A su vez, un nuevo escenario para
un contraataque iraní se plantea a partir del ingreso en escena del misil tierra-tierra Shahab 3
(ensayado el domingo pasado), con un recorrido de alrededor de 2.000
kilómetros, y con capacidad -según
Teherán- para alcanzar
el territorio de Israel y las bases estadounidenses en la región del Golfo Pérsico.
De acuerdo con una estimación generalizada entre los expertos, ante un posible
fracaso del "primer golpe"
USA-israelí (por falla en la destrucción del sistema defensivo), el régimen iraní podría iniciar una contraofensiva hacia
tres blancos estratégicos:
1) Cierre del Estrecho de Ormuz,
a través del cual pasa más del cuarenta por ciento de las exportaciones del
petróleo mundial. En este escenario, los precios del petróleo podrían escalar
hasta hacer estallar los mercados mundiales potenciando la crisis económica
mundial a niveles inimaginables. Ese cuadro podría agravarse si Irán resolviera
atacar las refinerías petroleras en Arabia Saudí.
2) Contraataque iraní con cohetes de medio
alcance contra ciudades, instalaciones militares, infraestructura y
sistema de comunicación de Israel, que podría incluir un ataque al Comando
Central de Washington (Centcom) en Qatar; instalaciones y bases militares
militares en Irak e infraestructura energética de Arabia Saudita y de los
Estados del Golfo.
3) Lanzamiento por parte de la Guardia
Revolucionaria iraní y de los grupos islámicos de una guerra asimétrica
regional contra Israel y EEUU en Líbano, Siria, Arabia Saudí, Irak y
Palestina, generando un teatro bélico generalizado contra instalaciones y
oficinas de petroleras y transnacionales del "mundo occidental", incluidas
la europeas.
Este es el punto donde Rusia, según
los expertos, se convierte en una actor clave del conflicto y de la
guerra latente en Medio Oriente.
Moscú, además de ser un socio
estratégico (militar y comercial) de Irán, tiene la llave que abre o cierra
el "éxito" o el "fracaso" de un ataque militar militar sionista contra
blancos nucleares y militares iraníes.
Esa llave (que desvela a los
estrategas y planificadores de Washington y Tel Aviv) es el sistema de misiles
antiaéreos S-300 que Moscú vendió a Teherán , y cuya entrega continúa en un
misterio, ya que Rusia niega su concreción y el régimen de Irán afirma que ya
están en su poder.
En
diciembre de 2005, Rusia vendió a Irán 29 misiles Tor-M1, por valor de US$ 700
millones de dólares, y posteriormente concretó otro contrato lde US$ US$800
millones, que prevé el suministro de cinco sistemas S-300, cuya ejecución
se aplaza por motivos políticos, según Moscú.
Diversos funcionarios iraníes y
medios de comunicación internacionales anunciaron en más de una
oportunidad que Moscú procedió finalmente al envío de cinco sistemas de misiles
S-300 a Irán, pero la parte rusa siempre lo desmintió.
El carácter estratégico (en un
escenario de ataque sionista a Irán) que revestiría dicho sistema de defensa en
manos iraníes, genera presiones constantes a Moscú por parte de EEUU, Israel y
la Unión Europea para evitar que los misiles S-300 neutralicen el accionar de
los cazas y bombarderos sionistas en un hipotético raid contra las usinas
nucleares y las instalaciones militares de Irán.
La presión diplomática de la
administración de Obama o la reciente reunión secreta de Netanyahu con el
presidente Medvédev forman parte de ese objetivo, que -según coinciden
especialistas en Washington y Tel Aviv- no han conseguido ningún resultado
positivo para el eje sionista.
Según su descripción técnica
proporcionada por la Defensa rusa, el S-300 (SA-10 Grumble, según la OTAN) es un
sistema antiaéreo diseñado para proteger instalaciones militares y
centros industriales y de mando de los ataques masivos desde el aire y el
espacio.
Es capaz de destruir todo tipo de
aviones, misiles balísticos y de crucero y teóricamente, puede atacar
objetivos terrestres.
La versión básica de S-300 incluye un
radar multifuncional, rampa de lanzamiento móvil y medios de localización de
objetivos y guiado. Está provisto de misiles de combustible sólido de una etapa
que alcanzan la velocidad máxima superior a 2.000 metros por segundo. Alcance:
de 3 a 150 kilómetros, altitud de destrucción de blancos: de 20 metros a 30
kilómetros.
El sistema S-300 es capaz de efectuar
el seguimiento simultáneo de 6 blancos y disparar contra ellos hasta 12
misiles a la vez.
Las diferentes versiones de este
complejo cuentan con una mayor velocidad de ataque, rango, guía por sistema de
televisión y capacidad ABM.
A diferencia del Patriot
estadounidense, que no puede derribar objetivos a una altura inferior a 60
metros, el S-300 es capaz de abatir aviones y misiles de crucero a cualquier
altitud, a partir de 10 metros. Otra ventaja del S-300 sobre el Patriot
consiste en el despegue vertical, factor que permite contraatacar un objetivo
procedente desde cualquier dirección sin necesidad de girar la plataforma de
lanzamiento.
El modelo Patriot tarda media hora en ponerse
en posición de ataque,
mientras que el ruso S-300 lo hace en menos de 5 minutos.
¿Y qué puede pasar si los
sistemas S-300 rusos son instalados en Irán?
En primer lugar se reduciría en grados
notables la capacidad de destrucción de las usinas nucleares y de las
instalaciones militares de Irán por un ataque aéreo judeo-estadounidense, y se crearían las
condiciones para una respuesta iraní "fulminante" que pondría a Medio
Oriente en el tablero de una "guerra generalizada".
En segundo lugar, se potenciarían las bajas
de aparatos y aviadores israelíes (o norteamericanos) precipitando una crisis en
Washington y Tel Aviv, y se desdibujaría la posibilidad de una reacción
interna contra el régimen de los ayatolas, uno de los objetivos centrales
que guiaría una operación militar sionista contra Irán.
Esa la explicación más coherente de
porqué el sistema S-300 ruso se ha
convertido en la pesadilla de Washington y de Tel Aviv.
Esta
obsesión judeo-estadounidense por la efectividad del "primer golpe", alimentó la
reciente versión del secuestro por parte de unidades especiales israelíes
de un carguero de bandera maltesa, el Arctic Sea, que supuestamente
transportaba en forma clandestina misiles rusos S-300 con destino a Irán.
El ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, negó rotundamente que el Arctic
Sea transportara misiles antiaéreos rusos destinados a Irán, pero no
cesaron
las especulaciones crecientes sobre
una operación de inteligencia judía que habría determinado el viaje secreto de Netanyahu
a Moscú.
Varios medios rusos informaron que el
primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu estuvo de visita secreta en Moscú
este mes para solicitar a Rusia que no entregase a Irán sus misiles
antiaéreos
S-300.
"El primer ministro Netanyahu viajó a
Moscú. Lo hizo a puerta cerrada. Fue su decisión", reconoció Medvedev en una
entrevista con la cadena de televisión estadounidense CNN en su residencia de
Barvikha, cerca de Moscú, cuya reproducción escrita fue publicada en el sitio
de internet del Kremlin.
Si bien Tel Aviv confirmó la visita,
se guardó entre siete llaves los temas tratados.
Ni la CIA ni el Mossad israelí tienen
la certeza total: ¿Y si el dispositivo con los misiles S-300 ya se encuentra en Irán?
Ese el dilema que deben resolver los
halcones sionistas de Washington y Tel Aviv antes de apretar el disparador.
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(*) Manuel Freytas es periodista, investigador,
analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación
estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
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