ale una aclaración previa: Las
corporaciones transnacionales que controlan los procesos productivos, el mercado
interno y el comercio exterior en los distintos rubros de la economía de EEUU,
son las mismas que lo hacen en Europa y en las llamadas economías del
G-20 (países ricos + países emergentes), de las potencias centrales y de los
países "emergentes" con China la cabeza.El Grupo
de los 20, o G-20, es un grupo líder de países (del modelo globalizado de
economía capitalista) formado en 1999 por los ocho países más industrializados
(G-8), los once países con las principales economías emergentes de todas las
regiones del mundo, y la Unión Europea como bloque.
Al G-8
(formado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino
Unido y Rusia), se le agregaron estos once países: Arabia Saudí,
Argentina, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, México, República de
Corea, Sudáfrica y Turquía, así como el representante de la presidencia de turno
de la Unión Europea.
Fue el G7 el que lanzó en 1999 la
iniciativa de crear el G20: a raíz de las crisis financieras que estallaron
sucesivamente en Asia, Rusia y América Latina, el grupo de países ricos quería
crear una instancia donde pudiera trabajar junto con las potencias emergentes
para evitar esas turbulencias.
Junto, el
G-20 representa más del 85 % del PBI mundial y concentra el nivel de decisión
sobre todas las líneas de importación y exportación del comercio mundial,
lo que lo convierte en la columna vertebral del sistema económico
capitalista globalizado.
Según sus fundadores, el G20
representa el "90% del Producto Bruto Interno (PBI) mundial, el 80% del comercio
internacional (incluidos los intercambios al interior de la UE) y las dos
terceras partes de la población mundial", lo cual le otorgan un fuerte peso
político y legitimidad.
Asociados
por una red de vasos comunicantes a escala global, una primera línea de
100 bancos y corporaciones capitalistas transnacionales que lideran las
cotizaciones del Dow Jones en Wall Street, del Nike en Japón, y de
los índices que componen las distintas plazas financieras del euro, actúan
simultáneamente como polos hegemónicos del desarrollo económico dentro de los
países que integran el G-8.
Esta
realidad operativa de la economía capitalista "trasnacionalizada"
transforma a los países del G-20 (tanto centrales, como emergentes o
subdesarrollados) en gerencias de enclave de los bancos y corporaciones privadas
que actúan a escala planetaria, y convierte a sus bancos centrales en
reguladores de la crisis financiera recesiva que azota y se expande por el
planeta.
Pero el
G-20 no es un bloque unido por objetivos comunes, sino que actúa como una
corporación central del sistema dominante internacional marcada por profundas
contradicciones de luchas intercapitalistas por el control hegemónico, hoy
en manos de EEUU, que se define como potencia locomotora, y con su divisa (el dólar)
que cumple el rol de moneda patrón de las transacciones y reservas
internacionales.
En julio de 1944, en la localidad norteamericana de Bretton Woods, New Hampshire,
los representantes de 44 países habían acordado las bases de una nueva
"institucionalidad internacional" con el imperio USA y su moneda (el dólar)
como potencia regente, y las naciones centrales del viejo imperio europeo
acopladas como vagones del "nuevo orden internacional".
Con la
caída de la URSS, a principios de los 90, el eje USA-Europa institucionalizó su
rol dominante con la creación del G-8 (los ocho países más ricos), al que luego
se acoplaron los 11 países emergentes, principales ganadores del
"modelo capitalista globalizado", con el boom agroexportador e importador
por un lado, y la "burbuja financiera" por el otro.
El colapso
financiero (con ruptura del modelo) que tuvo como epicentro a EEUU y Europa (el
bloque capitalista central) sirvió como argumento principal para que, tanto los
países emergentes como las potencias del euro, plantearan en el G-20 sus
diferencias con Washington en la resolución de la crisis y exigieran una
"reforma del sistema financiero internacional" hegemonizado por el dólar
USA.
Como reacción al colapso financiero en EEUU, países y gobiernos "emergentes" y
europeos (los propios socios de USA) comenzaron a cuestionar el liderazgo
económico de EEUU y a proponer políticas alternativas al "modelo estadounidense"
y a su divisa monetaria.
Según el
Banco Mundial y el FMI, más de un 70% de las reservas mundiales están en
dólares, frente a un 25% en euros de la Unión Europea, que también utiliza
el dólar. China, la tercera economía mundial, después de EEUU y la UE, tiene sus
reservas en dólares.
Un 80% de las transacciones
internacionales, un 70% de las importaciones mundiales y la casi totalidad del
comercio petrolero se realizan en dólares, según el Banco Mundial y el
departamento de Comercio estadounidense, lo que marca claramente la base
económica de la hegemonía imperial de EEUU.
La nueva cumbre del G-20 convocada
para este miércoles 1 de abril, en Londres, representa otro paso de las potencias
centrales del euro y de los países capitalistas "emergentes" liderados por China
para desplazar (o al menos quitarle manejo) a EEUU de la hegemonía del
control de las reglas del juego del sistema capitalista a escala global.
Pero nada indica que esta vez las
potencias "vagones" van a tener suerte en su nuevo intento de desplazar a
Washington y al dólar de las decisiones hegemónicas.
La nave insignia periodística del
capitalismo financiero sionista USA, The Wall Street Journal, señaló el
martes que
"Cuando las mayores potencias
económicas del mundo se reúnan en la cumbre del Grupo de los 20 esta semana en
Londres, los resultados probablemente serán muy inferiores a la amplia
reestructuración del sistema financiero global que el primer ministro británico,
Gordon Brown, imaginó inicialmente".
El Journal recuerda que hace seis meses, Brown hizo un llamado por "un
nuevo Bretton Woods, una nueva arquitectura financiera para los años venideros",
en referencia a los acuerdos alcanzados en New Hampshire en 1944, en los que
Estados Unidos, Gran Bretaña y sus aliados trazaron el nuevo orden económico
post-Segunda Guerra Mundial.
"Durante el fin de semana, la Casa
Blanca trató de distanciarse de sus otrora ambiciosos objetivos, restando
importancia a las metas de estímulo fiscal que le exigían a Alemania y otros
países europeos hace unas semanas y, en cambio, concentrándose en metas más
modestas, como nuevas reglas para los paraísos fiscales y una mayor coordinación
internacional para la regulación financiera", subraya el Journal.
En esa misma línea, el Financial
Times de Londres reveló el martes el borrador de la declaración final de la
cumbre donde se anticipa el fracaso de las potencias europeas, con
Francia a la cabeza, para imponer una reforma al sistema financiero regente.
En líneas generales -según el texto
del borrador del G-20- se impone la posición de Washington de "no innovar" en
la estructura del sistema financiero internacional y avanzar en cambio en
los sistemas de regulación e incentivos fiscales y monetarios para solucionar la
crisis financiera internacional
A fin de sostener los "beneficios de
la globalización y los mercados abiertos" (sin regulación como quiere EEUU) , el
texto reafirma "el compromiso asumido en Washington de no levantar nuevas
barreras a las inversiones o al comercio de bienes y servicios, (…) de no
imponer nuevas restricciones comerciales y de no crear nuevos subsidios a las
exportaciones".
El borrador compromete a los líderes a "notificar prontamente a los gobiernos y
a otras instituciones relevantes de cualquier medida que tenga el potencial de
causar distorsiones comerciales directas o indirectas" y que los gobiernos
"no se replegarán en un proteccionismo financiero".
De acuerdo con el Financial Times,
el lenguaje del texto, de nuevo, es suficientemente vago en materia de
regulación, lo que prácticamente no significa nada. El proyecto habla de
"regulación" y de "un marco supervisor y regulatorio más fuerte para el
futuro", pero no menciona ninguna reforma al sistema imperante en forma
explicita.
La anterior cumbre del G-20 en
Washington se declaró en noviembre contra el "proteccionismo". Pero desde
entonces el Banco Mundial contabilizó 73 instancias de proteccionismo por parte
de los miembros del grupo.
Para el diario londinense, nave
insignia del capitalismo financiero europeo, a juzgar por el borrador de
la declaración final de la cumbre del Grupo de los 20 (G-20) países
industrializados y emergentes, que se realizará este jueves en Londres, el
resultado más factible será la convocatoria de otra cumbre para este mismo
año.
O sea, en términos futbolísticos,
Washington ya habría conseguido "patear la pelota afuera" postergando cualquier
tratamiento de reforma al statu quo imperante, y, en consecuencia, boicoteando y
haciendo fracasar un acuerdo global intercapitalista para enfrentar la
crisis financiera y recesiva global.
Mientras tanto, p
royecciones
de organismos oficiales y de entidades privadas, así como los diagnósticos de
reputados especialistas coinciden en que la economía mundial ya ingresó en un
proceso de recesión mundial que se va a agudizar durante los años 2009 y 2010,
sobre todo en EEUU y en la Unión Europea (principalmente en los países del
Este), expandiéndose por Asia, África y América Latina con un pronóstico que
todavía no aparece claro.
De acuerdo con el último vaticinio
del Banco Mundial, la economía global se contraerá este año por primera
vez desde la Segunda Guerra Mundial.
Según el organismo internacional, a
mediados de este año la producción industrial se reducirá un 15% en
comparación con 2008, mientras que el flujo del comercio exhibirá su mayor
declinación en 80 años.
De acuerdo a Olivier Blanchard,
economista jefe del Fondo Monetario Internacional "La contracción en la demanda
"puede exceder cualquier cosa vista desde la Gran Depresión de los años 30".
Paralelamente, se contagia la
recesión a escala global y sube la
demanda del dólar en plena
agudización de la crisis financiera, mientras el euro (promocionado como su
"sepulturero") se desploma, en una clara señal de que los países y potencias
capitalistas (pese su doble discurso en los foros internacionales) lo consideran
como la única moneda segura.
En tanto
EEUU ya se ha convertido
en el epicentro del "peligro recesivo" a escala global, paradojalmente su
moneda, el dólar, ha experimentado una suba vertiginosa desde el estallido de
la crisis con quiebras bancarias, convirtiéndose en un "refugio seguro" para
los capitales que huyen de la crisis financiera.
Mientras
en la potencia regente se derrumban los bancos y estallan en rojo todos los
indicadores de la economía real, la escalada del dólar es la mejor prueba de que la moneda imperial
continúa siendo el único activo creíble para refugiarse en tiempos de crisis.
Esta situación y este escenario
internacional es lo que explica porque EEUU, con su economía colapsada, con su
imagen imperial en crisis, sigue imponiendo sus intereses por sobre las
contradicciones intercapitalistas del G-20.
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