(IAR
Noticias) 17-Octubre-09
La
lógica imperante en Wall Street parece ser: La bolsa y los números
de la economía real no se tocan. De no ser así, es imposible conciliar la euforia
ganadora (que hizo recuperar al Dow Jones los 10.000 puntos) con el confuso y
dudoso proceso de "recuperación" (con déficit récord, desempleo creciente
y baja demanda del consumo) por el que atraviesa la primera economía imperial.
Informe especial
IAR Noticias/
A) La fiesta
bursátil
En
un escenario, marcado por una dudosa "recuperación económica" (de la que todos
dudan), y con un aumento del déficit y de la desocupación en EEUU, la bolsas y las
macro empresas y bancos que cotizan en Wall Street siguen cosechando
ganancias multimillonarias que se contradicen con los números oficiales de la
economía real.
El
miércoles, el Promedio Industrial Dow Jones escaló a 10.015,88 unidades,
superando la barrera simbólica de los 10.000 puntos más rápido de lo que
casi todos imaginaban. Tras la marca, el indicador acumuló un alza de 53% en
apenas siete meses.
Es la primera vez que el Dow Jones supera los 10.000 puntos desde octubre del
año pasado, cuando estalló la crisis financiera tras el colapso del banco de
inversión Lehman Brothers Holdings. La velocidad de la "recuperación" sorprendió
a la mayoría de los analistas y medios especializados. El Dow alcanzó un mínimo
de 6.547,05 unidades el 9 de marzo.
El "récord" del índice Dow
Jones (que reparte la más formidable tajada de rentabilidad capitalista con
la especulación financiera, aún en épocas de crisis como la que vivimos) lo
integran un reducido número de empresas transnacionales de dimensiones
gigantescas, mayores que Estados, que controlan la producción, el comercio y las
finanzas mundiales.
Entre las primeras treinta
mega empresas imperialistas que controlan el sistema económico productivo
mundial y que conforman el Dow Jones se encuentran los grandes pulpos de la
especulación financiera que utilizan los billonarios fondos estatales de los
"rescates" para producir una "burbuja ganancial" durante la crisis.
La decisión del gobierno USA (tanto
con Bush como con Obama) de emplear fondos estatales (más de US$ 2 billones)
para el rescate de bancos y empresas quebradas por la crisis, reactivó una
nueva "burbuja" especulativa en los mercados bursátiles y financieros, que
luego se trasladó a los mercados energéticos y de las materias primas,
iniciando nuevamente una escalada en los precios del petróleo y de las materias
primas, que vuelven a ser objeto de la rentabilidad especulativa.
El principal actor de la especulación con el petróleo y las materias primas, Goldman
Sachs Group Inc. reportó una ganancia de US$3.190 millones, o US$5,25 por
acción, durante el tercer trimestre, más de cuatro veces el beneficio de US$845
millones, o US$1,81 por acción, que registró en el mismo período del año
anterior.
El resultado trimestral del mayor "banco de inversión" de Wall Street volvió a
ser impulsado por las operaciones especulativas en los mercados energéticos y de
materias primas que le permitió aumentar sus inversiones principales.
Según analistas especializados
de Wall Street, un 60% del precio del petróleo crudo y de las materias
primas alimentarias tiene como causa la especulación en futuros
no regulada, de fondos precisamente autodenominados "especulativos", bancos y
grupos financieros que utilizan las bolsas de futuros ICE de Londres y NYMEX de
Nueva York y el comercio inter-bancos.
Según un informe de un subcomité del
Congreso estadounidense, los precios del petróleo se fijan a partir
de la actividad especulativa en los mercados energéticos, y la especulación
financiera representa cerca del 70% del precio del crudo, frente a sólo 37%
que representaba en el 2000.
Como consecuencia de este
regreso de los capitales especulativos a la energía y a las materias primas, el
petróleo alcanzó US$75,18 por barril, su mayor nivel en doce meses;
después de tocar un mínimo de US$ 30 en el pico de la crisis cuando los
especuladores se refugiaron en el dólar y en los bonos del Tesoro de EEUU.
A modo de emergente más
inmediato de esta nueva escalada especulativa (el petróleo es la fuerza que
mueve la economía mundial), ya comienza a verificarse una nueva cadena
inflacionaria que repercute en primer lugar en una nueva ola alcista en el
precio de los alimentos a escala mundial.
"El dólar, en tanto, prosiguió
su declive al tiempo que los inversionistas se desprendieron de inversiones más
seguras, como los bonos del Tesoro, en busca de retornos más jugosos fuera de
EEUU", señalaba el jueves The Wall Street Journal.
En este frente del negocio
agro-energético financiero (productor directo de la hambruna y la inflación
mundial) se encuentran en primera línea Goldman Sach y Morgan Stanley,
súper-gigantes de la especulación financiera en alta escala del capitalismo
trasnacional sionista con asiento en Wall Street.
Otro de los "ganadores" de la nueva
"burbuja" durante la crisis, el JPMorgan Chase & Co., registró una ganancia de
US$3.600 millones, o US$0,82 centavos por acción, durante el tercer trimestre,
un fuerte incremento frente al beneficio de US$527 millones, o US$0,90 por
acción, del mismo período del año anterior.
Con ayudas y prebendas del Tesoro,
JPMorgan Chase adquirió a la quebrada Washington Mutual Inc., y luego
se valió de las ventajas otorgadas por el gobierno para reposicionarse como uno
de los "grandes ganadores" emergentes de la crisis financiera.
En general, los medios y
analistas especializados toman con "cautela"
esta nueva fiesta de la especulación bursátil en medio de una escalada
récord del déficit fiscal, una depresión del consumo y un crecimiento del
desempleo, que marcan una clara diferencia entre la economía real y la
"economía de papel".
B) Especulación y realidad
La "fiesta" especulativa de Wall
Street y de las bolsas contrasta con la situación de postración que padece la
economía estructural del Imperio que no consigue despegar con lo que los
especialistas llaman un "principio de crecimiento débil" que no alcanza para la
reactivación.
El déficit presupuestario de EEUU alcanzó la cifra récord de US$1,4
billones, según informó la Oficina de Presupuesto del Congreso
estadounudense (CBO, por sus siglas en inglés).
Esto significa que el saldo en rojo de la administración pública estadounidense
se triplicó con respecto al año anterior.
El déficit equivale así al 9,9% del Producto Interno Bruto (PIB) estadounidense,
una cifra que no se ha registrado desde 1945, según indica la CBO en su análisis
mensual sobre el presupuesto.
Uno de los principales responsables del aumento astronómico del déficit del
presupuesto es la recesión por la que ha transitado en los últimos meses la
economía estadounidense, situación que ha disminuido considerablemente la
recaudación fiscal.
Pero un punto medular de
incidencia (en el déficit) se atribuye a los
US$ 2 billones de fondos estatales
orientados al rescate de la banca y las empresas privadas quebradas por la
crisis. Fondos que, en su gran mayoría, fueron desviados para ser utilizados.
Por otra parte, un año después
de que la economía estadounidense se hundiera por culpa del estallido de la
burbuja inmobiliaria, el crédito para los consumidores se sigue contrayendo.
Según un informe divulgado el
miércoles por la Reserva Federal, el total del crédito de consumo circulante,
una cifra que abarca desde los saldos de las tarjetas de crédito a los préstamos
para vehículos recreativos, cayó US$12.000 millones, equivalente a una tasa
anual desestacionalizada de 5,8%. Se trata del séptimo declive mensual
consecutivo, el lapso más prolongado desde la recesión de EEUU en 1991.
La caída constituye una prueba contundente de que los grandes bancos y las
compañías de crédito no han orientado los millonarios susbsidios estatales hacia
la producción y el consumo, desviándolos -como sostiene The Wall Street Journal-
hacia las actividades especulativas con las acciones bursátiles.
En general, el crédito de consumo ha
descendido en unos US$119.000 millones, un 4,6% frente a su máximo de julio de
2008, cuando alcanzó los US$2,46 billones (millones de millones).
Este retroceso en el otorgamiento de préstamos al consumo y la producción, tienen importante consecuencias para la economía real, tanto mundial como local,
dado que el consumo representa en torno al 70% del Producto Interno Bruto de
EEUU y la economía estadounidense a su vez representa cerca de una
quinta parte de la economía global.
El otro punto contrastante con
la fiesta bursátil en expansión son
los datos del desempleo.
La economía estadounidense suprimió 263.000 empleos en septiembre (frente a previsiones de los economistas) y la tasa de desempleo en la mayor economía del
mundo se sitúo en el 9,8 por ciento, su récord más alto en 26 años.
En agosto, se habían suprimido
201,000 empleos y 304,000 en julio, señaló el Departamento de Trabajo en su
informe mensual sobre el empleo.
De esta manera, el número de personas empleadas ha caído por 21 meses
consecutivos. Desde el comienzo de la recesión en diciembre de 2007, el número
de personas sin trabajo en EE.UU. ha aumentó en 7.6 millones hasta alcanzar
15.1 millones de desocupados en el presente.
De manera tal que, y a modo de resumen, la fiesta especulativa de Wall Street y
las bolsas choca con la siguiente ecuación que se observa en la economía
real:
A)
El déficit fiscal (caída de la
recaudación) impide la reactivación del gasto social por parte del Estado,
B) la
contracción del crédito (destinado a la producción) impide la
reactivación del consumo, y D) el desempleo (despidos masivos por falta de
ventas) produce el resultante conflictivo social de la no reactivación plena
(pese a un crecimiento débil) de la economía.
Este es el punto central que no "cierra" con los pletóricos anuncios de "salida
de la recesión" de la administración Obama y de la Reserva Federal.
C) ¿Hasta cuándo?
Hay una certeza generalizada entre los especialistas: La no reactivación plena
del crédito y del consumo y la suba del desempleo
(EEUU ya toca una tasa récord) amenaza con terminar con las "fiesta bursatil"
y complica todas las variables de la débil recuperación económica.
La
percepción generalizada entre los especialistas es que la debilidad de la
demanda consumidora en EEUU, impulsada por el alto desempleo, el difícil acceso
al crédito y el estancamiento (o reducción) de los salarios, es la principal
amenaza a la sostenibilidad de una débil recuperación económica.
Y hay una duda extendida: Qué va a pasar con la industria y con los mercados
financieros y bursátiles cuando se retiren los fondos de estímulos estatales.
Este escenario, marcado por la incertidumbre y el escepticismo, se contrapone
con la euforia de los gobiernos centrales y de las autoridades económicas
mundiales que anuncian un "fin de la recesión" casi por decreto.
La mayoría
de los analistas (entre ellos Krugman y Stiglitz) coinciden en que un retiro de
los billonarios subsidios estatales a las macro empresas y gigantes bancarios
(que impulsan el actual récord del Dow Jones) va a producir una recaída de la
crisis financiera.
Y una posible recaída de la crisis financiera
en EEUU, a su vez, no solo terminaría con el ascenso bursátil sino que además
llevaría a los capitales especulativos internacionales a refugiarse
nuevamente en el dólar y en los activos del Tesoro estadounidense,
retroalimentado la "iliquidez" y agravando la crisis del crédito orientado a la
producción y el consumo.
En suma, un círculo vicioso, que además de
terminar nuevamente con la fiesta especulativa en Wall Street, podría arrastrar
a la primera economía imperial (la locomotora de la economía global) a una
recaída de la crisis económica con efectos letales de arrastre sobre el
resto de las potencias centrales, emergentes y subdesarrolladas.
También aquí los analistas coinciden: Una recaída
de la crisis económica y financiera en EEUU, arrastraría en primer término a la
Unión Europea, China, Japón, India y las principales economías asiáticas
(más del 80% del PBI mundial) con su comercio de importación y exportación
ligados al dólar y a la primera economía imperial.
Por ahora, Wall Street y las bolsas están de
fiesta.
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