales desde que asumiera en la Casa Blanca.
Los halcones republicanos, sus
rivales y detractores internos, no podían perderse el festín y ya lanzaron una
profecía: "De ahora en adelante, el público y los mercados lo juzgarán por
sus resultados. Ahora se puede decir con propiedad: es la economía de Barack
Obama", señala este martes The Wall Street Journal, el vocero del lobby
financiero conservador que apoyó a John MacCain en la última elección.
Pero el Journal, no sangra por la
herida sino que se basa en números: Una última encuesta de la firma Zogby
Internacional revelada este martes indica que la gestión de Barack Obama
sólo cuenta hoy con un 48% de aprobación entre los estadounidenses.
Los números son muy elocuentes si se
tiene en cuenta que Obama alcanzó a registrar casi un 70% de popularidad en
los primeros días de su asunción como presidente de EEUU.
Esta es la cifra más baja que
el presidente de origen afroamericano alcanza desde que asumió las riendas de la
Casa Blanca hace sólo siete meses, el 20 de enero de este año.
Pero lo que más llama la atención a los encuestadores es que la caída de la
imagen del
presidente imperial, que ya lleva varios meses, se registra en las filas de
sus más fieles seguidores: afroamericanos, jóvenes y demócratas en general.
Según la medición de Zogby, su popularidad entre los miembros del Partido
Demócrata bajó del 88 por ciento que registraba en julio 24 al 75 por
ciento en la más reciente muestra, que se tomó entre el 28 y el 31 de agosto.
En los jóvenes de 18 a 29 años el desplome fue aún más pronunciado: de 59 por
ciento al 41 por ciento.
En el caso de los afroamericanos, bajó del 83 por ciento al 74 por ciento. De
acuerdo con la medición, el 48 por ciento de la población desaprueba su gestión,
que ya completa siete meses.
Diferentes encuestas de opinión sobre
la popularidad de Obama, realizadas en EEUU durante estos últimos días, muestran
un persistente descenso en los primeros ocho meses de mandato. Los resultados de
Gallup (y los de Zogby Interactive) son los únicos que señalan que cuenta ahora
con menos del 50% de aprobación popular.
Obama viene precipitándose en una
pronunciada caída desde que ingresó a la Casa Blanca con un espectacular
apoyo del 70% de la opinión pública.
En abril los sondeos le adjudicaron
un 67%, luego en julio 63% y las recientes encuestas de CNN, ABC, otras
conocidas cadenas, le adjudican una media situada en un 50%.
El 20 de agosto la agencia Gallup y
el diario USA Today, publicaron una medición indicando que un 57% de la
población estadounidense opina que el plan de salvataje de empresas y bancos y
de reactivación de la economía emprendido por Obama y su administración ha
fracasado.
Solamente los presidentes Gerald Ford,
Ronald Reagan y Bill Clinton vieron caer su prestigio entre el electorado a
tan bajo nivel durante sus primeros meses en la Casa Blanca.
En casi 70 años -los que tiene
las encuestas como método fidedigno para medir la gestión de un presidente-
ninguno entre los 12 que han ocupado la Casa Blanca había registrado un nivel
tan bajo a estas alturas de su mandato.
Entre ellos George W. Bush (51%), George Bush padre (70%), Ronald Reagan (52%),
Jimmy Carter (54%), Gerald Ford (50%), Richard Nixon (58%), Lyndon B. Johnson
(70%), John F. Kennedy (76%), Dwight Eisenhower (60%), Harry Truman (82%).
La excepción es Bill Clinton (1993-2001), que llegó a tener un 37% a cinco meses
de posesionarse (junio del 93) pero luego repuntó un poco en agosto con un 44
por ciento.
El
desplome del "sueño americano"
Tres claves signan el derrumbe de
Obama: La crisis económica, los pantanos (con masacre) de Irak y
Afganistán, y la incapacidad de su administración para manejar en
forma expeditiva los diferentes frentes de conflicto geopolítico y militar
estratégico que el Imperio mantiene a lo largo y a lo ancho del planeta,
principalmente en Medio Oriente.
El imperio estadounidense sufre por estas horas lo que podría denominarse con
propiedad un multi-colapso generalizado de su agenda de poder mundial: Todo está
en crisis y en decadencia en la primera potencia capitalista, incluido su
gerente de turno, Barack Obama, que en 210 días de gestión (7 meses) no ha
conseguido imponer ni uno sólo de los puntos contenidos en sus promesas
electorales del "sueño americano" en democracia.
Durante sus primeros 90 días de gobierno, y mientras reafirmaba en sus discursos
la "renuncia de EEUU a su rol de potencia imperial dominante", Barack
Obama decidió profundizar la ocupación militar enviando más tropas a
Afganistán, elevar el presupuesto militar estadounidense a niveles récord, e
imponer (a través del G-20 y el FMI) un nuevo plan de endeudamiento para hacer
pagar la crisis financiera imperial a los pueblos de Asia, África y América
Latina.
Solo
cuatro meses después, junto con la imagen de Obama, esa nueva política imperial
comienza derrumbarse.
Los
sucesivos fracasos para imponer sus programas, tanto en política interna como
externa, golpearon con dureza su imagen pública, mientras que las críticas
(por distintas razones) a su gestión llueven tanto desde el sector republicano como
desde el Partido Demócrata, cuyos principales líderes también lo cuestionan por la
falta de resultados de sus decisiones.
La reforma
de salud proyectada por Obama agoniza, y aviva el conflicto interno entre
demócratas y republicanos que había tenido su primer detonante con el golpe
de Estado en Honduras, que dividió al Imperio en un línea de apoyo al
presidente derrocado (Zelaya) desde la Casa Blanca, y otra de claro
sostenimiento del gobierno golpista por parte del Pentágono y de los
republicanos conservadores.
En Afganistán, donde Obama continúa
con el legado de la "guerra contraterrorista" de Bush, ("es una guerra
necesaria", dijo repetidamente), los rebeldes talibanes han incrementado su poder ofensivo y crecen las bajas diarias de soldados de la coalición
invasora que integran EEUU y la OTAN.
En Irak, desde el retiro de los
marines americanos que permanecen en sus bases militares, se incrementaron los
ataques suicidas con efecto devastador, y las fuerzas colaboracionistas
iraquíes dan muestras diarias de que no están preparadas para mantener el
control y la seguridad del país ocupado.
En Medio Oriente, Irán continúa con
su plan nuclear y desoye los reiterados "ultimátum" de Obama para iniciar el
diálogo, mientras la cuestión palestina ya ha tomado una nueva escalada
bélica con las reiteradas masacres de Israel en Gaza que continúan.
Incluso fracasó la reciente gira
discursiva-publicitaria de Obama por el Medio Oriente, que tenía un propósito
fundamental, según la Casa Blanca: "Reconciliar" la relación entre EEUU y
el Islam, y fortificar un "proceso de paz" en Medio Oriente.
Contrariamente a su objetivo, Obama
convenció a todos menos a los protagonistas del conflicto estratégico de
fondo: Israel e Irán, quienes, por distintas vías, dieron señales de que
la visita de Obama resultó tan vacía e inútil como sus palabras cargadas de
"teoría sin práctica".
Simultáneamente, el principal
problema interno de la agenda de Obama, la economía real del Imperio colapsa
en todas sus variables, y los sectores más desprotegidos ya sufren los
"ajustes" mientras una crisis social, todavía de efectos imprevisibles,
asoma de la mano de los despidos masivos en la primera potencia capitalista.
A pesar de las débiles señales
de recuperación que exhiben algunas variables de la economía USA, entre los
economistas, medios y analistas especializados persisten las dudas y los
interrogantes sobre los verdaderos alcances -y la duración- de la crisis con
desocupación y con caída del consumo en la primera potencial imperial.
Además, de
una forma brutal los rescates industriales y
financieros del gobierno de Obama (al utilizar fondos de los impuestos para
salvar al capitalismo privado) descargan el costo del colapso recesivo económico
(la crisis) sobre el sector asalariado (fuerza laboral masiva) y la masa más
desprotegida y mayoritaria de la sociedad estadounidense, por medio de los
despidos laborales y la reducción del gasto social ("ajustes"), que
incrementan los niveles sociales de precariedad económica y de exclusión masiva
del mercado laboral.
En lo externo, la decisión de continuar la guerra
contra el "terrorismo" (implantada como lógica de dominación militar y de
conquista de mercados), la escalada militar y las masacres de civiles en
Pakistán y Afganistán, la vuelta atrás en la investigación de las torturas de la
CIA, la aplicación de las mismas políticas de Bush en Irán, en el Cáucaso y en
Medio Oriente, la restauración de los juicios militares a "terroristas", y
la re-militarización de América Latina, señalan con claridad el
verdadero rumbo de la gestión de Obama en la Casa Blanca.
Esta dinámica (no salida del
marketing electoral, sino de la realidad) es la que marca el derrumbe de
Obama en las encuestas.
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