El primer ministro
antisirio libanés, Saad Hariri, renunció el jueves al
cargo al fracasar en su intento de llegar a un acuerdo con los partidos de la
oposición (liderados por Hezbolá) para formar un gobierno de unidad luego de 72
días de negociaciones. El hecho disparó una crisis política.
"Espero que esta decisión permita que se retome el diálogo", dijo Hariri, que
trasladó así el espinoso tema al presidente, Michel Suleiman, quien debe
decidir ahora si llamar a formar un nuevo gobierno, incluso reiterando su
confianza en el renunciante, o convoca en cambio a nuevas elecciones.
El partido "prooccidental" de Hariri había sido la fuerza más votada en los
comicios del 27 de junio.
Para evitar conflictos, el hijo
del ex primer ministro asesinado Rafik Hariri decidió formar un "gobierno de
unidad" que incluyera al movimiento Hezbola y al partido del cristiano Michel
Aoun. Pero el jueves, su lista de ministros fue rechazada por Hezbolá, la
agrupación local apoyada por Irán y Siria.
Aunque ambos campos acuerdan en la fórmula de reparto de las carteras (15
ministros para la mayoría, 10 para la minoría y cinco ministros "neutros"
escogidos por el presidente), sus negociaciones están bloqueadas en los nombres
de algunos ministros y las carteras asignadas a la minoría.
El "gobierno de unidad" es una reivindicación de Hezbolá, que rechaza que la
mayoría apoyada por EEUU se atribuya las decisiones importantes en el país,
sobre todo en la cuestión delicada del arsenal del movimiento de resistencia
chií.
La mayoría antisiria acusa sobre todo a Aoun de obstaculizar la formación de
gobierno con la petición, entre otras, de mantener a su yerno, Gebrane Bassil,
al frente del ministerio de telecomunicaciones.