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Atrapados y sin salida

Porqué el culebrón bananero se puede convertir en una película de terror

 
 

 (IAR Noticias) 26-Septiembre-09

Hay dos escenarios: Zelaya, desde la embajada brasileña desestabiliza constantemente al gobierno de facto llamando a la "insurrección popular" (léase acciones callejeras de su aparato político, del cual el resto de la población hondureña no participa), pero el régimen de Micheletti "desestabiliza" psicológicamente al propio Zelaya rechazando todas sus propuestas y manteniendo el cerco militar represivo como una espada de Damocles sobre su cabeza. Por ahora hay un tambaleante "empate técnico", y (desde el poder internacional) se vislumbra una sola salida: La "autoexclusión" (renuncia de Zelaya y Micheletti). Pero las agujas del reloj amenazan con precipitar desenlaces. Zelaya maneja operaciones mediáticas, y Micheletti decide operaciones militares, una combinación explosiva que puede convertir al culebrón bananero en una película de terror.

Informe especial
IAR Noticias
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Zelaya (que se jacta de tener más inventiva e inteligencia que los golpistas) diseña operaciones mediáticas y presiona a la "comunidad internacional" (sus protectores) por mayor aislamiento de los golpistas que lo derrocaron. Pero Micheletti, cuyo gobierno ya ha padecido todas las sanciones y bloqueos que podía padecer, dice que no tienen nada que perder.

Se repite el ciclo en otro estadio: Como ya lo hizo en dos oportunidades, Zelaya, intentó un golpe de efecto (su instalación en la embajada) pero el tiempo se le agota sin haber conseguido su objetivo de máxima: Una resolución de intervención del Consejo de Seguridad de la ONU en Honduras que lo restituya en su cargo. 

El momento de la iniciación de la operación fue cuidadosamente elegido y coincidió con la realización de la Asamblea Anual de la ONU. No obstante la inédita presión internacional y los bloqueos en su contra reactualizados desde la ONU, el régimen de Micheletti se mantiene firme y acepta cualquier propuesta menos que Zelaya sea restituido como Presidente.

A Zelaya se le dilata (y lo mata) el tiempo: Toda su estrategia de regreso al poder depende de sus restauración como presidente, aunque sea por lo poco que le resta del mandato. Si el hacendado "socialista" no consigue nuevamente la gerencia hondureña (aunque sea por unos pocos días), se desmorona su proyecto y su imagen (construida mediáticamente) corre el riesgo de entrar en retroceso y eclipsarse. 

En las alternativas manejadas por los golpistas y el Pentágono figuran otras prerrogativas: Micheletti negocia todo (incluido un candidato designado por Zelaya que lo represente en las elecciones), menos que el gerente derrocado se calce nuevamente la banda presidencial.

Las piezas y las movidas están claras: Zelaya apuesta todo a la "reacción internacional" contra Micheletti, y el presidente de facto apuesta al encierro y a la presión psicológica sobre Zelaya. El derrocado apuesta a una "reacción externa", y sus derrocadores apuestan a una "reacción interna". 

La mayoría de la sociedad hondureña (esto se verifica en los blogs y mensajes en la Web) no participa de la guerra (de "izquierda" contra "derecha") de Zelaya y Micheletti,  y ve a Chávez como el "gran titiritero" que armó la operación en la embajada brasileña. 

Los golpistas del Pentágono apuestan a una "saturación interna", con Zelaya promoviendo desórdenes callejeros y generando continuos toques de queda que obliguen  a la población a mantenerse encerrada en sus casas.

En el nuevo escenario proyectado, las opciones de un acuerdo con el regreso de Zelaya parecen estar agotadas. El régimen golpista (sin nada que perder) tiene todo el tiempo a favor y Zelaya lo tiene en contra. 

Zelaya y sus aliados apostaban a una "operación relámpago" que fracasó, y ahora (antes que los efectos de la Asamblea de la ONU se apaguen) juegan todo a una decisión del Consejo de Seguridad que obligue a su restitución presidencial bajo amenaza de una intervención internacional. Con un dato: Una intervención de la ONU depende del voto de EEUU, que cuenta con el derecho a veto en el organismo.

De nuevo, en el teatro de operaciones, asoma el núcleo central del problema: La guerra de Obama  y el Departamento de Estado  (que promueven el regreso de Zelaya) contra los republicanos conservadores y el Pentágono (sustento del gobierno golpista).

Lo que, a su vez, torna imposible una decisión unánime de EEUU contra el régimen de Micheletti tanto en las organizaciones internacionales como en Honduras.

La Unión Europea, por su parte, mantiene una posición "equidistante" (así lo reflejan sus documentos) y apuesta a una salida negociada "sin ganadores" (renuncia de Micheleltti y Zelaya) antes que decidirse por alguno de los sectores en pugna.

En este marco, como coinciden en general analistas estadounidenses y europeos, la negociación de un  acuerdo sólo puede ser destrabada por la "autoexclusión" de Zelaya y Micheletti. Que ambos renuncien, que tome las riendas un "gobierno de unidad" y llame a elecciones aceptadas y legitimadas por la "comunidad internacional".

Esa es la propuesta de salida mayoritariamente aceptada y promovida por las potencias que integran la Unión Europea y el Consejo de Seguridad de la ONU. Pero hay un problema: Si Zelaya acepta esa propuesta, automáticamente se suicida.

Una situación de "autoexclusión" beneficia automáticamente a Micheletti y conlleva una derrota para Zelaya, que construyó sus triunfalismo mediático en la operación "regreso ya". Esta realidad, solo proyecta un escenario de nuevos conflictos.

En otras palabras, la guerra continúa en una fase marcada por el statu quo.  Zelaya atrincherado mediáticamente y rodeado en la embajada, y Micheletti manteniendo la iniciativa en el teatro de operaciones de la represión.

La variables de desenlace son múltiples: Nuevas marchas, nuevas acciones represivas, un "asalto" a la embajada, asesinato o apresamiento de Zelaya, descontrol de la represión con una escalada de muertos, corte de los alimentos y los recursos de supervivencia en la embajada, una rebelión militar interna promovida por el Departamento de Estado, enfrentamientos con muertos y heridos entre partidarios de Zelaya y Micheletti, etc, etc.

Este viernes, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se reunirá  para "buscar una solución" a la crisis política en Honduras avivada tras el inesperado regreso a comienzos de semana del presidente derrocado, Manuel Zelaya, informa la prensa internacional.

En una carta enviada a los miembros del Consejo el pasado martes, Brasil solicitó una "reunión de emergencia" al verse implicado en el conflicto por dar asilo político al mandatario derrocado en su Embajada en Tegucigalpa.

En la misiva, el Gobierno brasileño mostró su preocupación por "la seguridad del presidente Zelaya y la integridad física de las instalaciones de la Embajada (brasileña) y su personal".

¿Que decisión puede tomar el Consejo de Seguridad?

Vamos trabajar de adivinos: Instar e intimar a las partes a negociar un "acuerdo consensuado"  para que se restablezca la paz y el proceso constitucional, dando instrucciones a las embajadas para que posibiliten un marco de negociación general.

O sea un statu quo, con Zelaya encerrado en la embajada y Micheletti afinando la puntería.

Puede ser un culebrón con final trágico.

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