De
acuerdo con información de las agencias internacionales, en una de las peores
asambleas mundiales dedicadas al "más dramático problema de la humanidad",
sesenta jefes de Estado y de gobierno, más delegados de todos los países produjeron el lunes
sólo una declaración política y no dieron ni un centavo para
paliar la hambruna que devasta a mil millones de habitantes de la Tierra.
El director general de la
Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) de Naciones Unidas,
Jacques Diouf, dijo el martes que la ausencia de los líderes políticos de los
países ricos en la cumbre revela que "el problema del hambre no es una
prioridad para los más países ricos".
A excepción del primer ministro de
Italia, Silvio Berlusconi, la reunión estuvo caracterizada por la ausencia de
los demás miembros del G-8, es decir, de las economías imperiales más
poderosas del mundo, hecho que fue subrayado por el director general de la FAO,
Jacques Diouf, así como por los principales responsables de la sociedad civil y
de las organizaciones no gubernamentales que participaron en el evento.
"Da la impresión de que el problema del
hambre en el mundo no es una prioridad",
afirmó Diouf en declaraciones a Radio Nacional de España, recogidas por
Europa Press, en relación con la ausencia de los jefes de Gobierno de los países del
G8. "Hay declaraciones, compromisos, indicaciones pero no siguen las acciones",
lamentó.
Según la FAO, cada seis segundos muere un
niño de hambre en el mundo y cada
día 17.000 niños pierden la vida por no tener nada que comer.
El director de la FAO, Jacques Diouf,
contó seis segundos en un spot
publicitario y agregó: "Un niño ha muerto de hambre en el
mundo". En el día de la asamblea mundial contra el flagelo, 17 mil personas
murieron de hambre, añadió.
El documento firmado por los 193 países
miembros de la FAO expresa: "Nos alarma
que las personas aquejadas por el hambre y la pobreza sean ahora más de 1.000
millones. Esta situación constituye una lacra inaceptable".
Y aunque los participantes en la cumbre
manifestaron la necesidad de alcanzar
para 2015 las metas del primer Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducción
del número de personas hambrientas a la mitad, la declaración no habla de los
fondos con que se lograría ese empeño.
El director de la FAO lamentó el
hecho de que no se hubiera hablado de una cantidad concreta de dinero ni
tampoco de un plazo para estos objetivos. "Si se fija una meta es necesario
cuantificarla y decir cuándo se tiene que cumplir", explicó Diouf en el marco de
una rueda de prensa.
Durante la cumbre, el funcionario
afirmó que se necesitan 44 mil millones de dólares para erradicar el
hambre en el mundo.
En realidad, "se trata de una
cantidad pequeña si se compara con los 365.000 millones de dólares en
subvenciones a los productores agrícolas en los países de la OCDE en 2007",
destacó e insistió en la necesidad de producir alimentos en el lugar donde
residen los pobres y hambrientos.
"En algunos países desarrollados,
entre el dos y el cuatro por ciento de la
población puede producir suficientes alimentos para toda una nación y además
exportar, mientras que en la mayoría de los países en desarrollo, entre el 60 y
el 80 por ciento de la población no logra cubrir las necesidades nacionales de
alimentos", explicó.
Pague o haga dieta
Según la ONU, en el mundo ya hay más
de 1.000 millones de personas que padecen hambre, la cifra más alta de la
historia, y en todo el planeta hay 3.000 millones de desnutridos, lo que
representa casi la mitad de la población mundial, de 6.500 millones.
Pero en la realidad, la producción de
alimentos está fuera de la órbita del control estatal de los gobiernos.
Los recursos esenciales para la
supervivencia están supeditados a la lógica de rentabilidad capitalista de un
puñado de corporaciones trasnacionales (con capacidad informática,
financiera y tecnológica) que los controlan a nivel global, y con protección
militar-nuclear de EEUU y las superpotencias.
En ese escenario, la producción y
comercialización de alimentos no está supeditada a la lógica del "bien
social", sino a la más cruda lógica de la rentabilidad capitalista.
Según la propia FAO, diez
corporaciones trasnacionales controlan actualmente el 80% del comercio mundial
de los alimentos básicos, y similar número de mega empresas controlan el mercado
internacional del petróleo, de cuyo impulso especulativo se nutre el proceso
de suba de los alimentos, causal de la hambruna, que ya se extiende por todo
el planeta.
Entre los primeros pulpos
trasnacionales de la alimentación, se encuentran la empresa suiza Nestlé SA.,
la francesa Groupe Danone SA. y la Monsanto Co., que lideran
mundialmente la comercialización de alimentos y que, además de controlar la
comercialización y las fuentes de producción, poseen todos los derechos a
escala global sobre semillas e insumos agrícolas.
Despojados de su condición de "bien
social" de supervivencia, esos recursos se convierten en mercancía capitalista
con un valor fijado por la especulación en el mercado, y los precios no
se fijan sólo por la demanda del consumo masivo, sino básicamente por la demanda
especulativa en los mercados financieros y agro-energéticos.
Y los gobiernos, al no tener poder de
gerenciación sobre sus recursos agroenergéticos se convierten en títeres de las
corporaciones que los controlan y que se apoderan de la renta del producido
por el trabajo social de esos países.
Por lo tanto, no hay "crisis
alimentaria" (como sostienen la FAO, la ONU, el Banco Mundial, y las
organizaciones del capitalismo como el G-8) sino un incremento de la hambruna
mundial por la especulación financiera y la búsqueda de rentabilidad capitalista
con el precio del petróleo y los alimentos.
El control de las fuentes, de la
producción, de la comercialización internacional y de la masa de recursos
financieros emergentes por las corporaciones trasnacionales, tornan
impotentes a los gobiernos dependientes (sin poder de gerenciación sobre
esos recursos) para resolver los problemas de la hambruna que aqueja a sus
pueblos.
Y por más apelaciones que hagan las
instituciones "asistencialistas" del sistema capitalista como la ONU y la FAO
(que suceden a la caridad religiosa) las corporaciones transnacionales
establecen su dinámica productiva a partir de la relación costo-beneficio.
Esto es, y atendiendo a la lógica
esencial que guía el desarrollo histórico del capitalismo, sólo producen
atendiendo a la ley de la rentabilidad, a la ley del beneficio privado,
y no atendiendo a la lógica del beneficio social.
Por otra parte, los fondos que
destinan la ONU, el Banco Mundial y demás organizaciones del capitalismo
trasnacional, son mendrugos comparados con la ganancias multimillonarias
de los pulpos petroleros y de la alimentación y el crecimiento de las fortunas
personales de sus directivos y accionistas.
En este escenario, el resultado de
la Cumbre de la Alimentación en Roma no podía ser otro.
Pague o
haga dieta: la receta del sistema capitalista para la masa mundial de
población sobrante que permanece fuera del mercado del consumo. Increíble, pero
real.