Empecemos por el final: "Con la
seguridad nacional de EEUU, no se jode". Ese es el mensaje, tácito,
sobreentendido, contundente, que republicanos y demócratas, unidos en el Senado,
dieron a Barack Obama al negarle el miércoles los US$ 80 millones solicitados
para el cierre de la prisión de Guantánamo.
De esta manera, ambos partidos, que
se turnan cíclicamente para administrar la Casa Blanca imperial para los grandes
intereses económicos sionistas que controlan el planeta, marcaron el límite
existente entre el discurso de campaña electoral y la realidad de los
intereses estratégicos del Estado USA que siempre empieza y termina por
su "seguridad nacional".
Pero demócratas y republicanos
avanzaron en otro tácito mensaje a Obama: Pese a desaprobar los fondos para
Guantánamo, dieron luz verde a una partida de US$ 91.300 millones destinados
a financiar las ocupaciones militares de Irak y Afganistán.
El mensaje sobreentendido es obvio:
Para "combatir al terrorismo" hay fondos, para "liberar terroristas", no.
"El factor miedo -siempre latente y
poderoso factor en la formación de la opinión pública estadounidense desde los
atentados de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York- se ha convertido en
el principal escollo para el cierre de la prisión de Guantánamo propuesto por
Obama", señala la cadena BBC.
Los demócratas dicen que no se oponen
al cierre , pero su problema es "qué hacer" con los "peligrosos terroristas"
detenidos en Guantánamo --una prisión de alta seguridad de la cual nadie puede
escaparse--, ya que serían redistribuidos por distintos penales de EEUU poniendo en
riesgo innecesario la seguridad nacional.
Cheney, jefe del lobby judío neocon
que motorizó la "guerra contraterrorista" a escala global, puso su granito de
arena al afirmar que el cierre de Guantánamo equivale a "llenar de
terroristas el patio interno".
"Es fácil recibir aplausos en Europa
sobre el cierre de Guantánamo, pero es más complicado hallar una alternativa que
combine justicia con los intereses de la seguridad nacional" sintetizó Cheney.
Para quien fuera el segundo de Bush, no hay manera de sintetizar las demandas de
los grupos "liberales" a favor de los derechos humanos y las de los
conservadores por políticas que garanticen mayor seguridad, porque "medidas a
medias nos dejan medio inseguros".
Los demócratas, siente escozor y
temor de ser crucificados como "traidores a la patria" por los
republicanos y las poderosas usinas del lobby de las armamentistas y del
Complejo Militar Industrial.
Desde el 11-S hasta aquí, los
demócratas hicieron su juego de "oposición" contra la administración
republicana de Bush, pero nunca interfirieron en su política militar: Votaron en
el Congreso las invasiones de Irak y Afganistán y todos los presupuestos
destinados a financiar la "guerra contra el terrorismo" a escala global.
Y de ninguna manera --como sostiene
The Washington Post-- quieren quedar "pegados" en una política de
"liberación
de terroristas" que consideran innecesaria y peligrosa.
Para hacer marketing electoral y
apoderarse de la Casa Blanca, durante la pasada campaña presidencial, Obama y los
demócratas se metieron con los dos elefantes sagrados de la política exterior
del Imperio USA: La CIA y la "guerra contraterrorista".
A Obama,
y al lobby judío bancario que lo controla, no se les ocurrió mejor idea para
juntar votos y construir al "presidente negro" que prometer "investigar" los
métodos de la CIA (léase torturas) para arrancar confesiones a los sospechados
de "terrorismo", y cerrar la prisión de Guantánamo donde se encuentran detenidos
los que la Casa Blanca califica como "peligrosos terroristas" acusados de
perpetrar los más sonados atentados en Europa y EEUU.
La
"promesa" electoral provocó un sentimiento encontrado en el Imperio: La masa
"progre" demócrata, hispanos y negros (inspirados por los "derechos humanos" y
el "pacifismo") cerraron fila alrededor de Obama, mientras que la sociedad
conservadora norteamericana se atrincheró como siempre del lado de la defensa de
la "seguridad nacional", representada en la candidatura del militar John
McCain.
La
percepción mundial (simplista y absurda) que sembraban las grandes cadenas
mediáticas imperialistas era que, si ganaba Obama, ganaba la "paz y la
democracia", y si triunfaba McCain, continuaban la "guerra y el
autoritarismo" (clásicos ejes de la falsa guerra entre la "izquierda" y la
"derecha")
Contabilizados los votos, Obama se coronó presidente, y, creyendo que se trataba
de un "trámite formal", firmó la disolución de la prisión de Guantánamo y
la puesta de marcha de las investigaciones (con revelación de imágenes de
pruebas) de las torturas de la CIA en Irak, Afganistán y otras zonas de
ocupación.
Curiosamente (y como parte de su personalidad desdoblada en el discurso),
mientras Obama ordenaba terminar con los símbolos mediáticos más emblemáticos de
la "guerra contraterrorista" (Guantánamo y la torturas de la CIA), su nueva
administración ratificaba en todas sus líneas la política "antiterrorista" de
Bush a escala global.
Durante
sus primeros 100 días de gobierno, y mientras reafirmaba en sus discursos la
"renuncia de EEUU a su rol de potencia imperial dominante", Barack Obama decidió
profundizar la ocupación militar enviando más tropas a Afganistán, elevar el
presupuesto militar estadounidense a niveles récord, e imponer (a través del
G-20 y el FMI) un nuevo plan de endeudamiento para hacer pagar la crisis
financiera imperial a los pueblos de Asia, África y América Latina.
La realidad, marcada por las verdaderas necesidades del Imperio USA, pulverizó
aceleradamente el marketing discursivo de Obama y mostró con crudeza a sus
apologistas que su
administración -a la hora de ejecutar- es una continuidad en todos los campos de
las políticas desarrolladas por la presidencia de Bush.
La decisión de continuar
la guerra contra el "terrorismo", la escalada militar y las masacres de civiles
en Afganistán y Pakistán, la vuelta atrás en la investigación de las torturas de
la CIA, la aplicación de las mismas políticas de Bush con Irán, en el Cáucaso y
en Medio Oriente, y la restauración de los juicios militares a "terroristas",
señalan con claridad el verdadero rumbo de la nueva administración en la Casa
Blanca.
Como contracara de la
continuidad "militarista" (y para preservar su "imagen" interna) al asumir, Obama anunció la prohibición total de
la tortura, prometiendo
perseguir judicialmente a los responsables de autorizarla y practicarla
desde el 11-S, la
clausura de las prisiones utilizadas por la CIA en el extranjero, el
cierre de la prisión de Guantánamo y la suspensión por tres meses de los
juicios militares.
Las estructuras militares y económicas del poder
imperial (los dueños de la Casa Blanca) encendieron las luces rojas y desde la Corte
Suprema de EEUU hasta todos los organismos intervinientes boicotearon los
planes de Obama obligándolo a dar marcha atrás con los juicios a los
agentes de la CIA y a restaurar los juicios militares en Guantánamo.
Obama (en un último intento por
mantener la fachada de sus promesas) volvió a escudarse en el doble discurso
mediático para anunciar que mantendría su palabra de "cerrar Guantánamo".
La nueva "promesa" le duró solo unas horas.
El
miércoles, el nuevo CEO imperial (casi sin experiencia de gestión) recibió un
mensaje contundente del "poder real" motorizado a través de
demócratas y republicanos unidos en el Congreso: No hay plata para Guantánamo.
En
otras palabras, le dijeron: Se terminó la campaña presidencial, se terminó el
marketing electoral con Guantánamo y con las "torturas" de la CIA.
Si
el lobby judío bancario liberal que controla a Obama no "registra", el próximo
mensaje puede ser un juicio político, como sugieren veladamente algunos medios
norteamericanos
Ya
hay jurisprudencia asentada: En EEUU se jode casi con todo, menos con la
"seguridad nacional" del Imperio.