(IAR
Noticias)
19-Junio-09
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El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama (c), fotografiado durante
la reunión que mantuvo con el secretario del Tesoro, Timothy Geithner (i) y el
presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke (d), en la sala Roosvelt de la
Casa Blanca (Foto EFE) |
El gobierno del presidente Obama anunció el miércoles el programa regulatorio
para el sistema financiero. La retórica es que se quiere convertir al sistema
bancario y bursátil en un sistema financiero "aburrido". Con eso se quiere
anunciar que ese terreno dejaría de ser el campo de aventuras de fondos
predadores e inversionistas tiburones. Pero no hay que estar tan seguros.
Por
Alejandro Nadal - La Jornada, México
El plan de rescate bancario de la administración de Obama, diseñado por su
secretario del Tesoro, Timothy Geithner, es un indicio de lo que viene. Es
opaco, sesgado y costará al fisco más de un billón (castellano) de dólares. En
definitiva, beneficia a los que provocaron la crisis.
El Plan Geithner tiene dos componentes. El primero está orientado a la compra
de cartera vencida e incobrable que forma parte de los activos de los bancos.
En principio, este programa está abierto a todo tipo de participantes en el
mercado. Pero aunque este problema de cartera chatarra es un obstáculo para el
buen funcionamiento de los bancos, la dificultad más seria está en otra parte.
El segundo componente del plan es para quitarle a los estados financieros de
los bancos toda la pesada carga de derivados tóxicos que están detrás de esta
crisis. Esos derivados (títulos respaldados por hipotecas, swaps de deuda
incobrable, etcétera) son los activos tóxicos de los que tanto se habla. Su
valor es más incierto que el de la cartera vencida. Se ramifican por todo el
sistema bancario y financiero de Estados Unidos (y del mundo) y establecen
conexiones entre bancos y el sistema financiero no bancario. Eso hace que el
segundo componente sea tan vulnerable a la colusión (quizás para eso fue
diseñado).
Las principales características del Plan Geithner lo hacen el lado más oscuro
de la estrategia de la Casa Blanca para enfrentar la crisis. En primer lugar,
esta parte no está abierta a cualquiera: sólo podrán participar cinco
administradores de fondos privados. Y aunque se ha insinuado que serán
seleccionados en una especie de concurso, la realidad es distinta. Los
requisitos para ser uno de esos cinco administradores afortunados son muy
restrictivos: para ser seleccionado debe tener bajo su responsabilidad o
control más de 10 mil millones de dólares de activos tóxicos y debe demostrar
la capacidad de obtener otros 500 millones de dólares.
Pocos fondos administradores pueden jactarse de llenar esos requisitos. Lo que
se comenta en los blogs financieros es que Timothy Geithner, con el visto
bueno de Obama, debe haber hablado ya con los cinco fondos que van a entrarle
a esta parte del plan. Entre esos administradores se mencionan Blackrock,
Franklin Templeton, Pacific Investmnent, Western Asset y Pimco.
En segundo lugar, el apalancamiento permitido es todavía más fuerte. Un
ejemplo permite aclarar esto. Para adquirir derivados tóxicos, el fondo
administrador aporta, digamos, 500 millones de dólares. El Tesoro contribuye
con otro tanto y se crea una entidad especial con capital de mil millones de
dólares (mmdd). Esa entidad recibe ahora un préstamo del Tesoro equivalente a
100 por ciento de lo que ya es su capital: tiene entonces 2 mmdd. Digamos que
ahora desea adquirir derivados tóxicos por 50 mmdd, y para ello solicita y
recibe un préstamo de la Reserva Federal por 48 mmdd. El apalancamiento es
colosal.
Algo de aritmética permite desentrañar los rendimientos y la distribución de
riesgos que entraña esta operación. Si al final los derivados tóxicos tienen
un valor superior al de esta inversión, los préstamos se restituyen y los
dividendos se dividen entre el administrador privado y el Tesoro en función de
sus aportaciones. Los rendimientos serán más o menos jugosos. Pero si hay
pérdidas, y lo más probable es que así ocurra, el Tesoro y la Reserva Federal
(respaldada en última instancia por el mismo Tesoro) son los que reciben el
golpe duro, mientras que los bancos habrán recibido dinero fresco en
cantidades astronómicas. La carga de estos derivados tóxicos será trasladada a
los causantes sin autorización expresa del Congreso estadounidense (lo que
confirma la similitud con el Fobaproa mexicano).
Finalmente, el Plan Geithner para derivados tóxicos abre la puerta a la
colusión. Los actores participantes tienen todos los incentivos para estar
coludidos y pasarle una carga extra al fisco. Cada uno de estos
administradores ha otorgado préstamos a los bancos con problemas (por ejemplo,
a Citigroup) y desde esa perspectiva tiene un incentivo perverso en tratar de
que esos bancos vendan sus activos al mayor precio posible, porque eso permite
sanearlos más rápido. Por otra parte, el número reducido de actores (los cinco
administradores privados) hace posible el contubernio.
Se dice que del nuevo marco regulatorio depende la recuperación económica y la
forma de sistema financiero que tendrá la economía estadunidense en el futuro.
Pero no hay que esperar tanto tiempo para ver que Timothy Geithner tiene cinco
amigos y Obama no es uno de ellos. |