Las invasiones militares USA-UE
(léase EEUU-OTAN) para salvar a los países del "eje del mal" no llegan
solas: Con los marines, los tanques Abrams y los misiles de última generación
también llegan los banqueros (a invertir en la "reconstrucción), las petroleras,
los ejércitos privados y todas las corporaciones capitalistas que reciclan el
país ocupado en una nueva "unidad de negocios".
También llegan la TV y la sociedad de
consumo capitalista a imponer la ideología y los valores sociales del dominador.
De la mano de la soldadesca (mercenarios del Imperio) también llegan las drogas,
la prostitución, la contratación de jóvenes como mercenarios de la CIA, y la
implantación del estilo "fashion" de las sociedades capitalistas decadentes que
hacen creer a los invadidos que "llegó la democracia occidental".
Con las llamadas "guerras
preventivas" iniciadas por los halcones tras el 11-S, no solamente se conquista
militarmente sino que también se abren nuevos ciclos de expansión y ganancia
capitalista en los nuevos mercados sometidos con el argumento de la "guerra
contraterrorista".
Los US$1,460 billones de gastos
militares en el planeta y la expansión geométrica de las ganancias de los
consorcios de la guerra de Europa y EEUU, son la prueba más irrefutable de la
relación simbiótica establecida entre el sistema capitalista con los conflictos
armados y las ocupaciones militares.
Uno se retroalimenta de los otros, y
ambos términos de la ecuación conforman la piedra angular de la existencia misma
del sistema imperial que hoy controla el mundo.
La sumatoria interactiva de la
rentabilidad comercial con las ocupaciones y despliegues militares en alta
escala, marca a su
vez el escenario de la "guerra permanente" como una lógica de
supervivencia irrenunciable del sistema capitalista.
A tono con la era de la Guerra de
Cuarta Generación, las invasiones militares del Imperio no solo matan el
cuerpo de los invadidos, sino que también matan su cerebro. Increíblemente,
las nuevas invasiones militares del eje sionista USA-UE se
realizan bajo el argumento de la "paz y de la democracia".
En medio del asesinato represivo
sangriento, en medio del exterminio militar a los que resisten, el aparato
invasor impone y nivela el individualismo, la indiferencia y la ideología
consumista como agentes activos de la destrucción cultural y social de los
países sometidos.
El mundo imperializado está en un
nueva guerra de conquista, y el nuevo teatro de operaciones, la batalla final,
se desarrolla en la cabeza del invadido.
El dólar, moneda de curso legal del
Imperio invasor, sirve como medio psicológico y de pago para disciplinar y convertir
al propio invadido en "soldado mercenario cooperante" de los planes de
dominio y de control social en el país ocupado.
Como primera misión, la CIA divide
por medio de una guerra civil paralela que rompe y atomiza la resistencia
psicológica y militar de los invadidos. Como segunda misión, los
estrategas de guerra psicológica del Pentágono instalan el programa y
la cultura del dominador en la cabeza del dominado.
En la lógica comunicacional del
Imperio invadir significa el triunfo de la "civilización" sobre la "barbarie".
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Una mujer
pide limosna en Afganistán. Detrás, un cartel de Coca Cola. |
Las bombas y los misiles
inteligentes, los cuerpos desmembrados de niños, mujeres y hombres exterminados
en masa en los "búnkeres terroristas", se combinan (como en Irak y Afganistán)
con elecciones "libres" y con candidatos vendidos por medio de técnicas
avanzadas de marketing y de campañas electorales "occidentales".
El absurdo, la
farsa y el genocidio militar en masa adquieren "formas pacificas y
democráticas".
Que las propias fuerzas
colaboracionistas o las tropas invasoras (que masacran a diario población civil,
incluidos mujeres, niños y ancianos) transporten y custodien urnas para a
hacer "votar libremente" a invadidos que ni siquiera saben leer y escribir,
demuestra que el "sistema democrático" imperial se ha salido de los marcos de
una estrategia de "dominio sin las armas" para convertirse en una enfermedad
mental trasmitida por el sometedor al sometido.
Para la ONU, legitimadora
internacional de las invasiones armadas, el "gran desafío" en los países
ocupados es "hacer tomar conciencia a la numerosa población analfabeta de la
importancia de las elecciones y explicar cómo funciona el proceso electoral".
En medio de la masacre militar, en los centros residenciales acomodados de Bagdad, Kabul e Islamabab, florecen las
catedrales del consumo: Boliches de "onda", boutiques, restaurantes y hoteles
cinco estrellas que acogen a las clases locales cipayas enriquecidas y a los
empresarios de la ocupación en un solo ámbito de "diversión y esparcimiento".
Los tugurios, los "mercados
underground" del esparcimiento, con drogas baratas, prostitutas, travestis y sida incorporado,
están reservadas (como cualquier país occidental)
a las clases menos pudientes.
Bill Clinton las llamó "misiones
humanitarias", Bush hijo las denominó "cruzadas contra las tiranías del
eje del mal", Obama las quiere encuadrar en una misión de "reconversión
democrática de los bárbaros", y las corporaciones y bancos capitalistas
imperiales (menos soñadoras) las siguen llamando "oportunidades para hacer
negocios".
En la realidad, se trata de las
viejas guerras de ocupación recicladas.
O, como diría Clinton en la
intimidad, se trata de la economía por otras vías, estúpido.
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(*) Manuel Freytas es periodista, investigador,
analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación
estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
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