oscú,
además de ser un socio estratégico (militar y comercial) de Irán, tiene la
llave que abre o cierra el "éxito" o el "fracaso" de un ataque militar
militar sionista contra blancos nucleares y militares iraníes.
Esa llave (que desvela a los
estrategas y planificadores de Washington y Tel Aviv) es el sistema de misiles
antiaéreos S-300 que Moscú vendió a Teherán , y cuya entrega continúa en un
misterio, ya que Rusia niega su concreción y el régimen de Irán afirma que ya
están en su poder.
El carácter estratégico (en un
escenario de ataque sionista a Irán) que revestiría dicho sistema de defensa en
manos iraníes, genera presiones constantes a Moscú por parte de EEUU, Israel y
la Unión Europea para evitar que los misiles S-300 neutralicen el accionar de
los cazas y bombarderos sionistas en un hipotético raid contra las usinas
nucleares y las instalaciones militares de Irán.
Según analistas de Washington y Tel
Aviv, los temores de EEUU y del estado mayor militar judío no se centran
tanto en el contraataque sino en la capacidad defensiva de Irán.
Si en el primer escenario, con
un ataque demoledor sobre las instalaciones militares y nucleares iraníes, no se
consiguen los objetivos de paralizar la defensa iraní y destruir los blancos
nucleares buscados, se activaría un segundo escenario con una reacción
islámica generalizada (guerra irregular o asimétrica) contra diferentes blancos
de Israel y EEUU en la región.
En diciembre de 2005, Rusia vendió a
Irán 29 misiles Tor-M1, por valor de US$ 700 millones de dólares, y
posteriormente concretó otro contrato lde US$ US$800 millones, que prevé el
suministro de cinco sistemas S-300, cuya ejecución se aplaza por motivos
políticos, según Moscú.
Pero, en el complejo tablero
internacional de las negociaciones de Rusia y de EEUU en el marco de la nueva
"guerra fría", la operación de entrega se dilata en perjuicio del régimen de
Teherán.
Citado por RIA Novosti, el
profesor Gueorgui Mirski, del Instituto de Economía Mundial y Relaciones
Internacionales, señaló que el incumplimiento de plazos de suministro del
sistema antiaéreo S 300, quita a Irán la posibilidad de convertirse en
invulnerable frente a posibles ataques de Israel o de EEUU.
Según su descripción técnica
proporcionada por la Defensa rusa, el S-300 (SA-10 Grumble, según la OTAN) es un
sistema antiaéreo diseñado para proteger instalaciones militares y
centros industriales y de mando, de los ataques masivos desde el aire y el
espacio.
Es capaz de destruir todo tipo de
aviones, misiles balísticos y de crucero y teóricamente, puede atacar
objetivos terrestres.
La versión básica de S-300 incluye un
radar multifuncional, rampa de lanzamiento móvil y medios de localización de
objetivos y guiado. Está provisto de misiles de combustible sólido de una etapa
que alcanzan la velocidad máxima superior a 2.000 metros por segundo. Alcance:
de 3 a 150 kilómetros, altitud de destrucción de blancos: de 20 metros a 30
kilómetros.
El sistema S-300 es capaz de efectuar
el seguimiento simultáneo de 6 blancos y disparar contra ellos hasta 12
misiles a la vez.
Diversos funcionarios iraníes y
medios de comunicación internacionales anunciaron en más de una oportunidad que
Moscú procedió finalmente al envío de cinco sistemas de misiles S-300 a
Irán, pero la parte rusa siempre lo desmintió.
El jefe del Estado Mayor del Ejército
iraní, general Hasan Firuzabadi, admitió el pasado viernes que Rusia lleva medio
año retrasando la entrega de estos sistemas a su país. "¿Será que los rusos
ignoran la importancia de Irán para garantizar la seguridad geopolítica de
Rusia?" comentó el alto oficial iraní, citado por Fars News Agency.
En el pasado, militares iraníes rehusaban manifestar en público su malestar ante
las dilaciones que se producen en el contrato de los S-300.
Citado por RIA Novosti, un portavoz
de FSVTS, el organismo ruso para la cooperación militar técnica, eludió comentar
la situación pero una fuente del sector de Defensa familiarizada con los
detalles del asunto confirmó que la entrega de misiles estaba prevista
originalmente para marzo o abril de 2009.
La abstención rusa de suministrar
misiles antiaéreos S-300 a Irán pondrá en jaque varios proyectos económicos
civiles, además de perjudicar la imagen de Rusia como proveedora fiable de
material bélico considera Konstantín Makienko, del Centro Ruso para análisis
de estrategias y tecnologías.
En declaraciones que recogió el domingo el diario ruso Vedomosti,
Makienko explica la postura rusa por el relanzamiento de las relaciones entre
Moscú y Washington. En el pasado, EEUU e Israel exhortaron a Rusia a no
exportar dichos sistemas antiaéreos a Irán, recordó el experto.
La incertidumbre en torno al futuro de esta transacción pone en riesgo otros
contratos ruso-iraníes.
Varios medios rusos informaron que el
primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu estuvo de visita secreta en Moscú
en septiembre para solicitar a Rusia que no entregase a Irán sus misiles antiaéreos
S-300.
"El primer ministro Netanyahu viajó a
Moscú. Lo hizo a puerta cerrada. Fue su decisión", reconoció Medvedev en una
entrevista con la cadena de televisión estadounidense CNN en su
residencia de Barvikha, cerca de Moscú, cuya reproducción escrita fue publicada
en el sitio de internet del Kremlin.
¿Y qué puede pasar si los sistemas
S-300 rusos son instalados en Irán?
En primer lugar se reduciría en grados
notables la capacidad de destrucción de las usinas nucleares y de las
instalaciones militares de Irán por un ataque aéreo judeo-estadounidense, y se
crearían las condiciones para una respuesta iraní "fulminante" que
pondría a Medio Oriente en el tablero de una "guerra generalizada".
En segundo lugar, se potenciarían las
bajas de aparatos y aviadores israelíes (o norteamericanos) precipitando una
crisis en Washington y Tel Aviv, y se desdibujaría la posibilidad de una
reacción interna contra el régimen de los ayatolas, uno de los objetivos
centrales que guiaría una operación militar sionista contra Irán.
Esa es la explicación más coherente de
porqué el sistema S-300 ruso se ha convertido en la pesadilla de Washington
y de Tel Aviv.
Y esa es la explicación más lógica por la
cual Moscú se reserva una carta en la manga (para negociarla
oportunamente) reteniendo la entrega de los sistemas que harían invulnerable a
Irán frente a un ataque militar USA-israelí.
Con un agregado, también paradójico: Del
éxito o del fracaso defensivo de Irán depende en alto grado la estrategia rusa
en el "triangulo petrolero" Eurasia, Cáucaso y Medio Oriente.
Solo Irán puede cuidar las espaldas de
Moscú en su guerra (por ahora fría) con el eje USA-UE por el control de
las reservas petroleras y gasíferas claves para la supervivencia futura de las
potencias.
Esta es la hipótesis que hace pensar a la
CIA y a los servicios israelíes que el
sistema S-300 ya podría estar
desplegado en Irán.