Este domingo los líderes de la
Unión Europea (donde la crisis recesiva y la desocupación ya han abierto una
"guerra proteccionista" entre las ricas potencias centrales del Euro y los
ex países socialistas de Europa del Este,quienes sufren con más rigor el peso de la
crisis) dejaron al desnudo sus dificultades para coordinar una respuesta
unificada a la crisis financiera recesiva que sacude a la región.
Y la cuestión no es filosófica ni
política, sino de estricto orden económico: Los bancos centrales y
privados de las potencias (hegemonizadores del negocio financiero con la crisis)
se niegan a "rescatar" a bancos y empresas quebrados por la crisis recesiva
en los países más vulnerables de la región, tanto en la zona del euro como en
Europa del Este.
Mientras las potencias centrales, por
boca de la canciller de Alemania (la primera economía del euro) Angela Merkel,
rechazaba los llamados para lanzar un rescate de los países de Europa del Este,
Hungría propuso asistencia directa y un ingreso expedito de los países del Este
a la zona euro.
Alemania asume el interés de los
grandes consorcios financieros de Europa y EEUU que se muestran renuentes a
financiar paquetes de "ayuda" (un macro negocio bancario con la crisis) a los
países del Este acuciados por la desaceleración económica y al borde de la
cesación de pagos, cuadro que se agrava con los conflictos sociales que
están comprometiendo la gobernabilidad de algunos países de la región.
Hay un punto central de fricción
entre las naciones desarrolladas del euro y los países del Este: Los bancos y corporaciones trasnacionales de las
potencias centrales del euro son auxiliados con subsidios y proteccionismo
estatal, en tanto que sus filiales situadas en Europa del Este no reciben esos
beneficios y en consecuencia sufren la peor crisis recesiva de la región
despidiendo trabajadores y deteriorando las condiciones laborales y el poder de
consumo de las mayorías.
Las tensiones que salieron a flote en
la cumbre del domingo dejaron de manifiesto la dificultad de forjar una
estrategia coherente para combatir una recesión que ha golpeado a los 27
miembros del bloque con fuerza desigual. Incluso los líderes de Europa Central y
del Este, la zona más afectada por la crisis, mostraron divergencias acerca
de los "planes de rescate".
Alemania y las potencias más ricas
del euro ya advirtieron que, en caso que aumenten los países que quedan al al
borde de una cesación de pagos, sus bancos van a afrontar crecientes
dificultades para acudir al rescate de los países miembros que lancen
pedidos de ayuda.
Durante la cumbre, que fue convocada por el primer ministro checo, Mirek
Topolanek, quien ocupa la presidencia rotativa de la Unión Europea, los líderes
europeos reiteraron su compromiso de "no caer en medidas proteccionistas",
pero abandonaron Bruselas con pocas decisiones concretas y ningún indicio de que
habrá un plan paneuropeo que incluya a los países del Este.
La zona
euro enfrenta su peor crisis económica en décadas, y según informes
divulgados el viernes la tasa de desempleo subió a 8,2% en diciembre mientras
las empresas redujeron gastos y planteles de empleados en forma generalizada.
Las
turbulencias económico financieras, y los disturbios sociales y sindicales ya se
llevaron puestos a los gobiernos de Bélgica e Islandia, y comienzan a generar
inestabilidad y principios de caos social en las primeras potencias del
euro, como Francia y Reino Unido, además de arrasar con las ex naciones comunistas de
Europa del Este, donde se han registrado algunas de las mayores
movilizaciones de los últimos 20 años.
A medida que las consecuencias de
la desocupación y el desplome del poder adquisitivo del salario se hacen sentir
por toda Europa, la protesta baja a la calle en cada vez más países para
expresar el descontento.
El malestar social que generan la desocupación creciente y el deterioro de
las condiciones salariales, así como el achicamiento de la capacidad de
consumo, exacerba el estado de frustración colectiva, provoca pérdida de
confianza en los políticos y alimenta las huelgas y protestas sociales que
comienzan a extenderse por toda la geografía europea.
"La situación es
preocupante y puede empeorar en los próximos meses", alertó el director gerente
del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn. "La crisis amenaza
con provocar protestas "casi en todas partes", advirtió.
Hungría, Bulgaria, Rumania y otros países de Europa Central y del Este hacen
frente a una aguda contracción a medida que el auge de la producción industrial
se revierte. En los países bálticos, Letonia, que financió su expansión con
deuda externa, se está quedando sin fondos.
El colapso financiero se vio
desbordado en Hungría y otros países al margen de la zona euro, donde los
empresarios financiaron auges de la construcción endeudándose con préstamos en
la moneda común europea y hoy sufren principio de cesación de pagos
acompañado por una desaceleración severa de la producción, como consecuencia
de la retracción del crédito con baja del consumo.
Además -como sostiene The Wall
Street Journal- el colapso de las divisas locales está encareciendo esos
préstamos. La UE, asimismo, tiene que tomar en cuenta la situación de los países
que integran la zona euro, en especial Irlanda, que hacen frente a un complicado
panorama de baja de recaudación fiscal.
Los países más vulnerables de la zona euro, como Portugal, Irlanda y Grecia
parecen más proclives a interrumpir el pago de su deuda.
El aumento de los niveles de
endeudamiento llevó a la calificadora de crédito Standard & Poor's a rebajar en
enero la calificación de Portugal, Grecia y España.
Los analistas creen que Irlanda
podría perder su calificación AAA este año, mientras que Austria también se ve
en apuros. El costo del seguro contra una posible cesación de pagos por parte
del país casi se duplicó en las últimas tres semanas y ahora es el segundo más
alto del bloque, detrás de Irlanda, de acuerdo con la firma de información de
crédito Markit Group.
La crisis recesiva empieza a ejercer
presión sobre los presupuestos de algunos gobiernos del euro, y en general de
los países del Este, que aumentan sensiblemente sus gastos para
estimular su economía en medio de una caída de sus recaudaciones tributaria
por la desaceleración económica.
En ese escenario, las potencias
dominantes del euro, cuyos bancos centrales y redes de bancos privados lideran
el negocio con los rescates y "salvatajes financieros" entre los miembros
del bloque, se muestran cada vez más renuentes a prestar dinero a los países
cada vez más "insolventes" de Europa del Este. Como dicen los operadores de Wall
Street: "Los negocios son negocios, incluso durante la crisis", y el sionismo
financiero de Europa y EEUU sólo prestan a quienes pueden pagar los intereses y
devolver el capital.
No es casualidad que fuera Alemania,
uno de los socios más fuertes de la banca de Wall Street en Europa, quien
advirtiera que los bancos del euro solo van a "rescatar" países que no tengan
comprometida su capacidad de pago ni su gobernabilidad política, un
fenómeno que se ya extiende por la mayoría de los países del Este.
Según The Wall Street Journal,
cualquier paquete de rescate respaldado por Alemania y las potencias más fuertes
(como el caso de Reino Unido y Francia) contendrá estrictas condiciones que
obliguen a los países receptores de la ayuda a poner en orden sus cuentas
fiscales, aunque el ajuste de cinturón agrave la recesión.
Las reglas de la UE estipulan que los
países miembros necesitan tener un déficit fiscal inferior al 3% del Producto
Interno Bruto, y siete miembros de la zona euro sobrepasarían ese límite
este año, mientras que los países del Este no alcanzan a cubrir esas
condiciones.
No obstante, hay sensibles
diferencias sobre el impacto de la crisis en el Este, cuyos países sufren en
forma desigual el impacto del colapso financiero recesivo.
"La situación es muy diferente" en las economías de la región, señaló. "No
podemos comparar a Eslovaquia ni a Eslovenia con Hungría",señaló Merkel.
Alemania dejó en claro que es
partidaria de "otorgar asistencia a ciertos países", pero agregó que la
mejor forma de hacerlo era a través de organismos multilaterales como el Fondo
Monetario Internacional.
La semana pasada, el Banco Mundial, el Banco Europeo de Reconstrucción y
Desarrollo y el Banco Europeo de Inversión informaron que proveerían 24.500
millones de euros en financiación para los bancos de Europa del Este, que
sólo será distribuida en países que afronten problemas de "cesación de pagos".
Claramente, la "insolvencia" para
devolver los créditos y pagar los intereses del "salvataje" es la frontera que
hoy divide a las potencias ricas del euro de los países pobres del Este, una
situación que pone a la Unión Europea al borde de la división.
La cuestión pone en evidencia como el
sistema capitalista (tanto en crisis como en condiciones normales) solo
respeta la ley de la rentabilidad y no desembolsa dinero ni ayuda sin
garantía concreta de contraprestación o de pago.
Indica además, que la "solidaridad" y
la "unidad" entre los países del bloque europeo es sólo un discurso vacío,
mientras que lo que predomina es la competencia intercapitalista y las
relaciones fundadas en el "pragmatismo comercial" entre los socios del euro.
En este escenario, donde sólo se
presta dinero si se garantiza la devolución con rentabilidad incorporada,
las contradicciones y los enfrentamientos son cada vez más acentuados entre las
potencias ricas y los países más pobres del Este estrangulados por la recesión
económica que no pueden afrontar ni garantizar los pagos.
Como diría Bill Clinton: "Es el
capitalismo estúpido".
Que en Europa, en plena crisis
recesiva y con conflictos sociales en ebullición, parece marchar derechito al
suicidio.
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