Desde
el punto de vista geopolítico y militar estratégico, hay una razón central que
explica el objetivo del golpe.
Honduras es, para EEUU, un enclave
estratégico de primer orden para el control militar regional, que la gerencia de
Zelaya "inestabilizaba" permanentemente con su acercamiento al ALBA de
Chávez, cuyos presidentes abogan constantemente por el levantamiento de las
bases militares de EEUU en la región.
En ese sentido, la trama central del
golpe hondureño estuvo orientada a preservar (sin complicaciones) una
pieza clave del control militar regional (Honduras) que le sirve a
Washington para mantener sus pies y su poder armado sobre las reservas de
petróleo, agua y biodiversidad de América Latina.
En esa orientación, el golpe también
sirvió como ejemplo para otros gobiernos que intenten en el futuro "sacar
los pies del plato" del eje de "satelización militar" impuesto desde el
Comando Sur de EEUU.
Ese, sin ninguna duda fue la causa
principal del golpe del Pentágono en Honduras, ya que, desde el punto de
vista económico, la gerencia de Zelaya no comprometía para nada la continuidad
de la línea de depredación capitalista de los bancos y las corporaciones
empresariales que actúan en Honduras.
Honduras, una virtual base terrestre
del Pentágono en Centroamérica, resulta clave para el trazado militar del
control sobre los recursos estratégicos (léase petróleo, minerales,
biodiversidad y agua) que le aseguran a EEUU su supervivencia futura como
potencia dominante en un planeta donde esos recursos se acaban.
Honduras, resulta
esencial para el desarrollo operativo de la guerra contra el "terrorismo", el
"narcotráfico" y el "crimen organizado", que legitiman y justifican el
despliegue del dispositivo militar regional que EEUU utiliza para
mantener bajo su dominio las áreas de los recursos estratégicos desde
Centroamérica hasta el Cono Sur.
O sea que, el control militar
imperial USA se hace inexplicable y carece de sentido si no se identifica el
objetivo económico que conlleva (para qué se hace el control
militar).
Zelaya, con sus constante prédicas
"antimilitaristas", con su adhesión a las banderas "anti-EEUU" del ALBA de
Chávez (aunque solo esgrimidas como demagogia política), complicaba y
desestabilizaba la presencia directa del Pentágono en Honduras.
Decisiones futuras, como un pedido
de retiro militar de EEUU en Honduras, podrían generarle a Washington algo
más que un dolor de cabeza y precipitarle a tomar decisiones mucho más drásticas
que la ejecución de un golpe militar institucional que hasta ahora solo ha
causado dos muertos y resulta controlable y manejable.
Si bien, desde el punto de vista
económico, el eje "chavista" no altera las líneas del control que los
bancos y corporaciones capitalistas imperiales ejercen sobre los sistemas
económico-productivos, los sistemas financieros y el comercio exterior de
América Latina, su discurso político institucional "anti-EEUU" impacta
negativamente en la estrategia del control militar de Washington en la región.
El discurso político y mediático "chavista"
(imitado por todos los presidentes "izquierdistas") pivotea constantemente sobre
la "presencia militar" de EEUU en la región que Washington intenta que
pase lo más "desapercibida" posible mientras simula respetar el "orden
constitucional" y la "soberanía" de los países.
Precisamente, esa es la base
funcional del dominio de EEUU con el "sistema democrático" en
América Latina: Respetar formalmente el funcionamiento de "gobiernos
democráticos y soberanos", y controlarlos efectivamente por medio del poder
económico y militar.
En ese escenario, y curiosamente, el
mayor perjuicio que causa Chávez a EEUU no es económico, sino político
militar.
Así como Chávez y el bloque de
presidentes "izquierdistas" mantienen intactas las estructuras del sistema
capitalista en sus respectivos países, sus operaciones políticas y
decisiones institucionales promueven adhesiones y nuevas "rebeliones" en el
conjunto de las gerencias políticas de Washington en la región.
En ese juego, tras el derrocamiento
de Zelaya, Washington debió resignarse a que la OEA (su "Ministerio de Colonias")
sirviera de herramienta institucional a los "chavistas" para su intento
fracasado de reinstalar a Zelaya en Honduras.
Para mantener la fachada del dominio
con el "sistema democrático" Washington (que controla militarmente a
América Latina por aire, por mar y por tierra) debe respetar formalmente las
decisiones "autónomas" de los gobiernos de la región.
Por ejemplo, ante la decisión del
gobierno de Rafael Correa de romper sus acuerdos militares y de retirar de
Ecuador la base militar de EEUU, Washington (que en otros tiempos hubiera
derrocado a Correa con un golpe militar) debe "respetar la decisión democrática"
y retirar sus enclaves armados de ese país.
O sea que, dentro de la estrategia de
control con el poder blando de la "democracia", el principal Talón
de Aquiles de Washington se encuentra en la imposibilidad de reprimir
abiertamente los movimientos desestabilizadores contra su aparato de
dominación militar.
En esa orientación, el derrocamiento
de Zelaya por un golpe de Estado, además de preservar un enclave militar
estratégico clave, actúa como advertencia para otras administraciones
regionales que intenten salirse de la órbita de las decisiones políticas y
militares de Washington.
Los republicanos -según The
Washington Post- plantearon en el Congreso que, si se toleraba que Zelaya
impulsara un pedido de levantamiento del enclave militar USA en Honduras,
se hubiera sentado un peligroso precedente para que otros gobiernos hicieran lo
mismo con las bases militares desplegadas desde América Central hasta el
Cono Sur.
Pero hay otro agregado: El golpe
militar institucional en Honduras sienta el primer precedente de la
"democracia blindada" en América Latina.
Nuevo ensayo experimental de dominio
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Presidente de
facto Roberto Micheletti, con el general Romeo Vázquez,jefe del Estado
Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas. (Foto AP) |
En cuando a las características
del derrocamiento de Zelaya,
en Honduras no hubo un golpe militar tradicional donde los militares ocupan los
espacios administrativos que antes ocupaban los políticos dentro del orden
institucional.
Los militares hondureños no
ejecutaron un golpe castrense para asumir todo el poder, no crearon una junta de
comandantes para manejar el país, sino que tomaron el control de las
calles obedeciendo ordenes del poder civil golpista.
Puede decirse en todo caso que los
militares no se apoderaron del poder, sino que se convirtieron en guardianes
armados del golpe constitucional que derrocó a a Zelaya.
Este detalle es fundamental para
entender las nuevas señales que se emitieron en Honduras.
El derrocamiento de Zelaya implica
un nuevo experimento en América Latina conformado por la conjunción del poder
civil y del poder militar para cambiar a un presidente, sin romper el orden
constitucional.
Se trata de lo que
las usinas del poder norteamericano definen como "democracia blindada"
en América Latina, donde las fuerzas armadas
adquieren un nuevo rol represivo obedeciendo órdenes del poder político.
Los think tank o tanques de
pensamiento norteamericanos estudian desde hace mucho tiempo
alternativas de "gobernabilidad" (control político y social) proyectadas
para futuros escenarios de crisis en el marco de la debacle económica global.
Las consideraciones se basamentan
en la neutralización de un posible "efecto dominó" regional de las huelgas y
conflictos sociales que comenzarán a desarrollarse como consecuencia de la
recesión económica y los conflictos laborales.
En ese escenario se plantea un
cuadro creciente de "perdida de gobernabilidad" de los gobiernos y un
requerimiento del uso de la fuerza militar para evitar el desmadre
de los conflictos y neutralizar posibles "focos subversivos" que se monten en
los mismos, según los sostenedores de la estrategia de control político y social con la "democracia blindada"
En relación con la antigua
doctrina predominante de los golpes de Estado militar (la "doctrina de seguridad
nacional"), la "democracia blindada" es una instancia
perfeccionada y corregida de
control militar sin romper el orden constitucional.
Dicho de otra manera, en
situaciones de crisis (como la que se proyecta con la recesión económica) la
democracia se "blinda" (utiliza el poder militar represivo) manteniendo
toda la fachada de la "gobernabilidad" constitucional y preservando la vigencia
del orden que se basa en las "libertades públicas" y el sistema electivo democrático.
Lo que está sucediendo en
Honduras, al margen de la estrategia y del objetivo central del golpe contra Zelaya, es
un modelo experimental de "democracia blindada" ensayada en el ámbito
latinoamericano.
La "democracia blindada", como
señalan los expertos, es una síntesis gerencial político militar
conjugada dentro de una nueva estrategia de control político y social orientado
a preservar el sistema de dominio imperial capitalista en América Latina.
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(*) Manuel
Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y
comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados
en la Web.
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