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MEDIO ORIENTE  

 

El frente de "reislamización"

Control ideológico: Irán lanza una guerra contra el "golpe blando"

 
 

 (IAR Noticias) 08-Diciembre-09

Para el poder que controla Irán, las usinas del "golpe blando" utilizan a la oposición "reformista" como un caballo de troya (las revueltas callejeras con base estudiantil), para  desgastar el régimen islámico y preparar su derrocamiento. Sus semillas - afirman- se encuentran en la infiltración constante de las universidades y el sistema de educación.  

IAR Noticias/
Informe especial

El régimen que controla Irán y su líder supremo, el ayatola Jamenei, están convencidos de que  la infiltración de los valores y de las ideas occidentales, su sociedad de consumo, su cultura, su arte y su música, alejan a los jóvenes de los valores de la República Islámica y los acercan a las usinas de la conspiración golpista. "Nuestra máxima prioridad en la actualidad es combatir la guerra blanda del enemigo", señaló Jameini en uno de sus últimos discursos.

Según lo expresó a finales de agosto el líder espiritual de Irán,  las universidades son "instrumentos coloniales de Occidente para conquistar las mentes musulmanas".

Para los estrategas iraníes, el sistema educativo y las universidades iraníes se han convertido en caldo de cultivo de la infiltración de las  ideas del enemigo en los jóvenes y resultan mucho más peligrosas que las armas.

En la visión del poder iraní, la "guerra blanda" no es una operación  militar (como la que tienen agendada Washington y Tel Aviv contra las usinas iraníes), sino de una operación de guerra psicológica en el frente social que utiliza a la oposición "reformista" iraní como un caballo de troya para  desgastar el poder de los ayatolas y deslegitimar el triunfo de Ahmadineyad en las urnas en junio pasado.

En esa línea, señalan, las revueltas callejeras utilizar el caos  en las calles para quebrarles la gobernabilidad, la estabilidad económica y la paz social al gobierno de Ahmadineyad y al régimen de los ayatolas.

Reportes árabes, europeos y norteamericanos, han señalado una infiltración creciente de la CIA entre los sectores iraníes "reformistas"  con la finalidad de abrir una cuña de consenso social para una intervención armada norteamericana "liberadora" contra el gobierno y el régimen de los ayatolas, calificado por EEUU e Israel como exportador de "violencia y terrorismo".

En este caso -dice Teherán- las piezas operativas están en Irán, pero la estrategia y el objetivo están en el extranjero.

Tras las protestas por fraude electoral en junio pasado, el régimen islámico nacionalista que controla Irán le puso nombre y apellido al comando central del golpe: EEUU, Gran Bretaña, Alemania y Francia, en ese orden.

Curiosamente (y no tanto) fueron esas cuatro potencias con EEUU a la cabeza las que, a partir del resultado de las elecciones en Irán,  expresaron abiertas críticas al fraude y lideraron la operación internacional con los pedidos de anulación de los comicios.

Obama, Merkel, Sarkozy y Brown (en ese orden) lideraron las declaraciones solicitando al régimen de Teherán que "transparenten" las elecciones y escuchen los reclamos contra el "fraude".

En 2002 Irán fue incluido, junto con Irak y Corea del Norte, en el "eje del mal" del entonces presidente estadounidense George W. Bush, y fueron Gran Bretaña, Alemania y Francia los que impulsaron junto con EEUU en el Consejo de Seguridad de la ONU las sanciones contra el plan nuclear iraní.

Durante su campaña electoral, el derrotado candidato a la presidencia, Mir Husein Musavi, centró el eje de su campaña electoral en el restablecimiento de las relaciones con EEUU e Israel (que no cuentan con representación diplomática en Teherán) en oposición a la política de enfrentamiento sustentada por Mahmud Ahmadineyad.

En este sentido, también el desarrollo de los acontecimientos fue claro: Los primeros señalamientos de "fraude" en los titulares salieron de diarios, cadenas televisivas  y agencias de EEUU, Gran Bretaña, Alemania y Francia.

Y hay un dato central definido por los protagonistas de las protestas "reformistas" y por los seguidores del gobierno: Los "sublevados" pro-occidentales quemaron imágenes del ayatola Jamenei y de Ahmadineyad, mientras que los militantes del gobierno quemaron banderas de Israel y EEUU.

Para algunos observadores, las elecciones presidenciales y las revueltas callejeras posteriores demostraron que no hay un Irán, sino que hay "dos Irán". Uno es el "Irán de los pobres y de las clases medias bajas", ese es el Irán nacionalista y antiimperialista de Ahmadineyad que ganó por el 64% en las urnas. El otro es el "Irán de los ricos y de las clases medias altas" ideologizadas en pautas de consumo occidental que quieren al país totalmente integrado al sistema de mercado capitalista "occidental". Ese es el Irán liberal del opositor Musavi que sacó un 34% en las urnas.

Señala James Petras: "Los medios occidentales no prestaban atención a la composición de clase de las diferentes manifestaciones, sin percatarse de que el candidato presidente recibía el apoyo de la mucho más numerosa clase trabajadora pobre, los campesinos, los artesanos y los funcionarios, mientras que el grueso de las manifestaciones de la oposición estaba formado por estudiantes de clase media y alta y miembros de la clase profesional y de negocios".

La división social  para algunos observadores es matemática y tajante: Un tercio de la sociedad iraní (enriquecida y o de buena posición económica) apoya el golpe, y el resto (los sectores mayoritarios empobrecidos) apoyan el régimen islámico con Ahmadineyad como presidente.

Para los estrategas oficiales , Musavi, cumple el mismo rol que Abbas en Palestina, con la diferencia que Irán no es Palestina sino una potencia antisionista que juega un papel central en la guerra por el petróleo y los recursos energéticos del eje Eurasia-Medio Oriente.

En la concepción de las autoridades iraníes, las revueltas golpistas (por ahora abortadas) forman parte de un proceso de infiltración social-cultural desarrollado desde que la revolución iraní de Komeini echó a EEUU de Irán y lo despojó del control de su petróleo en 1976.

Por lo tanto, señalan, el objetivo del golpe "reformista" no es otro que el de derrocar a la revolución iraní de los ayatolas y restaurar el dominio "occidental" sobre la economía y el petróleo iraní utilizando, a modo de "caballo de troya",  no ya a la dictadura de un Cha de Persia, sino a una tercera parte de la sociedad iraní colonizada mentalmente con la sociedad de consumo capitalista.

Ese es, en esencia el eje del conflicto, y define el nuevo frente de guerra ideológica lanzado por el gobierno y la estructura del poder islámico en Irán,  cuya clientela electoral abreva en el sector mayoritario y empobrecido de la sociedad iraní. 

Tras controlar las revueltas golpistas de los "reformistas" de junio pasado, las autoridades islámicas de Irán lanzaron una feroz operación de represión y control interno, con pena de muerte incluida, de la que también forma parte una guerra en el frente  ideológico, que tiene como eje central la "reislamización" del sistema educativo.

A ese frente de batalla ideológica-educativa responde el nombramiento de Kamran Daneshju al frente del Ministerio de Ciencia, Investigación y Tecnología, del que dependen las universidades, que fueron los centros irradiantes de las revueltas callejeras lanzadas tras el triunfo electoral de Ahmadineyad el 12 de junio.

Precisamente, el ingeniero Daneshju fue el responsable del centro electoral del Ministerio del Interior durante las elecciones presidenciales en las que salió reelegido Ahmadineyad, y es el centro de los ataques del mundo universitario "reformista" y de sus jefes políticos.

La prensa sionista internacional, expulsada de Irán durante las revueltas, denuncia una nueva purga del profesorado considerado "poco islámico". "Dos centenares de profesores han sido despedidos o jubilados, sobre todo en el área de Humanidades", señala el diario El País de España citando a una profesora de la Universidad de Teherán.

Los universitarios, ejes centrales de las protestas contra el régimen iraní, se refugian en los campus de Teherán y de otras ciudades iraníes, donde la ley impide el ingreso de la policía.

No obstante haber sido abortada la rebelión de junio, las usinas reformistas difunden en la prensa occidental que los cursos sobre Marxismo han sido sustituidos por Dios y Filosofía o Islam y Teoría Social.

Revistas y diarios europeos denuncian una purga cultural similar a la que siguió a la revolución de 1979, cuando se prohibieron los libros con influencia occidental y miles de estudiantes y profesores fueron expulsados de la universidad.

La idea de la "purga cultural" implementada por "régimen violento" de los ayatolas prende en los sectores "reformistas" conducidos por Musavi y por el ex presidente Jatami, que cuenta con respaldo mayoritario entre las clases medias, la universidad y los medios de comunicación iraníes, no así entre los sectores de la clase baja mas pobre y desprotegida (la mayoría de la sociedad iraní) que votaron masivamente por Ahmadineyad.

En resumen, hay un Irán (el que votó por Ahmadineyad) que está en guerra contra Israel y EEUU, y hay otro Irán (el que desató las revueltas en las calles) que quiere fusionarse con la "civilización occidental" y negociar pautas de convivencia con Israel y EEUU.

Como concepto central hay que precisar que el "Irán reformista" es tan o más enemigo del "Irán fundamentalista" como lo son Israel y EEUU.

En ese concepto central abreva la guerra ideológica lanzada por el régimen islámico que controla Irán.

 

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