El presidente de Irán, Mahmud
Ahmadineyad, bajo la amenaza de sanciones externas más duras y con una
conflictiva situación interna, partió el domingo hacia Sudamérica en búsqueda de
oxígeno para hacer frente a la presión de las potencias del Consejo de Seguridad
de la ONU.
Luego de rechazar la nueva propuesta para hacer más "transparente" su
programa nuclear, el mandatario iraní llegará el lunes a Brasil tras una breve
escala en Senegal, después viajará por primera vez a Bolivia y culminará su
periplo en Venezuela, su mejor aliado en la zona.
"Es una visita estratégica. Se van a concretar acuerdos y abrir otros campos de
colaboración y entendimiento con países que son amigos, tanto en el terreno
político como económico", explicó Ali Akbar Javanfaker, asesor de prensa
internacional de la presidencia iraní.
Desde su llegada al poder, en
2005, Ahmadineyad ha puesto particular interés en las relaciones con los
dirigentes latinoamericanos de izquierda. Esas relaciones son incluso
"fraternas" con el presidente venezolano, Hugo Chávez, uno de los
adversarios declarados de EEUU.
Esta ofensiva diplomática en Latinoamérica inquieta tanto a Estados Unidos
como a Israel, en medio de especulaciones respecto a la provisión posible de
uranio para el programa nuclear iraní por parte de Bolivia y Venezuela.
La prensa internacional controlada
por el sionismo ya empezó a difundir que el "objetivo no declarado" de
Ahmadineyad es buscar "nuevas vías de escape para no quedar aislado" y
conseguir nuevos mercados ante la amenaza de mayor aislamiento y sanciones más
duras, tras el rechazo del régimen iraní a la enésima propuesta nuclear.
La semana pasada, y ante la ausencia de una respuesta oficial, el presidente
estadounidense, Barack Obama, advirtió a Teherán que si mantiene su actitud
deberá hacer frente a las consecuencias.
En su visita a Brasil, a cuestión nuclear y la posibilidad de las sanciones serán dos de los
temas destacados en la reunión que Ahmadineyad mantendrá con su anfitrión, Luiz
Ignacio Lula Da Silva, confirmaron fuentes de las dos naciones citadas por
agencias.
"Queremos abrir una nueva fase en las relaciones y confirmar lo que ya tenemos.
Se tratará la relación bilateral, pero también cuestiones regionales e
internacionales y el tema de la energía nuclear", afirmó Javanfaker.
Irán confía en la postura de Lula, que defendió el derecho de Irán a la energía
atómica siempre que sea para uso civil y se mostró contrario a las sanciones
económicas a un país con el que Brasil desea ampliar al máximo su
relación comercial.
Diplomáticos brasileños destacados
en la capital iraní revelaron que uno de los asuntos a tratar durante la visita
serán los mecanismos para eliminar las trabas financieras que las sanciones
ponen al comercio bilateral.
El objetivo de Brasil a corto plazo es atraer a Teherán hacia la industria del
etanol y posicionarse de cara a entrar en el negocio de la aeronáutica en Irán,
en la actualidad sujeto a las sanciones internacionales, señalaron desde la
embajada.
Lula, que defiende el derecho de Irán de acceder a la energía nuclear
"pacífica", se declaró opuesto, en una entrevista con la AFP realizada en
septiembre pasado, a que se apliquen nuevas sanciones contra Teherán.
El presidente brasileño hizo un
paralelismo entre las presiones a Irán y las sanciones tomadas en 2002-2003 por
EEUU contra el Irak de Sadam Hussein con la excusa del presunto arsenal iraquí
de armas de destrucción masiva.
El jefe de Estado iraní, durante
su gira, visitará también Bolivia, Venezuela y, de regreso de Sudamérica
hará una nueva escala en Senegal,
indicó la presidencia iraní en su portal internet.
"En Bolivia pretendemos abrir una
nueva etapa en las relaciones y creemos que las perspectivas son buenas. Apoya a
Irán en muchas cuestiones y compartimos la idea de un mundo más equitativo",
apuntó el vocero de Ahmadineyad.
Ahmadineyad concluirá su gira sudamericana en Caracas, donde departirá con su
amigo y colega, Hugo Chávez, uno de los aliados más sólidos del régimen iraní.
El líder iraní, por su parte, fue uno de los primeros presidentes en apoyar la
denuncia contra la apertura de bases estadounidenses en Colombia.
Uno de los temas a tratar será la oferta de Chávez (que conmocionó a
Washington y Tel Aviv) de vender gasolina a Irán para hacer frente al posible
embargo de combustible que esgrime EEUU.
En Venezuela, la acogida de
Ahmadineyad será particularmente calurosa, dada la amistad que lo une con
Chávez. Los dos presidentes se reunieron en septiembre en Teherán. "La
colaboración entre las naciones revolucionarias, como Irán y Venezuela, es
necesaria en el periodo actual", declaró Ahmadineyad esta semana.
Para Chávez, la alianza
estratégica con Irán es un desafío más a EEUU.
El presidente venezolano mantiene
una alianza estratégica (de orden comercial y militar) tanto con Irán como con
Rusia y China, potencias capitalistas emergentes que compiten con el eje USA-UE
por el control de las redes energéticas y las reservas petroleras del triángulo
Eurasia-Cáucaso-Medio Oriente, en una versión aggiornada de la "guerra fría" por
áreas de influencia, esta vez protagonizada a niveles intercapitalistas.
En la visión de los halcones
del Pentágono y del Departamento de Estado USA, tenerlo a Chávez en Venezuela,
es como tenerlo a Ahmadineyad controlando el petróleo de Venezuela y
comprando aliados regionales con oro negro a precio preferencial.
En América Latina, la opinión
generalizada es que Washington se toma muy "en serio" las movidas rusas e
iraníes de "infiltración" en su patio trasero, ya sea por medio de la
venta de armas o de las alianzas comerciales, a las que en noviembre del año pasado se
agregó la presencia de la flota rusa en el Caribe.
Enmarcado en estos hechos,
el Pentágono y el Departamento de Estado ven como "potencial peligro"
(con posibles ramificaciones en otros países) el desembarco comercial-militar
del eje Rusia-Irán en América Latina utilizando a Venezuela como plataforma.