Los dichos del alto funcionario del Departamento de Estado sorprendieron a los
medios y analistas internacionales que comenzaron a especular y a interrogarse
sobre un cambio en la postura de la administración Obama que hasta
entonces venía sosteniendo el reintegro de Zelaya a la presidencia hondureña.
La
expulsión de representantes de la OEA, el domingo, y las amenazas a misiones
diplomáticas en Tegucigalpa constituyen un "insulto a la comunidad
internacional", señaló Amselem, embajador alterno de EEUU, durante una sesión
extraordinaria del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos
para debatir la situación en Honduras.
El
funcionario remarcó que lo que más le preocupa a Washington es la decisión del
gobierno de facto de Roberto Micheletti de emprender "acciones contra las
libertades civiles", al decretar restricciones de la libertad de reunión y
opinión.
Pero, sorpresivamente, también apuntó contra la conducta política de
Zelaya. Su retorno, dijo, "es irresponsable e idiota y no sirve ni a los
intereses de su pueblo ni a aquellos que buscan el reestablecimiento pacífico
del orden democrático".
"El presidente derrocado "debe portarse como un líder y enviar mensajes
claros" que expresen puntos de vista de manera pacífica, "debe dejar de hacer
acusaciones y de actuar como si fuese una estrella de cine", subrayó Amselem.
"Todo va a
mejorar si todas las partes se abstienen de la provocación y de la instigación a
la violencia", continuó el funcionario, y recordó que EEUU pidió a Zelaya "en
muchas ocasiones" desde el golpe de Estado del 28 de junio que no tratara de
regresar antes de lograr un acuerdo político.
Las críticas se contraponen a la posición que venía sosteniendo
públicamente la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, quien la semana
pasada expresó su deseo de que el retorno de Zelaya fuera una "ocasión" para
el inicio de una negociación para una salida pacífica a la crisis.
Por su
parte, la unidad de la Organización de Estados Americanos (OEA) parece
haber sufrido un notable quiebre el lunes al no llegar a un acuerdo sobre si
reconocer o no el resultado de las próximas elecciones en Honduras.
Tras varias horas de discusiones, el Consejo Permanente de la OEA no pudo
suscribir una resolución expresando su posición sobre los últimos
acontecimientos en la crisis política de Honduras.
La sesión
especial del Consejo fue convocada originalmente para rechazar la expulsión de
varios integrantes de una avanzada de la OEA que debía preparar una eventual
visita de una comisión ministerial del organismo.
Pero la reunión que se esperaba que durara pocas horas, terminó mostrando
diferencias entre los países sobre qué pasos tomar para manejar la crisis
hondureña y, sobre todo, el resultado de las elecciones convocadas para
noviembre.
En la sesión de este lunes se cuestionó incluso la capacidad de la organización
de mantener un rol decisivo en la situación.
La OEA
aspiraba emitir un texto que advirtiera a Tegucigalpa que el estado de excepción
resta aún más legitimidad a las elecciones convocadas para noviembre, con
las que algunos esperan resolver la crisis política.
Sin embargo, las observaciones de varios embajadores forzaron un cambio
de enfoque y de redacción en el documento que se iba a presentar, lo que exigió
varias horas de las finalmente frustradas negociaciones.
Brasil, en cuya embajada está "refugiado" desde la semana pasada el
depuesto presidente Manuel Zelaya, pidió que se convoque a una reunión de
emergencia del Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas
El gobierno brasileño considera que la "amenaza" que existe de una
posible irrupción en su embajada en Tegucigalpa constituye una “amenaza a la paz
internacional” y que el gobierno de Micheletti “no tiene ninguna disposición de
negociar”, según dijo el embajador brasileño ante la OEA, Rui Casares e Silva.
“No me cabe duda de que existen las condiciones para decir que hay una amenaza a
la paz internacional y en este contexto la comunidad internacional debe
responder de manera inequívoca, de forma absolutamente tajante”.
Sin embargo, el secretario Insulza, bajándole potestad regional a la ONU,
afirmó que la crisis hondureña es una problema de restablecimiento de la
democracia, para lo cual considera que la OEA es la “única” organización de
su tipo que tiene mecanismos para su manejo.
Durante un
receso en los contactos diplomáticos del lunes, el secretario Insulza reconoció
a la prensa que la vuelta de Zelaya a Honduras “aumentó la tensión”, pero afirmó
que al mismo tiempo "abrió un camino" para negociar la salida a la crisis.
“Hay un camino de ruptura, reconozcámoslo, no es una buena situación, pero
espero que esa situación se rompa bajo la base de que las partes busquen una
negociación”, afirmó Insulza, quien aceptó que esa última alternativa estaba en
punto muerto.
Al final, los 33 países miembros no pudieron llegar al consenso pese a que todos
expresaron tanto su rechazo a la expulsión como su "preocupación" por las
medidas de excepción adoptadas por el gobierno de facto que preside Roberto Micheletti.
Zelaya, por
celular
Atrincherado, desde el lunes de la semana pasada, en la embajada brasileña en
Honduras, Manuel Zelaya se las arregló este lunes para hablar con
la asamblea por telefono móvil a través de la ministra de Exteriores del
gobierno derrocado, Patricia Rodas, en el podio de la ONU.
Zelaya,
con voz dramática, dijo por teléfono que Honduras estaba sujeta a un régimen
fascista que estaba reprimiendo los derechos del pueblo de su país, después de
que su gobierno fuera derrocado hace tres meses.
El depuesto presidente hizo un llamamiento a Naciones Unidas para que le ayude a
poner fin al golpe de Estado en Honduras, diciendo que "no hay que hablar
tanto, y hacer más".
Afirmó que el cierre el lunes de dos medios que lo favorecían por parte del
Gobierno de facto era una evidencia de la "dictadura" que gobierna al
país centroamericano.
Rodas, por su parte, dijo en la reunión de la
OEA que la vida de Zelaya
estaba en peligro.
Desde su expulsión del gobierno, el 28 de junio, el
gobierno de facto de Micheletti ha resistido la presión internacional para devolverlo al poder,
y continúa con su amenaza de arrestarlo y procesarlo.
En nuevas
declaraciones, el lunes, Micheletti volvió a afirmar que el regreso de Zelaya al
gobierno es "innegociable".