Luego
del encuentro entre ambos presidentes, Medvedev declaró que su país
seguirá vendiendo armas a Venezuela.
Aunque no
trascendieron detalles de los acuerdos firmados, las respuestas brindadas por
los mandatarios en la posterior conferencia de prensa dieron ciertas pistas del
"nivel estratégico" alcanzado, señala la BBC. Citado por la cadena, Medvedev
aseguró que "si los amigos de Rusia quieren tanques, Rusia les venderá
tanques".
Por su
parte, el presidente venezolano declaró: "Firmamos acuerdos con el gobierno
ruso, pero no van dirigidos contra nadie".
"Venezuela
no tiene intenciones agresivas pero seguiremos incrementando el potencial de
defensa porque se va cerrando el cerco en torno a nuestro país", dijo Chávez en
la rueda de prenda que ofreció el jueves junto con el líder ruso Dmitri Medvedev,
en Moscú.
Chávez, el
principal socio comercial y proveedor de petróleo a EEUU en la región,
parece seguir una nueva táctica de "no hacer olas" con la compra de armas
rusas, una cuestión muy sensible en la estrategia continental del Pentágono que
mira con atención el despegue ruso en el patio trasero.
El dirigente venezolano comentó que las bases militares que instala EEUU (su
principal socio comercial) en Colombia es una "pretensión de controlar el
mundo" y señaló que Venezuela planea comprar una importante partida de
tanques rusos precisamente para contrarrestar esa amenaza.
Antes de
la cumbre, una fuente militar rusa había comentado a RIA Novosti que
durante la visita de Chávez a Moscú sería firmado un contrato para
suministrar a Venezuela hasta un centenar de tanques T-72 y T-90 por casi US$
500 millones.
Desde 2005, Venezuela ha comprado armamento ruso -aviones, helicópteros y
fusiles Kaláshnikov, entre otro material bélico- por un total de US$ 4.000
millones.
"La
cooperación técnico-militar representa una parte importante de nuestra relación
bilateral", dijo el mandatario ruso luego de firmar una serie de acuerdos
con el presidente venezolano, Hugo Chávez, de los cuales no se precisaron los
detalles.
El presidente venezolano visitó dos
veces Rusia en 2008, donde suscribió acuerdos estratégicos con Moscú, y el
presidente, Dmitri Medvedev, le respondió viajando a Venezuela para un encuentro
histórico con Chávez a fines de noviembre del año pasado.
Se trató -señalaban analistas rusos- de una jugada demostrativa de que Moscú
había resuelto elevar la apuesta de su
desafío militar llevándola al propio "patio trasero" de Washington.
Hay un
precedente inmediato que vuelve a resurgir con la nueva visita del presidente
venezolano a la capital rusa: La instalación de la base militar rusa en
Venezuela que Chávez anunció en su última visita a Moscú (en el 2008) y que
luego hubo de desmentir ante la reacción que generó en Washington.
De acuerdo con revelaciones que se filtraron el jueves a la prensa
moscovita, en la firma estuvo incluido un acuerdo militar.
Según Steven Eke, experto del servicio ruso de la
BBC, "Rusia ve a
Venezuela como un país importante en términos de intercambio de energía y como
un mercado importante para las armas rusas. Ambos liderazgos han hablado con
frecuencia de la necesidad de alejarse de lo que llaman un mundo unipolar, o
sea, el dominio global de Estados Unidos".
Expertos que manejan información confidencial en Washington vienen advirtiendo
que las claves del golpe de Estado en Honduras y el incremento de la presencia
militar USA en Colombia (bases militares) se encuentran en la creciente
influencia (militar y comercial) rusa en América Latina y en su alianza
estratégica con Venezuela.
La "cumbre" Medvedev-Chávez, a fines
del año pasado, formó parte del decorado de una estrategia
para integrar a Chávez como nuevo jugador en el tablero de la "guerra fría"
Washington-Moscú, donde América Latina y la región petrolera del Caribe se
convierten en un nuevo posible escenario de la guerra por el control de la
energía entre Rusia y EEUU.
Según la BBC, con estas maniobras
conjuntas y la visita de Dimitri Medvedev, Rusia quiso demostrar que si EEUU
puede operar cerca de las fronteras rusas, Moscú puede hacer lo mismo en una
región considerada por los estadounidenses como su "patio trasero".
A fines de noviembre pasado Chávez recibió
en Caracas al presidente ruso, Dimitri Medvédev, en carácter de "gran aliado
estratégico" mientras la flota rusa realizaba su primer ejercicio militar
con la armada de Venezuela.
La agenda rusa en el continente
incluye desde acuerdos comerciales y ventas de armas hasta planes de instalación
de programas y usinas nucleares. Las operaciones rusas en América Latina todavía
no han recibido una respuesta concreta de Washington, que permanece en "silencio
de radio".
El
nuevo
viaje de Chávez a Moscú se visualiza como una ampliación de su alianza
estratégica con Moscú, que además podría incluir (así lo perciben en
Washington) nuevas relaciones de cooperación militar como la instalación de
bases militares rusas en Venezuela y nuevos ejercicios militares conjuntos
en aguas del Mar Caribe.
En este escenario, y dentro de una
creciente escalada del conflicto con el gobierno de Uribe, esta vez se
interpreta la visita de Chávez a Rusia como una respuesta directa a la
re-militarización de Colombia por parte de EEUU, y una búsqueda de
alternativa por parte del presidente bolivariano de lo que interpreta como una "amenaza
directa" a Venezuela.
En América Latina, la opinión
generalizada es que Washington se toma muy "en serio" las movidas rusas
de infiltración en su patio trasero, ya sea por medio de la venta de armas o de
las alianzas comerciales, a las que en noviembre pasado se agregó la
presencia de la flota rusa en el Caribe.
La reactivación de la IV Flota USA
patrullando aguas latinoamericanas fue una señal clara -dicen expertos
regionales- de que EEUU está lanzando una señal preventiva a quienes se
atrevan a poner los pies sobre los recursos estratégicos de la región (petróleo,
agua potable y biodiversidad) que considera como suyos.
Enmarcado en estos hechos, el Pentágono y el Departamento de
Estado ven como "potencial peligro" (con posibles ramificaciones en otros
países) el desembarco comercial-militar del eje Rusia-China-Irán en América
Latina utilizando a Venezuela como plataforma.
No obstante de que Chávez es el principal socio comercial y le vende casi todo el
petróleo venezolano a EEUU, los halcones judeo-estadounidenses
del Pentágono y del Departamento de Estado
(que manejan las políticas militares y las hipótesis de conflicto externo de
Washington) no miran ni analizan a Chávez desde una perspectiva
exclusivamente latinoamericana.
El presidente venezolano mantiene una
alianza estratégica (de orden comercial y militar) tanto con Irán como con Rusia
y China, potencias capitalistas emergentes que compiten con el eje USA-UE por el
control de las redes energéticas y las reservas petroleras del triángulo Eurasia-Cáucaso-Medio
Oriente, en una versión aggiornada de la "guerra fría" por áreas de influencia,
esta vez protagonizada a niveles intercapitalistas.
No obstante, para un conjunto de expertos, lo comercial juega un papel de primer
orden en la relación de Rusia con Venezuela, y en general con el resto de
América Latina.
"La región es hoy uno de los más importantes clientes de armas rusas en el
mundo. Las ventas pasaron de US$ 300 millones en 2001 a US$ 3.000 millones
en 2006, y van en aumento", observó Moisés Naim, director de la revista
estadounidense de temas internacionales Foreign Policy citado por la agencia IPS.
"Por supuesto que el apoyo estadounidense a Georgia en la reciente guerra del
Cáucaso fue irritante y motiva a Moscú para mostrar que también ellos pueden
meterse a fastidiar a los yanquis en su patio trasero. Pero para los familiares,
socios y amigos del Kremlin ésas no son las cuentas que verdaderamente importan,
sino las bancarias", señaló Naim.
El comercio ruso-latinoamericano ha crecido casi 30 por ciento
interanual en los últimos tres años y alcanzaría los 15.000 millones de dólares
en 2008, según Moscú.
El canciller ruso, Sergéi Lavrov, señaló con claridad que el objetivo de su país
en América Latina es "potenciar las exportaciones de tecnología de punta
y la colaboración en el campo de la energía, la producción y transporte de gas y
petróleo, la maquinaria de construcción, las industrias metalúrgicas y de
transporte, el uso pacífico de energía nuclear y la exploración espacial".
Las señales que entrega Rusia indican que regresa al Caribe y América Latina
"para quedarse", y más si junto con las maniobras que reafirman su papel de
actor de primera línea en la política global puede avanzar en la concreción de
negocios que le permitan invertir en la expansión y modernización de su
economía.
Cabe recordar que en la escala
caraqueña de Medvédev en noviembre del año pasado se rubricaron ocho convenios
más a los ya existentes.
Entre ellos figuran acuerdos para facilitar la participación de empresas rusas
en la exploración y explotación de hidrocarburos en la sudoriental Faja del
Orinoco, para brindar ayuda a la industria ligera venezolana y para cooperación
nuclear con fines pacíficos.
Como se puede apreciar, con la
"guerra fría" como aderezo de fondo, el Kremlin ha consolidado un "desembarco
comercial" en América Latina que todavía no ha recibido una respuesta
concreta de Washington.
Con un detalle: Por ahora, lo único que le preocupa de verdad al Pentágono es el
despliegue de aviones, barcos y submarinos nucleares rusos en el Caribe, muy
cerca de las principales reservas de petróleo y de recursos de
biodiversidad en América Latina.
Aquí es donde Chávez (a pesar de su sociedad comercial estratégica con USA) se
vuelve "rojito, rojito", al convertirse en el trampolín de Moscú en el patio
trasero.
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