El conflicto encubierto entre "halcones" y "demócratas" USA que
se desató tras el golpe
de Estado hondureño contra Zelaya, finalmente detonó y cobró forma pública
con la decisión de diecisiete senadores republicanos ("ultra conservadores") de
cuestionar y mostrar una firme oposición a la política de Obama para la
resolución del conflicto hondureño.
Los legisladores, encabezados por
el líder conservador en la Cámara Alta, Mitch McConnell, expresaron en
una carta remitida a Hillary Clinton la necesidad de reconsiderar la posición
"unilateral" de la Administración Obama con respecto a Honduras.
En la misiva -difundida por la
prensa estadounidense- señalan que Zelaya no merece el apoyo de EEUU por
sus "flagrantes violaciones a la constitución hondureña" antes de ser
derrocado militarmente, el 28 de junio, por presunto desacato al Tribunal
Supremo de su país.
El frente de senadores
republicanos, destaca como un "riesgo" la política de acercamiento
que la administración Obama desarrolla con "gobernantes autoritarios" al
sur del río Grande, entre los que señalan al presidente venezolano Hugo Chávez,
y los gobiernos de Cuba y Nicaragua.
De acuerdo con The
Washington Post,
para los halcones conservadores, sostenes del gobierno golpista de Micheletti,
"Obama y el Departamento de Estado de EEUU se unieron a Chávez y sus
aliados para exigir que Zelaya sea restituido en el poder".
Un integrante cada vez más
destacado del nuevo frente parlamentario ultra halcón, el senador republicano,
Jim DeMint de Carolina del Sur, afirma que los líderes del golpe de Estado
"actuaron legal y apropiadamente" y que el “abierto desafío de Zelaya a las
normas democráticas ha enviado a Honduras por un camino hacia la violencia,
inestabilidad y tiranía”.
DeMint define a Zelaya como un "dictador estilo Chávez" y un “líder
ilegítimo”, y tras la ejecución del golpe le exigió a Obama "apartarse de
déspotas”, y que la Casa Blanca confiera todo el apoyo a la gente de
cualquier país que "estén luchando por los mismos valores que compartimos y
defendemos en EEUU”.
DeMint, asociado (por varios
medios estadounidenses) con el grupo religioso conservador conocido como “La
Familia” (organización internacional política cristiana), apoyó públicamente la dictadura militar en Honduras en la década de los 80, cuando el entonces
embajador estadounidense, John Negroponte, convirtió a Honduras en una
base para las operaciones paramilitares contra el sandinismo y los movimientos
revolucionarios.
Según la
CNN, el frente
parlamentario ultra halcón planea tácticas dilatorias contra proyectos
agendados por la administración Obama, como modo de presión para torcer su
política "dialoguista" orientada a restituir a Zelaya en el gobierno.
La crisis de Honduras complica la
gestión de Barack Obama en el Congreso de EEUU, donde los republicanos intentan
bloquear su agenda legislativa pendiente de ratificación parlamentaria,
entre los que se incluye el nombramiento de funcionarios y altos cargos.
Estas medidas dilatorias ya fueron
ensayadas por el grupo republicano, por ejemplo, durante el proceso de
confirmación del diplomático Thomas Shannon (considerado como articulador del
"diálogo" con Chávez) como embajador de EEUU en Brasil, o de Arturo Valenzuela
(que consideran en la misma línea de Shanon), el profesor chileno nominado como
responsable del Departamento de Estado para asuntos hemisféricos.
Esta semana, en un "gesto
simbólico" contra el gobierno de facto de Tegucigalpa, el departamento de Estado
ha revocado los visados diplomáticos de cuatro altos cargos del gobierno
golpista, lo que desató nuevamente la ira de los halcones parlamentarios.
Según Connie Mack, diputado
republicano por Florida, la táctica de cancelar visados "parece un intento de
intimidar y de manipular el resultado" de la actual crisis en Honduras.
El senador DeMint, que cobra un
perfil mediático cada vez más destacado en la oposición a la administración Obama, señaló que esta presión contra el gobierno golpista de Micheletti
juega a favor de los gobiernos "rebeldes" de Venezuela, Cuba y Nicaragua.
Operaciones cruzadas
En la guerra desatada entre Obama
y el Departamento de Estado, por un lado, y los halcones republicanos y el
Pentágono, por otro, ambos "frentes" no ahorran munición en sus
operaciones mediáticas de acción psicológica.
El fin de semana pasado, desde las
usinas del Departamento de Estado salió un "comunicado" que anunciaba que
el ejército hondureño respaldaba las "negociaciones de unidad" con el retorno de
Zelaya al gobierno, las que inmediatamente fueron desmentidas por el jefe del
estado mayor golpista,
general Romeo Vásquez.
Las usinas conservadoras, entre
ellas The Wall Street Journal, señalaron que desde el Departamento de Estado salían
versiones orientadas a "fracturar" a las fuerzas armadas y al gobierno de
facto de Micheletti.
Según una
fuente citada por el diario Clarín, los representantes del
Partido Republicano que viajaron a Tegucigalpa liderados por el diputado Connie
Mack de la Florida para apoyar a Micheletti, se reunieron el domingo pasado en la
embajada de EEUU en Tegucigalpa con miembros prominentes del establishment
conservador hondureño.
"Mack informó luego que los
presentes están convencidos que Micheletti aceptaría abandonar la presidencia,
pero no que Zelaya regrese para instalarse en ella. Entonces una posibilidad es
que Micheletti se retira, Zelaya regresa. Gobierna por una semana o dos. Y
nombra un presidente interino hasta las elecciones que podrían tener lugar en
octubre", dijo la fuente citada por Clarín.
El jueves,
The New York Times, que apoya editorialmente a Obama, destacó que Micheletti
tomó una posición diferenciada del resto de su gobierno y que
aceptaría a Zelaya reinstalado en el gobierno para cumplir el período faltante.
El jueves,
el embajador de Estados Unidos en Tegucigalpa, Hugo Llorens, confirmó que se
reunió con el presidente depuesto Manuel Zelaya durante tres horas en las
afueras de Managua.
"Hemos tenido oportunidad de hablar del panorama político y la forma en
que está trabajando la comunidad internacional para restaurar la democracia en
Honduras", dijo Llorens tras el encuentro pero no dio ningún detalle sobre el
mismo.
De acuerdo con la versión del Times Roberto Micheletti "ha expresado su apoyo al
compromiso propuesto por el presidente costarricense Oscar Arias que
permitiría al presidente derrocado retornar al poder".
Según la enviada especial del New York Times a Tegucigalpa, Ginger Thompson,
Micheletti llamó a Arias el miércoles para transmitirle su apoyo al plan de
negociación advirtiéndole, sin embargo, que su posición no es compartida por
otros actores del golpe.
En la
misma versión, el presidente de facto le solicitó, por su parte, a Arias que
envíe a Tegucigalpa un representante internacional (se barajó el nombre de
Enrique Iglesias, el ex presidente del BID) o una comisión de notables para
ayudarlo a lograr la conciliación nacional.
Un diplomático latinoamericano de la OEA -citado por la corresponsal en
Washington del diario Clarín- dijo que la posición de Micheletti comenzó a
cambiar cuando la propuesta de Arias, que tenía inicialmente 7 puntos, pasó a
tener 12 e incluyó un punto que dice expresamente que si Zelaya regresa al poder
no podrá volver a intentar una reforma de la constitución.
En una
nueva movida del Departamento de Estado contra los halcones de Washington, el
jueves el embajador de EEUU en Tegucigalpa, Hugo Llorens, confirmó que se
reunió con el presidente depuesto Manuel Zelaya durante tres horas en las
afueras de Managua.
"Hemos tenido oportunidad de hablar del panorama político y la forma en
que está trabajando la comunidad internacional para restaurar la democracia en
Honduras", dijo Llorens tras el encuentro.
En la
realidad -y como producto de las presiones de uno y otro lado- las negociaciones
de Zelaya con los golpistas siguen paralizadas.
En lo que
parece ser -según la BBC- un intento de ganar tiempo, el gobierno
de facto de Honduras expresó que desea iniciar un diálogo dentro del país para
resolver la crisis que fue generada tras el golpe de Estado que expulsó a Manuel
Zelaya de la presidencia y del país.
Según la
BBC, aparentemente cediendo a la presión de Estados Unidos, Micheletti afirmó
este jueves que muchos hondureños podrían jugar un papel clave en la búsqueda de
una solución a la crisis que vive el país.
Aún así
-según la cadena-, el gobierno interino,, mantiene firme su oposición al
regreso de Zelaya al poder, elemento que es parte de la propuesta de acuerdo
que presentó el presidente Arias.
En términos de la realidad el conflicto parece no tener solución a la vista.
Los demócratas, con Obama y el
Departamento de Estado, apuestan a una "salida negociada" con Zelaya
presidiendo un "gobierno de unidad" hasta las elecciones, y los republicanos,
con los halcones conservadores del Pentágono, quieren que Micheletti sea
quien convoque a elecciones sin la presencia de Zelaya en el gobierno.
En
consecuencia las operaciones de acción psicológica (vendidas como "información
objetiva") continúan alimentando la chismografía de los medios de comunicación
que toman posición por uno u otro lado de la guerra interna de
republicanos y demócratas por el control del proceso hondureño.
Una guerra
que ya asomó a la luz pública con la carta de los halcones parlamentarios al
Departamento de Estado.