En
este nuevo escenario, emergente del fin de la "guerra entre sistemas", la guerra
de la "izquierda" contra la "derecha" también experimentó un salto cualitativo y
transformacional.
El teatro de confrontación
supervivió, pero su marco cambió de contenido doctrinario y de objetivo
estratégico. La "nueva izquierda" y la "nueva derecha" ya no combaten
militarmente desde polos diferenciados y excluyentes ("sistema" y
"antisistema"), sino que disputan una guerra político-ideológica
conviviendo dentro de un
mismo sistema.
En el nuevo marco de disputa,
"izquierda" y "derecha" ya no son enemigos excluyentes (revolución vs.
contrarrevolución), sino rivales políticos-ideológicos que conviven y compiten por el
control del Estado capitalista. El teatro de confrontación ya no es
económico-político-militar, sino ideológico-político-electoral dentro de
normas fijadas por la preservación del sistema dominante.
La polarización ideológica, ya no se
define por una guerra por el exterminio de uno u de otro ("sistema" vs.
"antisistema") sino por una competencia establecida dentro del ordenamiento (y
las reglas) de la "gobernabilidad", la "estabilidad" y la "paz social" del
sistema capitalista.
La "izquierda" y la "derecha" ya no
pelean su guerra en escenarios clandestinos asimétricos de la lucha armada, o en
marcos sociales de huelgas y conflictos violentos, sino que lo hacen por medio de
movilizaciones pacificas o de procesos electorales enmarcados dentro de la
"legalidad" del sistema.
Vaciada de su contenido
"antisistema", hoy la izquierda sigue en guerra contra la "derecha", no ya para
destruir al Estado capitalista sino para gerenciarlo en su lugar. La "nueva
izquierda" revirtió el marco ideológico-doctrinario: Ya no pelea
estructuralmente contra la "derecha" para destruir al sistema capitalista, sino
para "transformarlo" (reformarlo sin tocar la substancia esencial del sistema de
la propiedad privada y de la dominación del hombre por el hombre).
En términos doctrinarios, la "nueva
izquierda" (en su expresión gubernamental) ya no lucha contra la "derecha" para
sustituir al Estado capitalista, sino que lucha contra la "derecha" para
"socializar" el sistema capitalista desde adentro sin tocar sus estructuras
históricas de dominio y de poder.
En otras palabras, competir con la
"derecha" por la gerenciación política sin destruir el "ordenamiento
económico" (sistema económico-productivo controlado por el capital privado), el
"ordenamiento político" (Estado capitalista controlado por los grupos y las
corporaciones capitalistas) , y el "ordenamiento social" (valores basados en el
individualismo y la sociedad de consumo).
Dentro de este nuevo esquema de
polarización "izquierda" vs. "derecha", la guerra ya no se define por la
"destrucción mutua" asegurada, sino por la búsqueda de una posición dominante
dentro del mismo orden económico, político, militar y social
establecido.
Terminada la guerra
político-electoral, la "izquierda", tanto como la derecha", defienden los mismos
valores institucionales del sistema capitalista: "orden democrático",
"estado de derecho" y "paz social", como sustentos básicos de la
preservación del Estado y de la sociedad capitalista de la propiedad privada.
Y esto, a su vez, explica el nuevo
marco de alianzas internacionales. La "nueva izquierda" ya no se apoya en
un sistema mundial alternativo al capitalismo (como lo era la Unión
Soviética) sino en alianzas internacionales con partidos o gobiernos de
"izquierda", tanto de los países imperialistas centrales como del mundo
periférico o emergente.
Y esto, a su vez, justifica la
alianza de la "izquierda gubernamental" latinoamericana con Obama y el
Departamento de Estado de EEUU, en contra de la "derecha" hondureña que ejecutó
el golpe de Estado con el apoyo de los conservadores de la "derecha"
estadounidense.
En su guerra por áreas de influencia
dentro del estado capitalista, tanto la "izquierda" como la "derecha" mantienen
una coincidencia básica: El sostenimiento del "sistema democrático" como
marco de ordenamiento esencial para resolver sus conflictos por el poder
interno.
Ambos, "izquierda" y "derecha",
coinciden en el rechazo de la "lucha armada" y de los "conflictos violentos",
rechazo que
el sistema requiere para mantener sus estructuras económicas, políticas y
militares sin alteración.
Precisamente, ese "orden"
establecido estaba amenazado por la "izquierda antisistema" militarizada de la
"guerra fría", y la respuesta a su accionar eran los golpes militares de la "derecha"
apoyados por EEUU.
En este nuevo marco de enfrentamiento
(fijado por la guerra político-electoral), la "nueva izquierda" (a diferencia de
la izquierda de la "guerra fría") ya no lucha contra el el Imperio
capitalista como totalidad estratégica y funcional, sino que lucha para
convertirse en alternativa a la "derecha" de ese mismo sistema.
En resumen, el sistema capitalista
unipolar (con EEUU como potencia regente) no solamente terminó con el conflicto
"entre sistemas" a nivel internacional, sino que también terminó con la
"izquierda antisistema" integrándola como alternativa de gobierno a sus
estructuras de dominación planetaria.
Y ya hay laboratorios experimentales
de procesos sociales y políticos con experiencia de gestión de la "nueva
izquierda" al frente del Estado capitalista.
En su tesis teórica liminar, la
"nueva izquierda" (como expresa Chávez) plantea "socializar" el capitalismo
sin guerra militar ni toma del poder, con la misma herramienta (el Estado) que
utiliza el capitalismo para hacer lo contrario: Concentrar riqueza y
propiedad privada en pocas manos y expulsar a las mayorías a la pobreza y a la
exclusión social.
Esta teoría presupone que el sistema
capitalista (cuya esencia histórica es la concentración de riqueza en pocas
manos) podría de pronto reconvertirse en "socialista" con los
multimillonarios renunciando pasivamente a sus fortunas y las corporaciones y
bancos trasnacionales repartiendo sus activos y estructuras empresariales entre
los que menos tienen.
Y esto implicaría también que EEUU
renunciaría a la hegemonía del dólar, clausuraría el templo financiero de Wall
Stret y convertiría a sus arsenales, sus bases militares y flotas
nucleares en santuarios pacifistas entregándoles el poder a los que
quieren transformar el capitalismo en socialismo sin disparar un solo tiro.
A nivel de emergente social, la
aplicación de esta tesis en Venezuela ya dio un resultante: La mitad de
la sociedad venezolana está con Chávez, y la otra mitad conspira para matarlo o
derrocarlo.
Y esto tiene una lectura estratégica:
El proceso venezolano (a nivel de acumulación y de salto cualitativo) sólo se va
a resolver por medio de un desenlace violento donde Chávez suprima al sistema o el
sistema lo suprima a Chávez. Una hipótesis que no encaja dentro los parámetros
nivelados por la guerra político-electoral entre "izquierda" y "derecha".
En este escenario, marcado por las
antinomias excluyentes de izquierda-derecha, nosotros, los que hacemos IAR
Noticias, estamos tratando de establecer nuestro propio orden mental para
poner cada pieza en su lugar.
No queremos caer en el blanco y el
negro excluyente de la guerra mediática de "izquierda" y "derecha",
sin explicar la estrategia de manipulación y aprovechamiento del sistema que la
contiene y la utiliza.
Entre ser manada dentro del sistema y tener
identidad propia, preferimos la identidad propia fuera del sistema.
A veces parece que peleamos contra el
mundo, pero solo hacemos contrainformación (información, procesamiento y
síntesis) de un sistema que consiguió asimilar e integrar dentro de su estrategia de
dominio a su propio enemigo histórico.
Posiblemente, este escenario de las
falsas antinomias entre "izquierda" y "derecha" fue lo que descubrió el Che Guevara cuando murió solo y
empuñando el fusil en la selva boliviana.