En
la primera semana de enero de este año, Israel lanzó una operación de
exterminio militar aéreo denominada "Plomo Sólido" en Gaza, de tal
magnitud devastadora, que solamente en los primeros cinco minutos mató a más de
400 palestinos, entre ellos mujeres y niños, cuyos cuerpos fueron extraídos de
los escombros de los edificios públicos y viviendas aledañas destruidos por los
misiles.
La
operación de
masacre aérea, que luego se complementó con una invasión blindada terrestre, se
prolongó por 22 días consecutivos, con Gaza rodeada, sin agua, sin luz, sin
combustible, sin alimentos y con su población en estado de catástrofe
alimentaria y sanitaria.
La
expedición de exterminio contó con el silencio de los gobiernos mundiales (salvo
Cuba, Irán, Siria, Venezuela y Bolivia, que lo condenaron), y dejó como saldo
-según los datos oficiales- más de 1400 palestinos muertos, entre ellos
300 mujeres y 400 niños, y más de 5.000 heridos.
Ilustrando
la desproporción de fuerzas, la resistencia palestina, provista sólo de fusiles,
lanzagranadas y cohetes rudimentarios, produjo la muerte de 13 israelíes
reconocida oficialmente por el Estado judío.
Gaza,
rodeada por aire, por mar y por tierra, fue sometida a un bloqueo económico
genocida (cuyo saldo de muertes por efectos colaterales aún es
indeterminado), y casi la totalidad de su infraestructura y centros
gubernamentales fueron destruidos.
La tragedia humana (silenciada y
deformada por las potencias y las grandes cadenas mediáticas) desatada por el
exterminio militar israelí en Gaza no se definió en un escenario, sino en tres
escenarios simultáneos: A) La masacre militar de civiles, B) La
tragedia humanitaria con el bloqueo, C) La guerra asimétrica entre
Israel (el agresor) y Hamás (el agredido).
Estos tres escenarios, fueron
utilizados (sin éxito) por Israel como herramienta de presión bélica
para someter a Hamás y obligarlo a cumplimentar los dos objetivos estratégicos
centrales de la operación "Plomo Sólido": La firma de una tregua y de un
acuerdo duradero que asegure el final de los ataques con cohetes a las
ciudades israelíes.
Fue, objetivamente, tan alevosa y
destructiva la operación militar de Israel, tan evidente la situación de quién
asesinaba a mansalva y quién era asesinado, que ante el escenario lógico de los
hechos hasta para un un niño de 5 años hubiera estado claro quién era el el
asesino y quién la víctima.
Pero, lo que es lógico ante la sola
visión demostrativa de los hechos, para las potencias y los gobiernos mundiales
que integran la ONU adquiere otro significado: En Gaza no hubo un exterminio
militar unilateral, sino una "guerra" entre dos fuerzas con un mismo
poder de fuego.
No
obstante estar claros los roles del invasor (Israel) y del invadido
(el gobierno legitimo de Hamás), y no obstante estar clara la desproporción de
fuerzas (ataque de una superpotencia contra una guerrilla que defiende su
territorio), para la ONU y las potencias, en Gaza no hubo una operación de
exterminio militar indiscriminado, sino una "guerra entre Israel y Hamás".
Esta es la
tesis que trata de justificar
el Consejo de "Derechos Humanos" de las Naciones
Unidas que condena tanto a Hamás como a Israel por violación de derechos y
"crímenes de guerra" durante los sucesos de Gaza en enero pasado.
Con un
mandato del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la llamada comisión Goldstone
"investigó" las violaciones de las normas del derecho humanitario internacional
que Israel (el agresor) y Hamás (el agredido) pudieron infligir durante las
acciones "bélicas" ocurridas en la franja de Gaza entre el 27 de diciembre de
2008 y el 18 de enero de 2009.
El
farsesco informe -dirigido por el juez sudáfricano Richard Goldstone- recomienda
referir a Israel y Hamas a la Corte Penal Internacional, a menos que se
realicen investigaciones creíbles en un plazo de seis meses.
Sin
precisar la identidad del atacante y del atacado, las diferencias entre el
invasor y el invadido, el informe asegura que hay "pruebas de que los grupos
armados palestinos cometieron crímenes de guerra y tal vez crímenes contra la
humanidad" al lanzar ataques continuos con cohetes y morteros contra poblaciones
israelíes.
Las
autoridades palestinas, como primera medida, consideraron infundadas las
acusaciones expuestas en el informe contra Hamás, pero expresaron su apoyo a la
investigación sobre Israel propuesta por el juez Goldstone.
"De nuestra parte, en base a la nuestra legislación y las recomendaciones
Goldstone vamos a efectuar una investigación aunque consideramos que nuestros
activistas únicamente resistieron y se defendieron de los ataques de los
ocupantes", subrayó el asesor del gobierno palestino en Gaza Hahmed Yusef.
Como ya sucedió con las campañas mediáticas durante la masacre, hay una categoría central y un
punto de abordaje común que guía los objetivos del informe de la ONU que nivela
en la misma calidad de "criminales" a Israel y Hamás.
En definitiva, lo que Israel y las
potencias buscan es demostrar que en Gaza no hubo un extermino militar de
civiles cometido por Israel, sino una "guerra" entre Hamás e Israel, nivelados en la
misma capacidad de destrucción y de poder de fuego, aunque uno es una
organización de guerrilla urbana y el otro es una superpotencia militar con poder
nuclear.
Esto a su vez remite a una segunda categoría
de lectura:
En Gaza no hubo
una operación sistemática de exterminio militar por aire, por mar y por tierra,
de una superpotencia militar contra un pueblo indefenso y una guerrilla en
inferioridad de condiciones, sino una guerra entre
"iguales".
Se los equipara a Israel y a Hamás en la misma capacidad
de destrucción militar y se omite mencionar quién es
el atacante (el invasor) y quién el atacado (el invadido). Además el informe
excluye la desproporciona magnitud de la destrucción y los muertos entre
ambos bandos.
Lo que genera una tercera categoría de lectura:
En Gaza, tanto Israel
como Hamás, son culpables de la violencia y de la muerte. Tanto Israel como
Hamás matan por igual y en las mismas condiciones. Por lo tanto, lo que hubo
fue una guerra con "excesos" por ambas partes.
De esta manera, la ONU, saca a Israel
de su rol de potencia imperial agresora, y lava la cara de su operación
militar criminal de 22 días consecutivos, y esconde la verdadera naturaleza de
la matanza: Terminar con los que resisten a su política de ocupación en Gaza.
Israel
fracasó con la operación "Plomo Fundido", pero la ONU, servil como de costumbre,
no fracasó en su misión de convertir una masacre imperial de civiles en una
guerra protagonizada por fuerzas iguales.