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Un manifestante partidario de Zelaya enfrenta
a la policía hondureña durante la represión en el aeropuerto de Tegucigalpa,
el pasado 29 de junio. |
Manuel Zelaya, el presidente
derrocado por los "gorilettis" hondureños, ya pasó a la historia como el hombre
que intentó reconquistar la presidencia de Honduras sólo munido de un
teléfono celular y de una brigada de periodistas quienes registraban sus
incontables llamadas a presidentes y funcionarios "amigos" mientras caminaba
hacia la frontera.
Si algo quedó registrado en la
retina del televidente de esta "operación retorno bis", es la figura de Zelaya
con su inconfundible sombrero blanco de ala ancha (su icono mediático con marca
registrada) hablando constantemente por su celular, cuya carga de batería
parecía interminable.
Fue un broche de oro: Un auténtico
show mediático, con escenas hilarantes, como el momento en que los periodistas le
avisaron a Zelaya que "había un francotirador" y éste se refugió detrás
de un gran camión mientras seguía hablando por el celular.
Lo destacable, lo verdaderamente
destacable, es que el hoy presidente errante de Honduras pasó todas las
peripecias de su fracasada "caravana de regreso" hablando
por el celular que parecía una extensión inalámbrica de su cuerpo de un metro
noventa de estatura.
La pantalla televisiva mostraba en
planos superpuestos a Zelaya con el celular y los periodistas, por un lado, y
a las fuerzas de seguridad y al ejército hondureño en posición de combate, por
otro, conformando una especie de parábola inconsciente entre la "guerra militar"
y la "guerra mediática".
Los militares acordonados en la
frontera se representaban (en el meta-mensaje mediático) como el viejo símbolo
de las dictaduras y de los golpes de Estado setentistas, y Zelaya (con
los periodistas y el celular) se representaba como el símbolo del "sistema
democrático" y del "poder civil desarmado" que venía a recuperar lo que le
quitaron por la fuerza.
Los diseñadores de la operación quisieron resaltar la contradicción emergente: La
"barbarie fascista" de los militares y policías golpistas, y la
"civilidad democrática" de un presidente desarmado que regresaba a su país
para reclamar (como un ciudadano más) sus derechos "constitucionales" y
privados.
Para la
BBC, Zelaya " no logró
retornar a su país, pero sí logró que su foto levantando la cadena metálica que
separa a Honduras de Nicaragua ocupara los titulares de la prensa nacional e
internacional".
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Zelaya, (sin
soltar el teléfono celular) levanta la cadena que separa la frontera entre
Nicaragua y Honduras. |
En realidad, la "lección a los golpistas"
de la que hablaba Zelaya (siempre por el celular), fue una operación
de acción psicológica orientada a demostrar que la razón pacifica del "sistema
democrático" (controlado por Washington) puede más que la razón armada del
"poder militar" (también controlado por Washington).
"Somos pacíficos, pero estamos
dispuestos a ser mártires", dijo Juan José Valle, escultor que hizo una
estatua de fibra de vidrio de Zelaya, antes de que se produjera el golpe de
Estado.
Dentro de ese contraste, giró el mensaje
de Zelaya que señalaba constantemente que su regreso era un aviso a los
golpistas hondureños de que "jamás van a gobernar en paz" sentados sobre
las bayonetas militares.
Y un detalle a tener en cuenta:
Zelaya en ningún momento mencionó al "Imperio yanqui", solo habló de
"golpistas" y de "grupos de derecha" que los
sostienen desde EEUU, y
defendió el gobierno de Obama afirmando que nada tuvo que ver con su
derrocamiento.
Washington, por su parte, calificó
de "imprudente" el movimiento de Zelaya.
En un conversación con la CNN en el lado nicaragüense de la frontera, el
mandatario depuesto reaccionó diciendo que Estados Unidos "tiene que apoyarme
en vez de criticarme".
En sus conversaciones por el celular,
Zelaya (despojado del discurso "antiimperialista") puso en evidencia lo que todo
analista del sistema ya sabe (y no lo dice): Cuando se habla del golpe de Estado en Honduras, en términos concretos se habla
de un golpe de la derecha del Imperio contra la izquierda del Imperio.
Zelaya lo
dejó claro cuando dijo en una entrevista con la BBC, que quien lo derrocó no fue Obama sino la derecha imperial. Según
las propias declaraciones de Zelaya su gobierno fue derrocado por "la
derecha reaccionaria de los halcones de Washington, no por el gobierno de Barack
Obama". Con el añadido: "El gobierno de Barack Obama y de los Estados Unidos
está apoyándome".
Los datos
(emergentes de las declaraciones de Chávez y de sus aliados) también son concluyentes: El
golpe hondureño reveló definitivamente que la izquierda gubernamental
latinoamericana, con Chávez a la cabeza, juega a una hipotética alianza
imperial-"progresista" con Obama para enfrentar a la "derecha"
representada por el Pentágono y los sectores conservadores de EEUU que han
derrocado a Zelaya en Honduras.
Lo que en otros tiempos parecería una teoría
conspirativa de rasgos fantásticos (la conversión de la izquierda
gubernamental latinoamericana en "izquierda imperial" ) es una realidad aceptada
por la mayoría de los medios estadounidenses, tanto conservadores como
demócratas, quienes desde sus respectivos ángulos ideológicos señalan a Chávez
como una pieza clave de la administración Obama en el patio trasero.
Desde ángulos de interpretación
diferenciados, los medios conservadores y demócratas estadounidenses coinciden
en general que Obama apuesta a una estrategia de "acercamiento" a Chávez
con el objetivo de neutralizar la influencia del Pentágono y de los
conservadores en el golpe hondureño.
Pero las interpretaciones difieren:
Para los medios demócratas, Obama se vale de Chávez para forzar una "salida
racional" a la crisis , y para los conservadores, el presidente estadounidense
se "acerca peligrosamente a Chávez".
Desde ángulos de interpretación
diferenciados, The Wall Street Journal y The Washington Post, dos voceros
emblemáticos del poder estadounidense, coinciden en que Obama juega una
estrategia de "doble cara" en el golpe hondureño.
El Washington Post (en
la línea demócrata) elogia a Obama y a su administración por haber
imprimido "una dosis de realismo en Honduras".
"El presidente Barack Obama y la secretaria de Estado Hillary Clinton, están a
punto de lograr su propio golpe de Estado en Honduras y promoción de los intereses
americanos con una habilidad no vista en Washington desde hace muchos años",
señala el Post.
"Que la administración de Obama -prosigue- se haya unido a la Organización de Estados
Americanos en la condena de la expulsión del presidente de Honduras Manuel
Zelaya, ha dejado a Chávez echando aire caliente pero sin nadie con quien pelear
en contra".
Para el Post; "Chávez es una molestia, pero
Washington no tiene enemigos en América Latina. Nuestros intereses principales
son la inmigración, la delincuencia y el comercio, no las ideologías, tanto como
los extremistas de la derecha y la izquierda, aquí y allá, quieren que así sea".
El diario celebra la estrategia de
Obama de jugar con Chávez para anular a Chávez.
En cambio The Wall Street Journal
(vocero de la línea conservadora) sostiene que
"Obama y el Departamento de Estado de EEUU se unieron a Chávez y sus aliados
para exigir que Zelaya sea restituido en el poder. Esto ha envalentonado a
Venezuela".
"Cuando Hugo Chávez hace un pedido de
ayuda a Washington, como lo hizo hace 11 días, esto genera serias preguntas
sobre las señales que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, le está
enviando al dictador más peligroso de este hemisferio", señala el Journal
mediante un artículo titulado "EEUU se inclina hacia la izquierda en el tema Honduras".
Lo que expresan el Post y el Journal, dos de los diarios más emblemáticos del
poder estadounidense, es el reflejo de una guerra ( todavía subterránea)
entre la "izquierda" y la "derecha" imperial proyectada a su patio
trasero latinoamericano.
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Ejército hondureño bloquea carretera de acceso a la frontera. |
En ese tablero, tanto Zelaya como
Chávez y el grupo de los "presidentes izquierdistas", son variables de ajuste
de una guerra entre los lobbistas de Wall Street (que sostienen a Obama) y los
lobbistas del Pentágono y del Complejo Militar Industrial que sostienen el golpe de los "gorilettis". .
La guerra, que antes se mantenía
entre bambalinas, estalló con Obama, al que los gusanos golpistas bananeros
llaman "negrito ignorante", y al que los conservadores USA del "destino
manifiesto" señalan como un "presidente débil y sin experiencia" que pone en riesgo la
seguridad nacional de EEUU.
En suma, lo que parece una interna
bananera entre dos sectores de la oligarquía hondureña (uno conservador, y otro
vestido de "socialista") en realidad no lo es tanto, y sienta el primer
precedente histórico de un enfrentamiento interno en EEUU entre republicanos y
demócratas luego de un golpe de Estado avalado por el Pentágono en el patio
trasero.
Los conservadores y los halcones militaristas (alianza del sionismo judío con
la derecha cristiana) que controlan los resortes de decisión del Pentágono y del
Complejo Militar Industrial (capitalismo de guerra), están convencidos de que las
políticas de "diálogo y tolerancia" que propicia Obama conducen a una
pérdida del poder militar de EEUU y a una fortificación de sus enemigos situados
en el "eje del mal".
Esta situación, marcadamente
acentuada con la llegada de Obama a la Casa Blanca, produjo, incluso, una
(increíble) fisura entre los halcones israelíes (que planean junto con los
halcones USA un ataque sin más trámite a Irán) y la administración imperial de
Obama, que hace "equilibrio" entre las masacres militares de Afganistán,
Irak y Pakistán y sus llamados formales a la "pacificación de Medio Oriente".
El golpe hondureño, trasladó esta
guerra interna a Centroamérica, cambiando a Ahmadineyad por Chávez en el
tablero.
El golpe
hondureño, en realidad, es sólo la punta del iceberg de un proceso
geopolítico militar más profundo impulsado por el poder conservador de EEUU,
que intenta sustituir a una estrategia de dominio que consideran "demasiado
blanda" (el "sistema democrático" de poderes civiles) por una alternativa de
mayor control militar de la región adaptado a las crisis y a los conflictos
intercapitalistas que se avecinan en el planeta.
En este escenario, Chávez (para los
halcones) se presenta como un peón "peligroso" de la estrategia "aperturista"
de Obama que busca hacer equilibrio entre el apoyo a Zelaya y a los golpistas
sostenidos por el Pentágono y los halcones.
Zelaya a su vez, es un peón cautivo de Chávez que aspira a jugar para Obama sin intermediarios.
Zelaya, en el fondo de su conciencia sabe que "ya
fue" (la OEA y la Unión Europea lo dejaron solo) y ahora solamente aspira a que
Washington (vía Obama) lo restituya en el escenario hondureño con una situación
expectante para su futuro político, no en este turno sino en el próximo.
El viernes, con la operación regreso
bis, el "hombre del teléfono celular" consolidó su propio marketing electoral y
se convirtió en un ícono mediático de la "democracia" proyectado a nivel
internacional.
Ese es el paquete (electoral)
que ahora quiere venderle a Washington.
Zelaya, en definitiva es un "hombre
de negocios", y la operación "Teléfono Celular" fue una inversión a futuro.