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(IAR
Noticias) 08-Septiembre-09
No lo dice un medio alternativo de la web, sino The Wall Street Journal, el vocero más
influyente del poder financiero de EEUU: La crisis (endeudamiento y baja de
recaudación) de los estados agrava el desempleo (desocupación y recortes
salariales) y extiende los ajustes (reducción de planes sociales) a todo el
territorio de EEUU. A este cuadro (producido por el costo de los "salvatajes" a
bancos y empresas con dinero público) se suma otro dato: Los números en rojo del
conjunto de las variables de la primera economía imperial invalidan -según
estimaciones oficiales y de una mayoría abrumante de especialistas- cualquier
hipótesis de recuperación
inmediata de la crisis que ya ha devenido de económica a social. Lo que parecía
imposible ya está sucediendo: Las
huelgas y los conflictos sociales se visualizan
como el escenario inmediato (e indetenible) de los despidos en masa y ajustes
sociales que ya se ensañan con los sectores laborales y sociales más
desprotegidos de la primera potencia imperial.
Por
Manuel Freytas (*)
manuelfreytas@iarnoticias.com
Informe especial
La
crisis social (consecuencia de la caída del consumo, los ajustes y los
despidos laborales) ya se perfila como un emergente inmediato de la crisis
recesiva- laboral que detonó escalonadamente como consecuencia de la crisis
financiera en EEUU.
Las
señales son claras: La crisis financiera que devino en recesión primero, amenaza con convertirse
(por el efecto combinado de la
desocupación y del recorte del gasto público) en un colapso social de difícil
pronóstico en EEUU.
El
último refugio para los trabajadores (y las clases más desprotegidas) se ha
visto afectado por un declive en la recaudación fiscal, señala The Wall
Street Journal este lunes.
Durante las primeras etapas de la
recesión estadounidense -agrega- los estados y el gobierno central
constituyeron un refugio seguro para los trabajadores. Pero ahora, incluso el
sector público está despidiendo empleados en su empeño por reducir costos y
equilibrar presupuestos.
Agosto -dice el Wall Street Journal- se convirtió en el tercer mes consecutivo en que los gobiernos
estatales y municipales eliminaron empleos, lo que refleja las reducciones
que han tenido que hacer para responder al declive en los impuestos a la renta y
a la propiedad.
En este escenario, la nacionalización de la crisis social por medio de
los ajustes y los despidos laborales habilita un pasaporte hacia las huelgas y
los conflictos sociales que hasta ahora aparecían como fenómenos inéditos en la
primera potencia imperial.
De acuerdo con el
Journal, la proyección
anticipada del drástico recorte del gasto social (que ya rige en California) extendido a todos lo estados de
la Unión, prevé despidos y recortes de salarios a los empleados públicos,
suspensiones laborales, vacaciones sin paga, planes de retiro anticipado,
reducción de fondos para los jubilados, la educación y la salud pública, y
recortes en los programas para paliar el hambre.
Curiosamente, y forzado por la
debacle económica y un déficit fiscal histórico, el Imperio se ve obligado a
aplicar sus propias recetas en casa para afrontar una crisis que ya ha
derivado en crisis social de la mano de la desocupación y de los despidos
laborales en masa que se suceden por todo el territorio estadounidense
De acuerdo con un informe del
Departamento de Trabajo USA, divulgado el viernes pasado, el índice de
desocupación en EEUU batió un récord en agosto y ya se ubica en 9,7% (en julio
era de 9,4%), la tasa más alta en veintiséis años.
El mes pasado, precisó la información
de la cartera laboral, se perdieron otros 216.000 puestos de trabajo en
todo el país, en el marco de la peor crisis económica en EEUU desde la Gran
Depresión de los años '30 del siglo pasado.
Ésta fue la causa de buena parte
de los 18.000 empleos gubernamentales perdidos en agosto (el servicio postal
estadounidense también eliminó cerca de 8.500 puestos) y los analistas
esperan que las reducciones continúen a lo largo del año.
En la visión del Journal, a pesar de los billones de dólares en asistencia
provenientes de programas de estímulo fiscal, la reducción de presupuestos en
todo el país está obligando a agencias que dependen de esos fondos (como las
organizaciones sin fines de lucro) a reducir sus nóminas.
La ola de restricciones está
llevando a más estadounidenses a engrosar las filas de desempleados en momentos
en que el sector privado está haciendo poco para absorber a los 14,9 millones
de personas que buscan trabajo en EEUU, afirma.
De acuerdo con David Rosenberg, ex
jefe de economía de EEUU de Merrill Lynch: "Las cifras oficiales relacionadas
con los desempleados se han duplicado durante la recesión hasta alcanzar los
14 millones, y si se toma en cuenta toda la depresión que existe en el
mercado de mano de obra, las cifras no oficiales llegan a casi 30 millones, lo
cual significa otro récord".
Pero hay un dato aún más
escalofriante: La tasa oficial
de desempleo, según el The New York Times, no incluye a aquellos que
se han dado por vencido y han cesado de buscar trabajo y a los que se han
visto obligados a reducir sus horas de trabajo.
De acuerdo con este panorama, si se computara a estos desocupados y sub-ocupados
y se les incluyera en las estadísticas oficiales, la verdadera tasa de
desempleo en EEUU, ya superaría el 20%.
La crisis, según lo expresa el
propio Journal, no se ensaña con las clases más pudientes sino con los
sectores más débiles de la población impactando principalmente en las
ocupaciones y empleos de más baja calificación.
Para el Journal, el golpe a los
empleos municipales y estatales, debido en parte a ingresos más bajos por
impuestos a la propiedad, es un coletazo de la crisis de vivienda que ha
estancado la economía en el último par de años. Muchos de esos trabajadores
están viendo cómo se desploma otro trecho del mercado laboral, con pocas
esperanzas de que se recupere antes del próximo año.
En un extremo están las
macroempresas que gozan de un envidiable acceso al crédito, en su mayor parte
los grandes conglomerados de Wall Street. En el otro, las firmas principalmente
pequeñas que sólo pueden conseguir financiamiento bajo condiciones leoninas
y prohibitivas.
Entre los consumidores, en un extremo están los empleados que cuentan con un
trabajo sólido y en el otro millones de endeudados que tratan de mantenerse a
flote.
Esta división ayuda a explicar el vacilante repunte que parece gestarse después
de la peor recesión que ha vivido Estados Unidos en medio siglo, explica el Journal.
El polvorín de Obama
La
dinámica de la crisis (revelada en forma inconexa y parcial por los propios
medios del Imperio) revela como el sistema capitalista (Estado y empresas
privadas) descarga el costo del colapso recesivo económico (la crisis) sobre el
sector asalariado (fuerza laboral masiva) y la masa más desprotegida y
mayoritaria de la sociedad (población pobre con limitados recursos de
supervivencia), por medio de los despidos laborales y la reducción del gasto
social ("ajustes"), que incrementan los niveles sociales de precariedad
económica y de exclusión masiva del mercado laboral.
La masa asalariada (mayoritaria y
peor paga) y los pobres, son a su vez los mayores perjudicados por la
utilización fraudulenta (estafa con el Estado capitalista) de fondos de
impuestos públicos para salvar a empresas privadas, ya que no cuentan con
los recursos (ahorros y medios capitalistas de supervivencia) de las clases
altas o medias altas.
En este cuadro, los ocupados
pagan los "rescates capitalistas" con su salario y con lo que consumen, mientras
que los desocupados y marginados sociales lo hacen a través de los
pocos productos que puedan adquirir para su supervivencia inmediata.
Pese a que las
ganancias combinadas de los siete mayores bancos comerciales de EEUU superaron
los US$14.000 millones en el segundo trimestre, la crisis laboral se siguió
acentuando y contagiándose a todo el territorio de EEUU.
Según el Nobel de Economía, Paul Krugman, en primer lugar, "la recesión ha provocado una
caída acusada de la recaudación fiscal y un aumento del gasto en seguros de
desempleo y otros programas del colchón de seguridad".
En segundo lugar, "se han
realizado grandes desembolsos para los rescates financieros y estos se
cuentan como parte del déficit".
En este escenario,
y mientras empresas y bancos chicos y medianos quiebran sin acceso a los
"estímulos" del Estado, Goldman Sach, los pulpos financieros de Wall
Street y las bolsas mundiales, reciclan una nueva "burbuja" ganancial, no ya con
dinero especulativo proveniente del sector privado, sino con fondos públicos (de
los impuestos pagados por toda la sociedad), puestos compulsivamente al
servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista con la crisis.
Simultáneamente, la economía real del
Imperio sigue cayendo en sus principales variables, el "crecimiento débil" no
se vislumbra como motor de una reactivación, y los sectores
más desprotegidos ya sufren los "ajustes" y la desocupación masiva, alimentando
una crisis social, todavía de efectos imprevisibles.
La
crisis recesiva con desempleo masivo que se expande por la mayoría de las
regiones de la primera potencia imperial, azota con dureza extrema a California,
el mayor Estado de la Unión, equivalente a la séptima economía mundial que ya
afronta un cuadro potencial de huelgas y protestas sociales.
De acuerdo con el
influyente diario neoyorquino The New York Times, en el Estado de Oregon, la
tasa de desocupación rondaría el 23.5%, en Michigan y Rhode Island, el 21.5%, y en Carolina del
Sur, el 20.5%. La cifra en Tennessee sería un poco menos del 20%, igual que en
Nevada y otros estados que "han dependido enormemente de la manufactura y la
industria de la vivienda".
Por su parte, el Centro para los Estudios del Mercado de Mano de Obra (Labor
Market Studies) en la Universidad Northeastern en Boston pone la tasa actual de
desempleo en 18.2%, por encima de las cifras oficiales.
John Williams, de la
organización Shadow Government Statistics sitúa la tasa del "desempleo
alternativo" en 20.6%. Otros analistas estadounidenses calculan que la cifra
de la desocupación real se sitúa en el 18.7%.
En este escenario, California,
la primera economía dentro de EEUU, con un nivel de desocupación récord para
todo el país, ya se configura como el primer laboratorio experimental de un
"ajuste salvaje" al más puro estilo de los aplicados en las periferias
subdesarrolladas de Asia, África y América Latina.
El Congreso californiano aprobó
en julio pasado, un plan presupuestario que incluye recortes drásticos en
programas sociales, diseñado para combatir un déficit calculado en más de
US$ 26.000 millones en los próximos dos años.
Los problemas del rojo fiscal de
California, que, según los datos oficiales (que no tienen en cuenta ni los
subocupados ni los que se han cansado de buscar), detenta un desempleo del 11,6% (récord para EEUU), se
profundizaron este año por los efectos de la recesión que golpea a Estados
Unidos, dejando al borde de la quiebra al primer Estado de la Unión que por sí
solo equivale a la séptima economía del mundo.
Por un lado, los datos oficiales y
privados indican que las principales variables de la economía estadounidense
siguen debilitadas y sin atisbo inmediato de recuperación, y por otro, y desde
hace más de cuatro meses, los grandes pulpos financieros y las bolsas no dejan
de acumular ganancias.
El empleo de fondos públicos para salvar al capitalismo privado
provenientes de los impuestos pagados por toda la sociedad, hasta ahora sólo ha
conseguido agravar la crisis paralela que desató en la economía real tanto de
EEUU como de Europa, y que ya se expande como un virus por la periferia del
mundo emergente o subdesarrollado.
De acuerdo con los especialistas, la
débil recuperación de EEUU y algunas potencias centrales (producto de los
estímulos) no garantiza que se detenga la crisis
social, ya que las empresas no toman personal ni aumentan su producción
luego de una crisis, hasta estar seguros de la revitalización del proceso de
crecimiento.
Las bolsas mundiales, por su lado,
generaron un "microclima" de especulación financiera con los fondos de rescate
estatal ("burbuja" en la crisis) que llevó nuevamente al Dow Jones a superar la
barrera de los 9.000 puntos, pero, frente a los números en rojo de los déficit,
el consumo y el desempleo, han retomado su dinámica de toma de "ganancias
rápidas", creando volatilidad y desconfianza generalizada.
La nueva escalada de especulación
financiera con el petróleo y las materias primas, a su vez, amenaza con un
proceso inflacionario que puede potenciar la crisis social acelerando la
desocupación y achicando a niveles inéditos el consumo de las mayorías.
No obstante las "señales
optimistas" que lanzan Obama y sus funcionarios, los propios datos oficiales
prevén que, con los mercados de crédito paralizados, en los próximos
meses más empresas y bancos ingresen en un proceso de bancarrota y anuncien
nuevos despidos (sumados a los ya existentes), y los consumidores se ajusten
aún más el cinturón, a medida que la ausencia de crédito afecta su capacidad de
endeudamiento.
La crisis USA (como ya es histórico
en el sistema capitalista) comienza a impactar sobre los hombros de los sectores
más vulnerables de la sociedad estadounidense, que la van a subsidiar a
través de las cargas impositivas de sus salarios y de los productos que consumen.
Está claro entonces que lo que es
"crisis" para unos (los despedidos y los sectores más desprotegidos de la
sociedad), resulta "burbuja ganancial" para otros (el capitalismo
financiero que desató la crisis con la economía del apalancamiento
especulativo).
Esto revela, como surge de los datos aportados por The Wall
Street Journal, la existencia clara de "dos economías" de crisis en EEUU:
La de los ricos que se benefician de la "socialización de las perdidas", y la de
los pobres y asalariados de bajo nivel que terminan pagando el costo del
colapso capitalista que no parece tener fondo.
*****
(*) Manuel Freytas es periodista, investigador,
analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación
estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
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