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Ehud Barak, ministro de Defensa, Tzipi Livni, ministra de
Relaciones Exteriores y el primer ministro Ehud Olmert. |
Algunos analistas y medios israelíes
coinciden en que la interna electoral complicó el primer tramo de la operación
contra Hamás y que la "opción militar" está impidiendo una salida diplomática
al conflicto como la que ya están proponiendo EEUU y los "socios" más
acreditados del eje sionista, como Egipto, Turquía y Francia.
En una editorial titulada "El
tiempo de la diplomacia", el diario Haaretz señala este
jueves al primer ministro Ehud Olmert y a la ministra de Relaciones Exteriores, Tzipi Livni
como los principales operadores de una continuidad y profundización de los ataques y bombardeos para terminar con las estructuras operativas de Hamás y derrocar a su gobierno.
Para Haaretz, la destrucción del
régimen de Hamás requiere un largo y desgastante conflicto y, como en el
Líbano, podría conducir a bajas y fracasos en el ejército israelí.
Además, señala el diario, sin Hamás,
Israel tendrá que tomar la "responsabilidad del bienestar y la seguridad de un
millón y medio de palestinos" en una administración civil que deje atrás los
días de las operaciones militares.
¿"Creen ellos que Mahmoud Abbas se
dignará a volver a la Franja de Gaza sobre la torrecilla de un tanque israelí"?,
se pregunta Haaretz.
Una porción importante de
medios y analistas judíos y estadounidense coinciden en que el desgaste y la falta
de credibilidad de Abbas en la propia Cisjordania, lo torna "descartable"
para asumir el poder en Gaza, con lo cual Israel, si destruye totalmente a Hamás, se verá obligado a contener un caos y un éxodo masivo de la Franja de
Gaza, misión para la que el Estado judío no está preparado.
El diario refleja una opinión
generalizada entre los opositores de la continuidad de las operaciones para
terminar con Hamás, según la cual, una desaparición del gobierno islamita
dejaría un caos incontrolable en Gaza cuyas organizaciones se enfrentarían
entre sí por el poder.
Claramente, los impulsores de la
"tregua humanitaria" -entre ellos Haaretz- descreen de una salida sin Hamás,
y sostienen que la actual operación ya dejó en situación de debilidad extrema a
su gobierno y que hay que avanzar en una negociación para arrancarle concesiones
como por ejemplo, la más importante, la detención de los ataques con cohetes
a ciudades fronterizas de Israel.
La tesis central de Haaretz y los
impulsores de la "tregua" es que hay que detener las operaciones antes de los
misiles destruyan totalmente la estructura administrativa del gobierno de Hamás
dejando un "vacío de poder" que resultaría infinitamente más costoso para
Israel, que debería asumir -sin estructura para ello- el control total de la
región.
El proyecto contenido en la "tregua"
propuesta por los moderados se trata claramente de un Plan B,
alternativo e intermedio al Plan A (la destrucción total de la
infraestructura de Hamás y su descabezamiento militar) propuesta por los "duros"
hoy encabezados por Olmert y Livni.
La experiencia de la operación
militar debería haber enseñado a los fabricantes de política que una
victoria militar no es una alternativa a una solución diplomática con un
conflicto, señala Haaretz en su editorial.
La pregunta que afrontan
nuestros fabricantes de política, según
Haaretz, es
si una docena de golpes más a miembros de Hamás
y la destrucción de otro edificio público, vale la pérdida del apoyo internacional
incluyendo el acuerdo o el silencio de vecinos importantes árabes.
Para Haaretz, el gabinete debe dar garantías internacionales a países como los
Estados Unidos, Egipto, Turquía y Francia, quienes procuran intermediar
un alto el fuego dándole una salida diplomática al conflicto.
Si la diplomacia falla, señala
Haaretz, Israel siempre puede retornar a la ofensiva militar más
legitimado, tanto en la región como en el resto del mundo.
El editorial de Haaretz, refleja la
línea de pensamiento de un sector del Gabinete, entre ellos la del ministro de
Defensa Barak, que presentaron el martes junto con Francia un plan de
"tregua" que fue rechazado por el gobierno de Olmert en una votación dividida.
Algunos analistas estadounidenses señalan que la prolongación de las operaciones (las
que ya
ingresaron este jueves en el sexto día con 400 muertos y más 2000 heridos), va a
seguir profundizando la diáspora y las divisiones en el gabinete del
gobierno de Olmert, lo que puede avivar las contradicciones y las vacilaciones
en el propio frente militar.
La posición editorial de Haartez
está reflejando el pensamiento de un sector del poder israelí (impulsor del
Plan B con destrucción parcial de Hamás), pero resta saber como se define en
las próximas horas la guerra interna por el control de las operaciones
militares hoy hegemonizadas por los impulsores del Plan A que buscan
la destrucción de Hamás y de su infraestructura administrativa.
Además, en las próximas horas se verá
como mueve sus piezas en el tablero Hamás, el otro actor central del conflicto.
Y allí se verá si sus jefes saben
aprovechar o no, las contradicciones y debilidades en las que ya ingresó el
Estado judío atacante.
Mientras tanto, la masacre militar continúa.