Zelaya
(que se jacta de tener más inventiva e inteligencia que los golpistas) diseña
operaciones mediáticas y presiona a la "comunidad internacional" (sus
protectores) por mayor aislamiento de los golpistas que lo derrocaron. Pero Micheletti,
cuyo gobierno ya ha padecido todas las sanciones y bloqueos que podía padecer,
dice que no tienen nada que perder.
Se repite
el ciclo en otro estadio: Como ya lo hizo en dos oportunidades, Zelaya, intentó
un golpe de efecto (su instalación en la embajada) pero el tiempo se le
agota sin haber conseguido su objetivo de máxima: Una resolución de intervención
del Consejo de Seguridad de la ONU en Honduras que lo restituya en su cargo.
El momento
de la iniciación de la operación fue cuidadosamente elegido y coincidió con la
realización de la Asamblea Anual de la ONU. No obstante la inédita presión
internacional y los bloqueos en su contra reactualizados desde la ONU, el
régimen de Micheletti se mantiene firme y acepta cualquier propuesta menos
que Zelaya sea restituido como Presidente.
A Zelaya
se le dilata (y lo mata) el tiempo: Toda su estrategia de regreso al poder
depende de sus restauración como presidente, aunque sea por lo poco que le
resta del mandato. Si el hacendado "socialista" no consigue nuevamente la
gerencia hondureña (aunque sea por unos pocos días), se desmorona su proyecto y
su imagen (construida mediáticamente) corre el riesgo de entrar en retroceso y
eclipsarse.
En las
alternativas manejadas por los golpistas y el Pentágono figuran otras
prerrogativas: Micheletti negocia todo (incluido un candidato designado por
Zelaya que lo represente en las elecciones), menos que el gerente derrocado
se calce nuevamente la banda presidencial.
Las piezas
y las movidas están claras: Zelaya apuesta todo a la "reacción internacional"
contra Micheletti, y el presidente de facto apuesta al encierro y a la presión
psicológica sobre Zelaya. El derrocado apuesta a una "reacción externa", y
sus derrocadores apuestan a una "reacción interna".
La mayoría
de la sociedad hondureña (esto se verifica en los blogs y mensajes en la
Web) no participa de la guerra (de "izquierda" contra "derecha") de
Zelaya y Micheletti, y ve a Chávez como el "gran titiritero" que armó la
operación en la embajada brasileña.
Los
golpistas del Pentágono apuestan a una "saturación interna", con
Zelaya promoviendo desórdenes callejeros y generando continuos toques de queda que obliguen a la población a mantenerse encerrada en sus casas.
En el
nuevo escenario proyectado, las opciones de un acuerdo con el regreso de Zelaya
parecen estar agotadas. El régimen golpista (sin nada que perder) tiene
todo el tiempo a favor y Zelaya lo tiene en contra.
Zelaya y
sus aliados apostaban a una "operación relámpago" que fracasó, y ahora
(antes que los efectos de la Asamblea de la ONU se apaguen) juegan todo a una
decisión del Consejo de Seguridad que obligue a su restitución presidencial bajo
amenaza de una intervención internacional. Con un dato: Una intervención de la
ONU depende del voto de EEUU, que cuenta con el derecho a veto en el
organismo.
De nuevo,
en el teatro de operaciones, asoma el núcleo central del problema: La guerra
de Obama y el Departamento de Estado (que promueven el regreso
de Zelaya) contra los republicanos conservadores y el Pentágono (sustento
del gobierno golpista).
Lo que, a
su vez, torna imposible una decisión unánime de EEUU contra el
régimen de Micheletti tanto en las organizaciones internacionales como en
Honduras.
La Unión
Europea, por su parte, mantiene una posición "equidistante" (así lo reflejan sus
documentos) y apuesta a una salida negociada "sin ganadores" (renuncia de
Micheleltti y Zelaya) antes que decidirse por alguno de los sectores en pugna.
En este
marco, como coinciden en general analistas estadounidenses y europeos, la
negociación de un acuerdo sólo puede ser destrabada por la
"autoexclusión" de Zelaya y Micheletti. Que ambos renuncien, que tome las
riendas un "gobierno de unidad" y llame a elecciones aceptadas y legitimadas por
la "comunidad internacional".
Esa es la
propuesta de salida mayoritariamente aceptada y promovida por las potencias que
integran la Unión Europea y el Consejo de Seguridad de la ONU. Pero hay un
problema: Si Zelaya acepta esa propuesta, automáticamente se suicida.
Una
situación de "autoexclusión" beneficia automáticamente a Micheletti y
conlleva una derrota para Zelaya, que construyó sus triunfalismo mediático en la
operación "regreso ya". Esta realidad, solo proyecta un escenario de
nuevos conflictos.
En otras
palabras, la guerra continúa en una fase marcada por el statu quo.
Zelaya atrincherado mediáticamente y rodeado en la embajada, y Micheletti
manteniendo la iniciativa en el teatro de operaciones de la represión.
La
variables de desenlace son múltiples: Nuevas marchas, nuevas acciones
represivas, un "asalto" a la embajada, asesinato
o apresamiento de Zelaya, descontrol de la represión con una escalada de
muertos, corte de los alimentos y los recursos de supervivencia en la embajada,
una rebelión militar interna promovida por el Departamento de Estado,
enfrentamientos con muertos y heridos entre partidarios de Zelaya y Micheletti,
etc, etc.
Este
viernes, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se reunirá para
"buscar una solución" a la crisis política en Honduras avivada tras el
inesperado regreso a comienzos de semana del presidente derrocado, Manuel
Zelaya, informa la prensa internacional.
En una
carta enviada a los miembros del Consejo el pasado martes, Brasil solicitó una
"reunión de emergencia" al verse implicado en el conflicto por dar asilo
político al mandatario derrocado en su Embajada en Tegucigalpa.
En la misiva, el Gobierno brasileño mostró su preocupación por "la seguridad
del presidente Zelaya y la integridad física de las instalaciones de la
Embajada (brasileña) y su personal".
¿Que
decisión puede tomar el Consejo de Seguridad?
Vamos
trabajar de adivinos: Instar e intimar a las partes a negociar un "acuerdo
consensuado" para que se restablezca la paz y el proceso
constitucional, dando instrucciones a las embajadas para que posibiliten un marco
de negociación general.
O sea un
statu quo, con Zelaya encerrado en la embajada y Micheletti afinando la
puntería.
Puede ser
un culebrón con final trágico.