Para Obama, en cambio, "Hemos parado la caída libre.
El mercado está subiendo y el sistema financiero ya no está al borde del
colapso. Eso es verdad. Estamos perdiendo empleos a casi la mitad de la tasa de
cuando yo asumí el Gobierno hace seis meses", dijo en un encuentro comunitario
en la localidad de Raleigh.
"Hemos visto que el precio de las viviendas sube por primera vez en tres años.
Así que no hay dudas de que las cosas están yendo mejor. Podemos estar viendo el
principio del final de la recesión", afirmó.
Contradiciendo al Presidente, un
informe de la Reserva Federal publicado el miércoles señaló que los
mercados laborales e inmobiliarios en EEUU permanecen débiles y las
condiciones crediticias siguen siendo restrictivas.
El Libro Beige es un resumen de
las condiciones económicas regionales para ser utilizado en la próxima reunión
de política monetaria de la Fed, que se realizará en agosto. La información
incluida en el informe del miércoles fue recopilada hasta el 20 de julio.
El informe previo, que cubrió el período entre mediados de abril y mayo,
mostró un tono más pesimista que lo esperado: sólo cinco de los distritos
informaron que la tendencia bajista estaba mostrando señales de una moderación.
Pese a los datos anecdóticos "alentadores" de Obama, es evidente que la economía
estadounidense continúa haciendo frente a problemas severos, particularmente
en los mercados inmobiliario y laboral. Por ejemplo, la mayoría de los
distritos registró debilidad en los mercados de bienes raíces residenciales,
según la Fed.
Además, los mercados de bienes
raíces comerciales continuaron debilitándose en los últimos meses en dos
terceras partes de los distritos.
A esto se agrega que la mayoría de los distritos informó una "actividad
minorista floja". En tanto, las regiones de Cleveland, Richmond y
Minneapolis anunciaron nuevas caídas en las ventas.
Según el informe oficial, se observó una demanda más débil para algunas
categorías de préstamos en los distritos de Nueva York, Cleveland, Richmond, St.
Louis, Kansas City y San Francisco.
En resumen, y de acuerdo con el
informe de la Fed, y
aunque el ritmo de descenso económico parece haberse "desacelerado", el mercado
laboral continúa debilitándose, los mercados financieros permanecen bajo tensión
y las condiciones crediticias siguen siendo inferiores a lo normal.
Como
un reflejo de esta realidad, el miércoles
Wall Street cerró a la baja por temores sobre
el "estado de la economía", según los medios especializados.
Un informe de la
Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés),
una entidad sin fines de lucro que determina cuándo EEUU cae en una recesión,
señala que el declive actual empezó hace 19 meses, en diciembre de 2007. Eso
hace que la recesión actual sea más larga que la de 1973-75 y la de 1981-82,
que duraron 16 meses.
La tasa de desempleo -según el
documento- se está acercando al pico registrado en la recesión de 1981-82
y la magnitud de la pérdida de trabajos es la peor desde la recesión de
1948-49.
La caída en el Producto Interno
Bruto es la más profunda desde la crisis de 1957-58 y los estadounidenses no han
visto su fortuna personal evaporarse tanto desde la Gran Depresión.
La NBER define una recesión como "un declive significativo en la actividad
económica por más de unos cuantos meses".
Entre los datos que la NBER
considera están el PBI (producto bruto interno) y el empleo, así como los
ingresos, las ventas y la producción industrial.
En junio, la tasa oficial de desempleo alcanzó 9,5% en EEUU. Pero la mayoría de los
economistas pronostica que seguirá escalando incluso luego de que la recesión
acabe porque las empresas seguirán siendo reacias a contratar.
Como detalle agravante,
la economía necesita añadir unos 100.000 empleos al mes para compensar el
crecimiento de la población.
Aunque la tasa de desempleo aún no ha llegado al nivel de principios de los años
80, las pérdidas de empleo asociadas con esta recesión ya son más profundas
porque la crisis empezó con una tasa de desempleo menor que la de la crisis de
1981-82.
El mes pasado, había 6,7
millones menos de estadounidenses con empleo que en diciembre de 2007, cuando el
empleo estaba en su mayor nivel, una caída de 4,7% frente al 3,1% de 1981-82.
"En términos de empleo, ahora estamos peor que en 1982 y estamos por eclipsar la
peor recesión de posguerra, que fue en 1948", dice Bob Hall, un economista de la
Universidad de Stanford que dirige el grupo de la NBER, que determina las fechas
de las recesiones.
Según The Wall Street Journal, los
préstamos continúan en desaceleración a medida que los bancos y los deudores
se abstienen de asumir riesgos, algo que constituye una señal pesimista para la
economía.
El monto total de préstamos en los libros de 15 grandes bancos de EEUU disminuyó
2,8% en el segundo trimestre, y más de la mitad del volumen de préstamos en
abril y mayo provinieron del refinanciamiento de hipotecas y la renovación de
créditos a empresas y no de nuevos préstamos, según un análisis de The Wall
Street Journal.
Las cifras resaltan dos tendencias
relacionadas que pesan sobre la economía. Las instituciones financieras
restringen sus créditos para conservar capital como protección contra la
acumulación de pérdidas por préstamos tóxicos. La demanda de créditos cae a
medida que las compañías cancelan planes de expansión y los consumidores
recortan sus gastos para superar la recesión.
La combinación hace más difícil una recuperación de la economía estadounidense y
algunos analistas pronostican que los portafolios de préstamos no empezarán a
crecer hasta el segundo semestre de 2010, señala el Journal.
"Esta no es una crisis normal.
Estamos ante una crisis financiera y las crisis financieras se distinguen de las
crisis económicas en tres aspectos: la caída de los mercados de renta variable
es superior, el PIB y el empleo caen de manera más profunda y la deuda del
Estado se dispara (la recaudación baja de manera drástica mientras el Estado
aplica medidas de gasto contracíclicas para intentar aliviar la recesión),
señala el diario Expansión.
"Añadamos a lo dicho que tenemos un alto endeudamiento de las familias (un 130%
del PIB) y viene un largo proceso de "desendeudamiento" que detraerá el
consumo durante bastantes años; que sufrimos un elevado déficit por cuenta
corriente ahora solo maquillado porque se han hundido las importaciones por el
frenazo de la demanda interna (la caida de las exportaciones en 2009 es de un
22,8%)", añade.
En este escenario, los
niveles de aprobación del presidente Obama han ido cayendo gradualmente, ante la
duda de los estadounidenses sobre sus políticas económicas.
Según una encuesta
de la Radio Pública Nacional, el 45 por ciento de los encuestados creía que sus
políticas económicas han ayudado a evitar que la crisis empeore y están
estableciendo las bases para una recuperación eventual, mientras que el 48 por
ciento pensaba que sus políticas han producido un déficit federal récord y
además no han conseguido evitar la recesión ni frenar el ritmo de pérdida de
empleos.