a crisis económica y financiera
mundial ha puesto a Francia, al igual que al resto de la eurozona (16 países),
en graves aprietos, y confronta al presidente francés, Nicolas Sarkozy, con un
creciente descontento social.
Tres de cada cuatro franceses apoyan
la medida de fuerza lanzada este jueves contra el desempleo, los licenciamientos
intempestivos, los sucesivos planes sociales para cerrar empresas o reducir
personal, ante la creciente falta de demanda promovida por la crisis
económica y financiera global.
Las ocho centrales sindicales del
país llamaron a manifestaciones, con la expectativa de una movilización mayor
que en la última jornada de protesta, el 29 de enero, cuando entre un millón
y 1,5 millones de personas participaron en los actos. Más de 200 manifestaciones
están previstas en todo el país.
Los transportes aéreos y ferroviarios
sufrían perturbaciones este jueves por la mañana en Francia, al iniciarse la
jornada de huelga y manifestaciones convocadas por los sindicatos en reclamo
de alzas salariales y en defensa de las fuentes de trabajo.
Trenes, autobuses, aeropuertos,
colegios y oficinas gubernamentales se verán afectados por los paros, con los
trabajadores expresando su indignación por el aumento del paro y el alto
costo de la vida en la segunda mayor economía de la zona euro.
Al mediodía, decenas de miles de
manifestantes marchaban por las calles de Marsella y Lyon, ciudades que se han
visto muy afectadas por la depresión económica mundial. Más de 200 marchas de
protesta se habían planeado en distintos puntos del país, y se anticipaba
que sería multitudinaria la de París.
"El gobierno debe aceptar discutir nuevamente con los sindicatos", dijo Bernard
Thibaut, titular de la CGT, uno de los principales sindicatos de Francia.
Los enlaces aéreos sufrían algunos contratiempos en el aeropuerto parisino de
Orly (al sur), donde varios vuelos fueron anulados. Las autoridades aéreas
prevén dificultades a lo largo del día "en el conjunto del territorio", a
causa de los paros de los controladores de vuelo.
Los ferroviarios iniciaron la huelga el miércoles por la noche. La SNCF
(compañía nacional ferroviaria), dio parte de perturbaciones, sobre todo en la
zona de París.
La empresa prevé asegurar un 60% de los enlaces de tren bala (de alta velocidad)
y mantener un flujo casi normal con Londres y Bruselas.
Los metros de París y Marsella (sur) funcionaban sin mayores problemas, pero se
veían fuertemente afectados en otras ciudades, como Burdeos (sudoeste),
Estrasburgo (este) o Niza (sudeste).
El primer ministro francés, François Fillon, descartó nuevas partidas de
dinero para reforzar el poder adquisitivo, después de haber liberado 2.600
millones de euros el pasado 18 de febrero para los hogares más pobres.
Un 78% de los franceses respalda la huelga, de acuerdo con una encuesta
divulgada el martes.
Entre los que apoyan las medidas de
fuerza se encuentran -según la encuesta- el 42 por ciento de los que
votaron a Nicolas Sarkozy en la elección presidencial. Un apoyo a una huelga
nunca visto en los últimos 12 años.
"Como los mecanismos no han cambiado, nosotros no saldremos de la crisis de esta
manera. Al contrario, se va a agravar si no conseguimos un equilibrio de fuerzas
y ese es el objetivo de esta marcha del 19 de marzo: conseguir un cambio de
tendencias" declaró Maryse Dumas, número 2 de la CGT, a France Info.
Según Dumas, "el Estado gasta sin contar plata, que da a los bancos, a las
empresas y no hay ninguna contrapartida en materia de empleo". El gobierno ha
prevenido que no habrá otra cumbre social, ni un nuevo plan de relanzamiento ni
ayudas suplementarias después de esta huelga.
Escuelas, hospitales, el correo y el transporte público también fueron afectados
por la huelga de esta jornada.
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Pasajeros caminan por uno de los andenes de la estación de trenes de Saint
Lazare, París.(Foto France Press) |
Varios pasajeros dijeron el jueves que no esperaban muchos resultados de las
protestas.
"La huelga no logrará mucho, pero de todos modos es útil. Es necesario
manifestarse, en todo caso", opinó Beatrice Lobrot, portavoz de una compañía de
cosméticos.
Jean Batis, un productor de música, dijo que "siempre es el mismo juego. Ellos
ceden un poquito y nosotros hacemos huelga, ellos ceden otro poquito y hacemos
huelga".
La policía parisina abrió dos rutas por la capital, en vez de una, para una
anticipada marcha de protesta por la tarde. Los sindicatos exhortaron a sus
afiliados en el sector público y el privado a sumarse a las huelgas.
A finales de enero hubo una huelga y protestas que llevaron a las calles de
Francia a multitudes estimadas entre un millón y 2,5 millones de personas.
Semanas después, Sarkozy anunció medidas de apoyo a las personas perjudicadas
por la crisis financiera, como también bonificaciones especiales para los
pobres.
Los líderes sindicales plantean la
necesidad de nuevas conversaciones para ayudar a las personas afectadas
por la conmoción financiera global.
Sarkozy dijo a los ministros en una reunión de gabinete el miércoles que
comprendía las preocupaciones de sus compatriotas pero agregó que no planeaba
medidas adicionales.
Sarkozy, que está tratando de
contener un déficit presupuestario que se ha disparado de forma dramática con la
inyección de miles de millones de euros en paquetes de rescate para bancos y
automovilísticas, se ha negado a contemplar las demandas sindicales de
subidas salariales o protección del empleo.
En una señal de la importancia de la protesta, trabajadores del sector
energético cortaron 10.000 megavatios de la capacidad de producción eléctrica de
Francia durante la noche, incluyendo el 14 por ciento de la capacidad nuclear en
11 plantas diferentes, dijo el sindicato CGT.
En la capital los vagones de los
trenes subterráneos no presentaban las habituales aglomeraciones, en un indicio
de que muchos decidieron quedarse en sus casas por temor a la violencia.
El ministro de presupuesto Eric Woerth dijo que las medidas ya anunciadas
aumentarán los gastos sociales en el 2009 en unos 10.000 millones de euros
(13.000 millones de dólares).
Los sindicatos esperan una
participación masiva para obligarle al gobierno a ceder. Los sondeos
muestran que alrededor del 75 por ciento de los votantes franceses respaldan
las huelgas.
"No puedo creer que el Gobierno siga inmóvil ante un fenómeno de esta magnitud",
dijo Bernard Thibaut, responsable del sindicato CGT, a la cadena de televisión
France 2.
"Se está creando una sensación de injusticia muy fuerte", declaró Jean-Claude
Mailly, líder del sindicato Force Ouvriere. "Creo que el Gobierno tendrá
difícil ignorarnos".
Los sindicatos han presentado una larga lista de demandas, como la subida
de los salarios más bajos, más medidas para proteger el empleo, un aumento de
los impuestos para los que más ganan y la paralización de un recorte de empleo
previsto en el sector público.
Por toda la zona del euro
el
malestar social que generan la desocupación creciente y el deterioro de las
condiciones salariales, así como el achicamiento de la capacidad de consumo,
alimenta y exacerba el estado de frustración colectiva, provoca pérdida de
confianza en los políticos y alienta las huelgas y protestas sociales.
La crisis recesiva con desempleo
masivo que azota con dureza extrema a la primera potencia imperial, EEUU,
ahora arrasa también con las economías centrales de la zona del euro donde se
registran huelgas y protestas sociales que barren con la estabilidad de los
gobiernos desde Francia, Reino Unido, España, hasta Bélgica e Islandia.
Además, el proteccionismo
económico y la xenofobia nacionalista de las potencias centrales europeas están
abriendo una peligrosa fisura en las relaciones entre la Unión Europea y los ex
países comunistas del Este que padecen las consecuencias más duras del
colapso recesivo que se expande con huelgas y estallidos sociales por toda la
región.
A medida que las consecuencias de la
desocupación y el desplome del poder adquisitivo del salario se hacen sentir por
toda Europa, la protesta social y sindical gana la calle en cada vez más
países, para expresar el descontento.
En ese escenario, Francia ya se
proyecta como la primera vidriera social de la crisis en las potencias
centrales de la Unión Europea.