1) El uso del poder
Para algunos compañeros y amigos, la
cuestión del poder parece ser una especie de uniforme o camisa de fuerza según
la cual todo el que se apodera de este, adquiere las características de todo
poder, que ejerce un efecto impersonal , independientemente de quien ejerza el
poder o sea se llena de autoritarismo, privilegios, desigualdades, violencia.
Esta idea se convierte en un
verdadero prejuicio en el pensamiento de cada uno de ellos, pues es la idea del
poder que la burguesía ha inculcado y difundido como sinónimo de dictadura,
violencia y arbitrariedad. Quién no ha oído y hecho suya inconscientemente
aquella célebre frase de que “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe
absolutamente”.
A menudo encontramos no sólo entre la
población, sino entre los intelectuales expresiones como esta “En la sociedad
humana siempre hay alguien (anónimo, personal o institucionalizado) que manda y
que gobierna. Y hay otros (súbditos o vasallos) que obedecen y son
gobernados.
En este sentido podemos decir con
Hobbes que “el poder es una necesidad social; que con el orden que impone y el
concierto que instaura, el poder les permite a los hombres alcanzar una vida
mejor” (Enrique Neira Fern Ande, El Poder).
Este razonamiento tiene más de dos
mil años desde que Aristóteles justificó con él la esclavitud en Grecia.
Y ha sido la piedra angular de todo el pensamiento de dominación de la llamada
civilización occidental.
Hoy podemos comprobar cómo se ha
internalizado dentro de los seres humanos este pensamiento aristotélico, cuando
Chávez declara que su reelección es necesaria para garantizar la “revolución “
y de inmediato salen sus súbditos y lacayos a postrarse de rodillas ante
semejante cinismo.
No es extraño este razonamiento en
una sociedad como la nuestra donde la ideología dominante ha impuesto un modelo
de pensar idealista, dualista, al margen de la clase, donde lo blanco, no puede
ser negro, donde democracia es antagónica a dictadura y en definitiva los
conceptos, especialmente los referidos a las cuestiones sociales y políticas,
son aceptados como naturales, universales y como tal independiente de las
clases sociales que lo expresan y de la época donde existan.
En ese sentido los conceptos
referidos al poder político o al PODER DEL ESTADO pertenecen al reino de las
ideas absolutas de Hegel que como fantasmas flotan en la cabeza de los seres
humanos, impregnándoles de prejuicios a lo largo de toda la historia de la
humanidad.
Este tipo de razonamiento, típico de
los sofistas, al cual nos tiene acostumbrado la ideología burguesa dominante se
presenta como algo no sólo natural, sino de origen divino: “Mandar y obedecer es
un hecho social universal.
La experiencia social más
rudimentaria nos confirma suficientemente que formar parte de un grupo
cualquiera implica la sumisión a un poder. No es concebible un grupo humano sin
que exista el poder. En el sentir de escritor francés A. Maurois, toda acción
colectiva exige un jefe. Ya se trate de combatir a un enemigo o de tender los
rieles de un ferrocarril, el instinto de los hombres les avisa que para ello
necesitan someterse al mando de alguien.
Varían las formas de poder y los
sistemas de gobierno, pero es una característica del poder el que se encuentra
por todas partes: aparece como un agente necesario de la cohesión social. …Esto
mismo parece que quería expresar la máxima antigua de “Omnis potestas a Deo”
(toda autoridad viene de Dios). El poder, en cuanto autoridad suprema es algo
que dimana de la misma naturaleza social y comunitaria del hombre; es por lo
mismo, algo querido por Dios y que proviene de Él, en último término.”(idem).
Esta joya del pensamiento
dominante es precisamente el que nos encontramos tanto entre los compañeros
preocupados por los peligros del poder, como entre los amigos anarquistas para
quienes todo poder, cualquiera que sea es maligno, nocivo etc.
Es indudable que hay poder y hay
poder, no es lo mismo el poder para esclavizar, para oprimir a una clase por
parte de otra ,que el poder del oprimido cuando se levanta contra el amo que
lo golpea con el látigo; no es lo mismo el poder de las bombas que destruyen las
líneas férreas, que el poder para construir un ferrocarril; no es lo mismo el
poder militar para someter a otros países y poblaciones, que el poder de todo
pueblo o clase para enfrentar esa agresión; no es lo mismo el arma en manos de
un violador, que la pistola en manos de la mujer que se defiende; no es lo mismo
la guerra preventiva del imperialismo, que la guerra defensivas de los pueblos
contra esas pretensiones, en fin hablar del poder, sobre todo en términos
políticos y sociales, implica antes que nada preguntarse:
¿Qué clase social detenta ese poder?
¿En beneficio de quienes se ejerce
ese poder?
¿Cuál es el objetivo en función del
cual se aplica ese poder?
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Cumbre de las
Américas: Chávez intenta que Obama descubra
las "venas abiertas de América Latina". Obama sigue la farsa. |
2) El poder del
Estado Burgués
El problema del poder, como PODER DEL
ESTADO es antes que nada un concepto histórico- social. Tiene su origen en una
determinada época histórica, en medio de una sociedad dada, cuando en ella se
dieron las condiciones para que apareciera la propiedad privada sobre los medios
de producción, las clases sociales y la consecuente explotación de una clase
por otra.
Es ese momento cuando aparece el
Estado con sus aparatos de coerción, represión, dominación y engaño (ejércitos,
policías, tribunales, cárceles, religión, leyes, moral etc.) a través de los
cuales precisamente ejercen el poder, no como algo natural, divino o “como una
constante social dondequiera que los hombres quieran vivir juntos
organizadamente” sino impuesto por un sector minoritario de la sociedad para
someter y explotar a la mayoría que es obligada a trabajar y someterse al
orden establecido que ellos imponen para preservar sus privilegios y ganancias.
Por lo tanto EL PODER DEL ESTADO en toda sociedad es una necesidad para la clase
que quiere mantener su orden explotador, pero también es una necesidad
para las clases que quieran abolir la propiedad privada, suprimir las clases y
extinguir el Estado.
El problema del poder no puede ser
analizado sin tomar en cuenta su origen histórico y su contenido de clase. Hasta
cuándo los trabajadores y oprimidos van a repetir como loros los vicios y
prejuicios de la clase dominante.
Ellos- la minoría dominante- según
sus leyes y constitución se reservan el monopolio legitimo de la violencia
del Estado y la aplican con especial celo todos los días del mundo en todo
el planeta, pero a la vez le inculcan al trabajador que” la violencia es el arma
de los que no tienen razón”.
De esta manera la violencia en sus
manos es legítima, razonable y necesaria pero en manos del trabajador esa
violencia es ilegal, irracional, terrorista, subversiva o simplemente
criminal.
No hay nada que persigan mas y
criminalice el orden establecido como los hechos donde el pueblo trabajador
aplica la violencia y hace justicia por sus propias manos. Y tienen toda la
razón para criminalizar y temerle a estos procedimientos populares, pues son
estos actos de violencia insurreccional los que ponen en verdadero peligro el
orden establecido de la sociedad burguesa.
Los trabajadores pueden terminar
aprendiendo que si pueden hacerle justicia contra los delincuentes, también
pueden hacerlo con los propios amos del orden: la burguesía y sus
representantes políticos y militares. El problema radica simplemente en tener o
no poder para ello.
Por lo menos una cualidad de ese
poder lo tienen los trabajadores: son la mayoría de la población y son lo que
todo lo producen.
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Cumbre de las Américas: Después de decenas de denuncias
de "golpes de Estado" promovidos por EEUU, y a sólo horas de denunciar un
nuevo "intento de asesinato" por parte del Imperio, Evo Morales le cuchichea
sonriente al oído al presidente del Imperio. |
3) La "democracia" del capital
En Venezuela esas condiciones, para
el surgimiento del Estado y su correspondiente poder, surgieron y se aceleraron
tras la invasión y conquista de los europeos de este territorio con la
consecuente esclavización de los aborígenes y de los africanos arrancados de
otro continente.
En Venezuela el poder de una clase
sobre otra, basada primero en la violencia y en la ideología del vencedor, nace
con la violencia asesina de los europeos en el siglo XVI y perdura hasta hoy.
Ese PODER DEL ESTADO nacido de la violencia, santificado por la religión,
legalizado por el derecho; sostenido y desarrollado a través de la política,
educación, moral, costumbre y tradiciones, solo ha cambiado de manos entre
explotadores, pero su esencia permanece inalterable.
Es el poder de una clase para
someter, dominar y explotar a otras clases y establecer y desarrollar un orden
económico social de acuerdo a sus privilegios e intereses fundado en la
violencia y en el dominio ideológico.
Hoy en Venezuela ante el
establecimiento, en todos los terrenos, de la dictadura del capital que a
través de Chávez gobierna sin someterse a ley alguna- salvo a las leyes y a la
lógica del capital- sin ni siquiera rendir cuentas ante los propios “poderes”
creados por el sistema y contenidos en su sagrada constitución, vemos como de
nuevo surgen sectores sociales que pretenden volver atrás la rueda de la
historia retrotrayéndonos a la época de Gómez, cuando la clase obrera naciente y
la pequeña burguesía urbana luchaban por la democracia burguesa y por un estado
de derecho.
Pareciera que ochenta años de luchas
políticas, de manifestaciones hubiesen pasado en vano y nos encontramos de nuevo
en 1928 luchando contra el dictador de turno por la misma democracia y por los
mismos objetivos.
No aprendemos que en 1958 se
estableció esa democracia burguesa, capitalista y ese estado de derecho fundado
en la propiedad privada y que hoy Chávez es la expresión de esa misma
democracia burguesa.
En 1958 el objetivo democrático era
la expresión del capitalismo en ascenso en Venezuela contra todos los restos de
feudalismo y atraso, hoy Chávez, su reforma al Estado con su enmienda
constitucional son la expresión del nuevo orden mundial que el capital
financiero internacional desde Davos y Londres han decretado.
Este nuevo orden como ellos lo
pregona abiertamente se basa en el capitalismo sin fronteras, especulativo,
depredador, con nada de proteccionismos, ni nacionalismos. Con gobiernos fuertes
gobernados por elites y tecnócratas, sin importar su grado de preparación y
sobre todo como lo declararon en Davos: con gobiernos a largo plazo que le
abran las puertas de par en par al capital extranjero (empresas mixtas y
endeudamiento), tal como de la manera más grosera y vulgar lo hace el Sr. Chávez
desde hace diez años.
La situación política de la Venezuela
actual es el resultado de la evolución del capitalismo y su democracia y
dictadura correspondiente. El Caracazo, la fractura en el ejercito, el
deterioro de los partidos engendraron la crisis de gobernabilidad que hicieron
imposible para la burguesía continuar con el dominio político a través de los
partidos tradicionales, la solución a esa crisis la encontró la burguesía en el
partido militar.
¿Acaso no es el ejército el pilar
fundamental del Estado y de la llamada democracia? Entonces qué tiene de
raro que en estas situaciones el capital y la burguesía le entreguen a este, su
legítimo producto, el control político de la sociedad.
Hay dos instituciones sostén del
sistema y esencialmente antidemocráticas, autoritarias y organizadas bajo
una rígida disciplina jerárquica: La iglesia y el ejército. La primera está
impedida de ejercer el poder directamente no sólo por la tradición política del
país, sino también porque representa y defiende los intereses de un estado
extranjero, como es El Vaticano.
El ejército y el militarismo bajo el
capitalismo no solo son instrumentos de sostén y cohesión del orden establecido,
sino que son el gran instrumento, la carta bajo la manga de la burguesía, que la
usa cada vez que tiene que cambiar por vías no electorales, ni parlamentarias
las condiciones extraeconómica de explotación y abrirle nuevos cursos a la
ganancia del capital.
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Cumbre de las Américas: Obama-Lula: El Imperio y el
pretendiente al trono del Sub-Imperio en América Latina. |
4) Dictadura democrática con apoyo popular
Con Chávez la burguesía y el capital
lograron el sueño de todo gobierno para la burguesía: Un dictador militar,
fruto de elecciones, con apoyo popular, con “comunistas y ex guerrilleros” de
disfraz y de ñapa socialista. Ni Hitler reunió en su época estos atributos
ideales para la burguesía a la hora de ejercer su dominación “pacífica y
democrática’, con elecciones todos los años.
El problema político principal que se
le plantea al pueblo trabajador, a los asalariados, no es restablecer el fulano
estado de derecho, hacer vigente la constitución, “restablecer la democracia”,
salir de Chávez para poner a Rosales o Baduell o cambiar el PSUV por Nuevo
Tiempo o Primero Justicia.
Este país ya pasó la etapa
“democrática”- burguesa en su evolución político-social, el capitalismo es el
modo de producción dominante y la burguesía es la que detenta el poder.
El problema para el trabajador, para
los asalariad@s es hacer su revolución, imponer sus intereses y programa y darle
una solución definitiva a su crisis permanente en contra precisamente del
gobierno del capital de turno y su eterno aliado en la dominación: la oposición
democrática.
Por ello el problema para el
trabajador es la cuestión fundamental de toda revolución que no es otra cosa
que la cuestión de poder político.
Todo lo demás es secundario. Dentro
de ese problema, si los trabajador@s y los asalariad@s no quieren seguir siendo
mercancía electoral, carne de cañón y furgón de cola de los caudillos,
mesías y partidos burgueses y pequeños burgueses, debe tener absoluta claridad
de los fines y objetivos de sus luchas de acuerdo a sus intereses.
Por ello en cada momento que se
plantee la cuestión del poder debe tener la respuesta a la pregunta central en
toda revolución: ¿Por qué poder, gobierno y sociedad sustituir el poder y
Estado derrocado?
Quien plantee la cuestión del poder,
se debe plantear antes que nada, con qué sustituir el poder derrocado y
sobre todo cómo garantizar la permanencia del nuevo poder y orden naciente ante
los inevitables intentos externos o internos de la burguesía y sus aliados por
restablecer el poder y orden perdido. Este es el problema principal presente en
toda revolución.
Este problema político central
pareciera que para muchos amigos no está presente, es muy lejano, o muy
estratégico. La burguesía y los diversos sectores pequeño burgueses que hoy nos
hablan de restablecer la democracia, de rescatar el estado de derecho, de
crear frentes amplios o movimientos civico-miltares, tienen perfecta claridad de
objetivos.
Para ellos, se trata de salvar al
capitalismo de un supuesto “ mal gobierno”, para seguir medrando bajo el
capitalismo, se trata del viejo objetivo de todo pequeño burgués: quítate tú
para ponerme yo, con su divisa central, no me den sino pónganme donde haiga. La
situación de miseria, hambre, desempleo o pobreza de la mayoría trabajadora no
cuenta para ellos porque lo importante en sus programas politicos es salir del
dictador de turno o del mal gobierno.
La lucha que tiene planteado el
trabajador y asalariado es contra la dictadura del capital, y su objetivo
no es otro que establecer una sociedad colectiva, donde el objetivo de la
producción sean las necesidades de la mayoría de los seres humanos y no la
ganancia del capital; erradicar el trabajo asalariado para trabajar para sí
mismo y la sociedad y no para un patrón público o privado, para liberarnos de
toda opresión política e ideológica.
En fin se trata de hacer la
revolución para las mayorías- y no seguir siendo peones de los aventureros,
caudillos, mesías y partidos de la burguesía que se acuerdan del trabajador
en épocas de elecciones o cuando necesitan soldados para sus guerras.
Se trata de construir o intentar
forjar una fuerza social autónoma del gobierno y de la oposición, con programa
propio. Las alianzas con las capas “democráticas" es posible en las luchas
concretas cuando éstas se incorporen activamente a defender verdaderos intereses
de clase.
Para luchar sólo se requiere la
necesidad de hacerlo y no esperar invitaciones, pero reunirse para mítines y
marchas al margen de las luchas concretas del pueblo es caer en el terreno
del orden burgués del cual la “oposición" es un respetado e importante
sector.
A la oposición sólo le interesan los
puestos electorales y como repartirse la renta petrolera, fuera de allí, nada le
interesa. Lo importante para ellos es una alcaldía, una gobernación o un curul
parlamentario para repartirse a través del presupuesto el dinero del petróleo y
el de los impuestos que paga el pobre.
Las luchas entre gobierno y
oposición son luchas entre caimanes del mismo pozo. Y en ese pantano el pueblo
trabajador no tiene, ni arte, ni parte, ni interés alguno.
El nuevo Frankenstein de
Sabaneta es el fruto legítimo de esta democracia y de este sistema, donde la
oposición es su madre putativa y su partera. Ella se ha esmerado por criarlo y
educarlo, si el monstruo se les escapa de las manos y arremete contra sus
progenitores, ese es su problema. ¿Acaso no tiene la oposición diez años
convalidando las farsas electorales dirigidas por La Cosa Nostra Electoral (C.N.E)?.
Lo importante para el capital, la
burguesía y las compañías petroleras es que el engendro siga pagando la
deuda, siga importando alimentos, vehículos y baratijas, continúe endeudándose,
siga enriqueciendo a la banca, destruyendo agricultura y la industria y sobre
todo que el petróleo y los dólares del negocio sigan fluyendo para todo el mundo
capitalista. Total, para ellos, si hay petróleo la democracia es lo de menos.
El trabajad@r y el asalariad@ no son
oposición a este u otro gobierno de la burguesía, por su ubicación social y
productivas son antagonistas de todo orden, sistema o gobierno de los
explotadores, independientemente del nombre que estos adopten o el disfraz que
se calcen.
El problema para los trabajador@s y
asalariad@s públicos y privado sigue siendo el mismo: Como establecer el
propio poder que le da ser mayoría y ser productivo y porque poder y
sociedad derrocar al Estado burgués que domina hoy en el país. Aprendamos de la
historia, no olvidemos el 23 de enero de 1958, pero menos olvidemos abril del
2002.
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