n medio del colapso
recesivo (que ya devino en depresión económica mundial) los mercados financieros
cerraron el lunes un proceso encadenado de caídas con otro "gran estallido"
de Wall Street, con el Promedio Industrial Dow Jones derrumbándose por debajo de los 7.000 puntos por primera vez en 12 años,
y arrastrando en su
debacle a todas las bolsas mundiales.A tono con un escenario
internacional poblado de rumores sobre una "recesión prolongada", los
"inversionistas" se sumaron este lunes a una ola "vendedora" global que empezó
en Asia y se propagó a todos los sectores recalando finalmente en Wall Street
(la catedral financiera del mundo "globalizado"), desde las acciones
financieras hasta las de tecnología.
El Dow Jones perdió 4,2% para
quedar en 6.763,29 unidades, su nivel más bajo desde abril de 1997. El índice
perdió casi un tercio de su valor este año y más de la mitad desde su
máximo de octubre de 2007.
El índice Standard & Poor's 500 se
acercó peligrosamente a caer por debajo de los 700 puntos y cerró en 700,82
unidades, tras descender 4,7%, y el Índice Compuesto Nasdaq, donde predominan
las firmas de tecnología, declinó 4%.
El Dow, ha caído durante 10 de
las últimas 12 jornadas y ha perdido 7.401 puntos respecto a su máximo de 14.164
enteros alcanzado en octubre de 2007. Robert Pavlik, estratega jefe de mercado
para Banyan Partners LLC dice que sus clientes sienten más agotamiento que
temor. El sentimiento es "¿por qué debería saltar en frente de un tren?",
señala.
El estallido bancario y bursátil
continuado en EEUU y en las potencias centrales del "capitalismo
globalizado", señala claramente que la "burbuja financiera" desde hace rato está
bailando en el Titanic.
Por falta de "efectivo" en
ventanilla, finalmente la "economía de papel" hizo crash, chocó contra la
realidad, y comenzó a hundirse a la hora señalada ante la impotencia manifiesta
de sus creadores y sostenedores: Los Estados centrales del sistema capitalista.
Desde que estallara el colapso
bancario y bursátil en septiembre del 2008, el sistema nunca pudo
recuperarse, y finalmente la crisis de la "economía de papel" terminó
impactando en la "economía real", primero en las metrópolis imperiales de
EEUU y Europa, extendiéndose luego por toda la periferia "subdesarrollada"
y "emergente" de Asia, África y América Latina.
"Septiembre de 2008 marcó un
punto de inflexión en el proceso recesivo que se venía desarrollando en los EEUU
a lo largo de ese año: estalló el sistema financiero y la recesión comenzó a
extenderse rápidamente a nivel planetario al tiempo que se evidenciaban
síntomas muy claros de tránsito global hacia la depresión cuya llegada comenzó a
ser admitida desde comienzos de 2009", señala el analista económico
Jorge Beinstein.
"Ahora asistimos a un
encadenamiento internacional de derrumbes productivos y financieros acompañado
por una mezcla de pesimismo e impotencia en el mas alto nivel de las elites
dirigentes ante la probable transformación de la ola depresiva en colapso
general", agrega Beinstein.
La
filosofía especuladora del "apalancamiento" (una economía virtual montada sobre
el crédito y el endeudamiento) estalló cuando la "falta de confianza" de
los tenedores de bonos y acciones (el dinero de papel) los llevó a
"efectivizarlos" en dinero real.
Allí se
destapó la mentira y la falta de respaldo de centenares de billones de
dólares transferidos por asentamientos financieros y papeles que, cuando los
tenedores quisieron convertirlos en dinero contante y sonante se encontraron con
la sorpresa de que el efectivo no estaba donde debería estar: Los bancos.
Hay
expertos que sostienen que un equivalente billonario a más de un PBI de EEUU y
Europa juntos circula en papeles sin respaldo de la "burbuja financiera" que se
generó en Wall Street en la década del noventa desparramando ganancia
especulativa a escala planetaria.
Las
"súper-fortunas" personales, los "súper-activos empresariales" se nutrieron de
este macro-robo monumental del capitalismo financiero especulador que inventó
una economía paralela: La economía de papel.
Esa
economía es la que hoy está estallando junto con los macrobancos y macroempresas
que lideraron el desfalco capitalista y que hoy se encuentran con sus bóvedas
sobrecargadas de papeles sin valor: La chatarra de la "burbuja financiera".
La caída del sistema del
"apalancamiento financiero" (crecimiento de los negocios productivos y
comerciales mediante el endeudamiento financiero sin respaldo) dejó una
montaña de papeles inútiles llamados "activos tóxicos" que aún permanecen
en la cartera de los bancos y empresas que controlan los sistemas financieros y
económicos productivos de los países a escala global .
La "bicicleta financiera",
o rueda perversa de la especulación, dejó un cementerio de "activos tóxicos"
en poder de los bancos y las empresas que había diseminado la "burbuja" a escala
global..
"Los banqueros no los
"blanquean" por temor a mostrar que están quebrados", señala el analista de
izquierda Jorge Altamira. "Ningún capitalista quiere oficializar sus
pérdidas vendiendo los títulos sin valor que tiene en su propiedad, por lo
cual sobreviven con ayudas estatales o compras temporarias de los bancos
centrales", añade.
"Algunos estiman que si se
pudieran hacer las compensaciones entre negocios cruzados - lo cual simplemente
podría demorar algunos años-, la resultante neta serían aún unos 20 a 30
billones de dólares de deudas incobrables. El envío a pérdidas de todas
estas sumas llevaría a la quiebra a la mayor parte del capital mundial",
explica Altamira.
De acuerdo con Jorge Beinstein,
"El capitalismo financierizado había entrado en una fase de expansión
vertiginosa aplastando con su peso a todas las formas económicas y políticas. En
2008 los Estados centrales (el G7) disponían de recursos fiscales por unos 10
billones (millones de millones) de dólares contra 600 billones de dólares en
productos financieros derivados registrados por el Banco de Basilea a lo que es
necesario agregar otros negocios financieros, según algunos expertos la masa
especulativa global supera actualmente los mil billones de dólares (cerca de
20 veces el producto Bruto Mundial)".
|
 |
Las
señales claras del colapso generalizado (y permanente) de las bolsas
mundiales con Wall Street a la cabeza, es indicativo de que
la "burbuja financiera" del
capitalismo especulador sin fronteras, la reproducción del dinero por dinero el
mismo, se desmorona sobre las mismas lacras que inventó: El reinado del
"apalancamiento financiero" (el endeudamiento sin respaldo) y la
"economía de papel" fundada sobre el cadáver de la economía real.
Pérdida de confianza: Esa es la clave detonante de la fuga en masa del
dinero de las plazas financieras internacionales según los analistas de Wall
Street.
Y esa
pérdida de confianza por parte del "inversor" (particulares y bancos
especuladores) va invariablemente asociada a la pérdida del control de los
Estados imperiales sobre los sistemas financieros centrales.
En un ciclo de reproducción perversa
del "dinero por el dinero mismo" (transferencias informatizadas a escala
global) la dinámica de los grupos financieros súper-concentrados revela el
predominio del capital especulativo (dinero sin fronteras) sobre el
productivo, como dato más sobresaliente y distintivo de la llamada
"globalización" del sistema capitalista en decadencia.
Como se
sabe, y lo destacan una multitud de expertos, EEUU, la locomotora del sistema
capitalista "globalizado", sustituyó a la "economía real" por la "economía
bancaria", o sea, sustituyó a la "economía de los recursos genuinos"
(respaldados por la producción) por la "economía de los papeles"
(acciones de deuda sin respaldo) circulando por los mercados financieros
globales.
Durante
el proceso del "boom inmobiliario" en EEUU que devino en la "burbuja
hipotecaria" a escala global, la Reserva Federal mantuvo las tasas bajas,
las calificadoras otorgaron "credibilidad" y "seguridad rentable"
a los bonos, y la prensa financiera (a través de los analistas de
mercado) publicitó la ola inversora de la "burbuja hipotecaria" a escala
global.
Todo
estaba de "buena onda" y la acumulación capitalista funcionaba de
maravillas con la "burbuja" y el festival de bonos y acciones del negocio
inmobiliario de EEUU "globalizado" por medio de los grandes bancos y
fondos de inversión que los esparcían y le exprimían rentabilidas finaciera
escala global.
De
pronto llegó la "crisis", y desde septiembre del año pasado, la Reserva Federal
y las "autoridades monetarias" del capitalismo cambiaron de la "buena" a la
"mala onda": Comenzaron a subir las tasas e inyectar dinero en el mercado
para "salvar al sistema" mientras vaticinaban (y siguen vaticinando) sombríos
pronósticos para EEUU y la economía mundial.
En
resumen, y como resultante del proceso, los tenedores de los bonos subprime
"desvalorizados" comenzaron a venderlos en masa generando un colapso
generalizado (de todos los índices y acciones) de los mercados financieros
en EEUU, Europa, Asia y América Latina.
Los
gigantes bancarios e hipotecarios comenzaron a derrumbarse arrastrando consigo a
todo el sistema financiero imperial de EEUU y de Europa.
Y llegó
el "lunes negro" de septiembre de 2008 donde la quiebra del gigante
Lehman Brothers marcó el principio de un salto cualitativo: La crisis
hipotecaria devino finalmente en crisis del crédito caracterizada por una
iliquidez pronunciada y creciente del sistema financiero.
Y llegó la hora del "salvataje financiero".
Desde el
estallido financiero, los bancos centrales de EEUU, la Unión Europea, Suiza,
Canadá, Japón y Reino Unido se han visto obligados a reaccionar ante el
derrumbe bancario y hundimiento generalizado de las bolsas y a ejecutar una
nueva macro-operación rescate del sistema financiero afectado por un mal que
parece incurable: La iliquidez, convertida en el principal retroalimentador de
la crisis.
Paradojalmente, EEUU y la Unión Europea, exportadores universales de las
doctrinas de "libre mercado" y "libre comercio" tuvieron que acudir a la
regulación y al salvataje estatal de las entidades suprafinancieras para
salvarlas de la quiebra y recobrar la "gobernabilidad del sistema".
Para
Jorge Beinstein, "La intervención masiva del Estado como salvador supremo del
capitalismo y lo que estamos presenciando es la más completa ineficacia de los
Estados de los países centrales para superar la crisis. En realidad la avalancha
de dinero que arrojan sobre los mercados auxiliando a los bancos y a algunas
empresas transnacionales no solo no frena el desastre en curso sino que
además está creando las condiciones para futuras catástrofes inflacionarias,
próximas burbujas especulativas".
Para
Jorge Altamira el "salvataje" fracasó porque "el núcleo de la crisis sigue
allí, como desde el primer día. La masa de los llamados 'activos tóxicos'
continúa siempre en la cartera de los bancos, compañías de seguros y de
inversoras de capital, y de los fondos creados a la sombra de ellos. Los
llamados negocios derivados originados por estos pulpos suman unos 550
billones de dólares, o cuarenta veces la economía de los Estados Unidos".
Para Altamira, "La solución de
este problema pasaría por la nacionalización general de los bancos, pero
esto transfiere a la política, o sea al Estado, la tarea de arbitrar las
pérdidas y confiscaciones que, de cualquier modo, o invariablemente, deberá
sufrir el capital, tanto el pequeño como el más grande".
"El plan de relanzamiento
económico de Obama, que acaba de aprobar el Congreso norteño, no encara esta
situación: se trata de un plan de gastos y de rebaja de impuestos por apenas el
5,5% del PBI norteamericano para los próximos diez años, aunque el 80% de él se
consumirá en dos años".
"Pero la sola perspectiva de
una nacionalización está a punto de quebrar al 'establishment' norteamericano.
Esta es la crisis política de Obama", agrega Altamira.
En definitiva, el derrumbe "en
continuado" de los símbolos
quebrados de la "burbuja financiera" (los bancos y las bolsas de la la "economía
de papel") ya comenzó a escribir la palabra "crash" en el almanaque
del sistema capitalista nivelado como "civilización única" a escala global.