El programa para hacer frente a la
crisis mundial de alimentos desarrollado por el Banco Mundial no alcanza ni
siquiera al 1% de la suma acumulada por los tres capitalistas más ricos, pero
esto no es "noticia" para la prensa del sistema que lamenta la reducción
de sus patrimonios con la crisis.
Mientras
la crisis del capitalismo exportada desde EEUU y los países centrales golpea a
los países y sociedades más pobres y desprotegidos de Asia, África y
América Latina, los grandes bancos y empresas de Wall Street y de Europa recrean
una nueva "burbuja en la crisis" con ganancias siderales alimentadas por los
salvatajes estatales con dinero de los impuestos.
El "récord" del índice Dow
Jones (que reparte la más formidable tajada de rentabilidad capitalista con
la especulación financiera, aún en épocas de crisis como la que vivimos) lo
integran un reducido número de empresas transnacionales de dimensiones
gigantescas, mayores que Estados, que controlan la producción, el comercio y las
finanzas mundiales.
Entre las primeras treinta mega
empresas imperialistas que controlan el sistema económico productivo mundial y
que conforman el Dow Jones se encuentran los grandes pulpos de la especulación
financiera que utilizan los billonarios fondos estatales de los "rescates"
para producir una "burbuja ganancial" durante la crisis.
A
la vez, y por medio de los despidos laborales y la reducción del gasto social
("ajustes"), que incrementan los niveles sociales de precariedad económica y de
exclusión masiva del mercado laboral, bancos y empresas mantienen sus tasa
de rentabilidad al costo de más desempleo y depresión de la economía real.
El capitalismo industrial o
comercial estadounidense, con el argumento de la "catástrofe económica"
reduce "costo laboral" despidiendo empleados, reduciendo salarios y
suprimiendo beneficios sociales, y "sobreexplotación" de la fuerza que queda
ocupada.
Por su parte, el Estado baja
"costo social" por medio de la reducción del gasto público (salud, vivienda,
educación) que afectan principalmente a los planes de ayuda social a los
sectores más vulnerables.
De esta manera, el sistema
capitalista USA (Estado y empresas privadas) descarga el costo del colapso
recesivo económico (la crisis) sobre el sector asalariado (fuerza laboral
masiva) y la masa más desprotegida y mayoritaria de la sociedad
(población pobre con limitados recursos de supervivencia).
Mientras los bancos centrales de EEUU
y la Unión Europea utilizan US$ billones para "rescatar" a bancos y empresas
(los que generaron la crisis), los gobiernos centrales imperiales desatan un
proceso de "ajustes" sociales contra los sectores más pobres y vulnerables.
Este punto es central para comprender
el carácter clasista de la crisis global capitalista que los analistas y
medios del sistema presentan niveladamente como "igual para todos".
La
crisis financiera recesiva (que se expande por todo el planeta) ya derivó en
"crisis social" por medio de dos actores centrales: La baja de la capacidad
de consumo y la desocupación.
La "crisis" afecta de manera diferente en la pirámide social: En las clases
altas y medias se proyecta como una "reducción del consumo"
(principalmente suntuario), en cambio en las clases bajas y marginales se
expresa en la desocupación y en una restricción del consumo de los productos
básicos para la supervivencia (principalmente alimentos y servicios
esenciales).
Mientras un rico o clase media
acomodado reducen servidumbre, viajes turísticos o consumos superfluos, un clase
baja o pobre reduce compras de alimentos y consumo necesario para sobrevivir.
En resumen, en la pirámide del
colapso recesivo global, para un rico o un clase media alta la "crisis social"
significa un "achicamiento del cinturón" (prescindir de productos
suntuarios o de algún confort), mientras que para un clase baja o pobre
significa quedar desocupado y/o perder capacidad de supervivencia a
través de la pérdida o de la reducción de su salario.
La masa
asalariada (mayoritaria y peor paga) y los pobres, son a su vez los mayores
perjudicados por la utilización fraudulenta (estafa con el Estado capitalista)
de fondos de impuestos públicos para salvar a empresas privadas, ya que
no cuentan con los recursos (ahorros y medios capitalistas de supervivencia) de
las clases altas o medias altas.
En este
cuadro, los ocupados pagan los "rescates capitalistas" con su salario y
con lo que consumen, mientras que los desocupados y marginados sociales
lo hacen a través de los pocos productos que pueden adquirir para
su supervivencia inmediata.
Las primeras
víctimas, las variables de ajuste, son las masas asalariadas y los sectores más
vulnerables de la sociedad que pagan la crisis de los ricos con despidos y
reducción de sus salarios, mientras que los sectores más desprotegidos sufren el
impacto directo de los recortes de los planes sociales y de ayuda a la pobreza
de los gobiernos.
Las masa más
desprotegida y los asalariados "cautivos" pagan la crisis de tres maneras:
1) A través de
las cargas fiscales a los salarios (que se le descuentan compulsivamente
de su sueldo),
2) a través de
los impuestos al consumo (que paga en el momento que compra alimentos o
productos gravados para el consumidor),
3) A través de
los despidos o reducciones de salarios, o de los "ajustes" del
Estado con reducción de planes sociales y baja de los aportes patronales.
De manera tal, que en la crisis
social se proyectan las mismas variables del resto de la economía capitalista:
El peso de la crisis golpea con fuerza sobre la base del triángulo social más
desposeído (obreros asalariados y pobres) mientras se atenúa en el medio y
en el vértice (empresarios, ejecutivos y profesionales) , donde se concentra
la mayoría de la riqueza acumulada por la explotación capitalista.
La misma ecuación (de
proyección y efecto disímil de la crisis social) se produce en la pirámide
de países capitalistas, claramente dividida entre el vértice (las naciones
centrales), el medio (las naciones "emergentes") y la base (las naciones "en
desarrollo").
El emergente social
Y volvemos al principio:
Mientras las clases altas y
medias altas proyectan la crisis como una "reducción del consumo suntuario", las
clases bajas viven la crisis como perdida del trabajo y de los recursos
básicos de supervivencia (principalmente alimentos y servicios esenciales).
Dentro de un sistema de producción
mundial en crisis y sólo orientado a la búsqueda de rentabilidad se desarrollan
dos efectos inversamente proporcionales: 1) Crecimiento récord de las
fortunas personales y de los activos empresariales capitalistas, y 2)
Crecimiento récord (como consigna la ONU) de los pobres y hambrientos
que ya alcanzan la mitad de la población mundial.
En este escenario, los estallidos
y revueltas sociales que alertan las propias instituciones del sistema
como el el G-8 y el Banco Mundial no van a ser motorizados por los ricos que
disminuyeron sus fortunas, ni por los ejecutivos o profesionales que
disminuyeron sus ingresos, sino por los cientos de millones de obreros y
empleados que van ser expulsados del mercado laboral.
Una mayoría de expertos coincide en
que los sujetos y actores de la crisis social, los motorizadores de las
revueltas sociales (tanto en los países centrales como en las periferias de
Asia, África y América Latina) van ser los millones de desocupados y expulsados
del mercado del consumo que no van a tener medios de subsistencia para sus
familias.
De acuerdo con estas proyecciones, no
es el mercado (en sus
distintas variantes macroeconómicas), sino que son los expulsados del mercado
(los excluidos sociales) los que van a protagonizar el desenlace decisivo
de la crisis global capitalista que se avecina.
La crisis financiera y la crisis
recesiva, cuyo emergente inmediato es la quiebra y cierre de bancos y empresas,
pueden ser reguladas y controladas por medio de la inyección de billonarios
fondos por los gobiernos y los bancos centrales imperiales.
En cambio, para los efectos sociales
de la crisis financiera recesiva (la desocupación y el achicamiento del consumo)
no existe otro remedio que reocupar a la mano de obra expulsada si se
quiere evitar el colapso social y las revueltas populares.
La maquinaria mediática, que habla de
"crisis global" mezclando en una misma bolsa de "perjudicados" a las
víctimas (los sectores más bajos de la pirámide) con los victimarios (los ricos
del vértice de la pirámide), tiene como misión central ocultar lo que anticipan
las propias encuestas del sistema: Protestas y descontento creciente que se proyectan desde
los países centrales a la periferia.
Esa rebelión social en gestación
(como ya se mostró en Europa del Este) se empieza a expresar, a nivel de países
centrales y periféricos, en un auge de la protesta social y en un
cuestionamiento creciente del centralismo explotador y proteccionista de las
potencias regentes.
A nivel social, el proceso recesivo
con desocupación ya produjo (durante la escalada del petróleo y los alimentos) oleadas
masivas de conflictos sociales protagonizados por dos actores
centrales: Los pobres y los desocupados.
Y estos procesos llevaron a que los
ricos, los del vértice de la pirámide (tanto de los países centrales como
periféricos) también comenzaran a nuclearse todos juntos del lado de una sola
trinchera: La represión policial y militar.
Los planificadores y estrategas del
sistema ya tienen una respuesta para lo que viene: Democracia Blindada.